Colaborar para que al país le vaya bien
El alumbramiento de un nuevo gobierno, surgido del voto popular, trae aparejada la responsabilidad cívica de colaborar para que le vaya bien, aunque eso no significa renunciar al ejercicio de la crítica y el disenso.Los analistas políticos mentan el tópico de los "peligros" de la gobernabilidad no peronista, dado los antecedentes históricos. Ocurre que en los últimos 70 años sólo el partido peronista pudo cumplir sus mandatos.Hay varias novedades históricas en torno al triunfo de la coalición política Cambiemos, formada por Propuesta Republicana (PRO), Unión Cívica Radical (UCR) y Coalición Cívica (CC). En principio porque logra encumbrar en la primera magistratura del país a un presidente que no tiene origen radical ni peronista.La irrupción en la escena política nacional de Cambiemos, cuya base de sustentación social reside en los sectores urbanos y en la zona geográfica del centro del país, viene a producir una crisis en el "partido del poder", como se suele llamar al peronismo.Pero más que eso el nuevo gobierno debe hacer una política tendiente a cerrar la "grieta", la antinomia entre kirchneristas y antikirchneristas instalada en el seno de la sociedad, que ha provocado la división de los argentinos entre "ellos" y "nosotros".A eso hay que sumarle que, según muchos diagnósticos, la economía atravesaría un tiempo de turbulencia, en un contexto de distorsión grave de los precios relativos y escasez de reservas del Banco Central.Una de las principales asechanzas para el futuro, que pone en duda aquel aforismo de que "la Argentina está condenada al éxito", es lo que el filósofo Tomás Abraham llama la "cultura de la demolición"."El problema cultural, o al menos un aspecto de él, nace con una voluntad de destrucción y demolición que hay en Argentina. En vez de sumar, dividís. Y dividís tanto que quedás en cero", reflexionó hace poco al hacer foco en la pulsión autodestructiva de los argentinos."Creo que hay profundas corrientes destructivas en Argentina que impiden un pacto, un acuerdo nacional", refiere Abraham al precisar que este rasgo conspiraría contra la tarea que se fije el próximo presidente.Según el filósofo, él mismo (que nació en 1946) pertenece a una generación que lleva en sus genes la destrucción, "porque enarbola banderas de la guerra interna, de la guerra civil".Es sintomático, al respecto, que en su primer discurso como presidente electo, Mauricio Macri, remarcase que su gobierno lidera un cambio que "no es revancha ni ajuste de cuentas".Los analistas coinciden en señalar que aunque Cambiemos concentrará los resortes de las decisiones nacionales y de los principales distritos del país (C.A.B.A. y provincia de Buenos Aires), necesitará establecer acuerdos con el peronismo, espacio político que administra el grueso de las provincias, domina el Senado y tiene la primera minoría en Diputados.La Argentina política que se perfila debe necesariamente gestionar la diversidad política, social y económica. Para enfrentar los desafíos que se avecinan, será necesario tejer acuerdos y elaborar pactos de gobernabilidad.Pero para que ello ocurra las fuerzas políticas y sociales, dejando atrás sus egoísmos y revanchas partidistas, deberán colaborar para que la nueva etapa que se inaugura en la Argentina no se frustre por la pulsión de demolición.
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