ECONOMÍA
Comercio global en 2026: un mapa más fragmentado que desafía a la logística y a las cadenas de suministro
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Menor crecimiento, más proteccionismo y una profunda reconfiguración de las cadenas de valor marcan el escenario del comercio internacional para 2026, año en el que la logística, el transporte y la infraestructura volverán a ocupar un rol estratégico. Las definiciones surgen el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
Los analistas señalan que el comercio mundial entra en 2026 con señales mixtas. Tras el récord de 2025, cuando las transacciones globales crecieron 7% y superaron por primera vez los 35 billones de dólares, el dinamismo se mantiene, aunque a un ritmo más lento, advierte el trabajo.
A continuación se describe un escenario que muestra que el comercio ya no crece solo por volumen, sino que se redefine por geopolítica, regulación y resiliencia.
La combinación de desaceleración económica, tensiones internacionales y nuevas exigencias ambientales y digitales está transformando los flujos comerciales y obligando a empresas, operadores logísticos y Estados a repensar estrategias.
Ralentización
El crecimiento global se proyecta en apenas 2,6% para 2026, con una desaceleración más marcada en las economías en desarrollo -excluida China- que crecerían 4,2%. Estados Unidos, China y Europa muestran una pérdida de impulso que impacta directamente en la demanda de importaciones y en los volúmenes transportados.
Para el comercio exterior, el efecto es inmediato: menor previsibilidad, más presión sobre márgenes y una competencia más intensa por mercados. En este contexto, la eficiencia logística, la conectividad regional y la diversificación de destinos se vuelven factores clave para sostener exportaciones.
Reglas comerciales en tensión
La reforma del sistema multilateral atraviesa un momento crítico, señala el informe. El aumento de aranceles unilaterales y de restricciones comerciales introduce un nivel de incertidumbre que complica la planificación de largo plazo, especialmente en sectores industriales.
Los aranceles ya no solo encarecen productos: alteran rutas, cambian orígenes de abastecimiento y obligan a rediseñar cadenas logísticas incluso antes de entrar en vigor. Las economías más pequeñas, con menor capacidad de adaptación, son las más expuestas.
Luego se explica que aunque casi dos tercios del comercio mundial se canalizan a través de cadenas globales de valor, ese entramado está cambiando. Las empresas priorizan hoy la gestión del riesgo por sobre la lógica del menor costo, impulsadas por tensiones geopolíticas, políticas industriales y exigencias ambientales.
Eso se traduce en una mayor diversificación de proveedores, relocalización productiva más cerca de los mercados finales y un mayor control sobre insumos estratégicos. Para la logística, el impacto es profundo: surgen nuevos hubs, se acortan recorridos, pero también se pierde eficiencia y escala, describe el trabajo de UNCTAD.
Los países con infraestructura adecuada, conectividad, capital humano y reglas estables pueden capturar inversiones. Aquellos que no logren mejorar su desempeño logístico corren el riesgo de quedar al margen de los nuevos flujos, se advierte.
Servicios, digitalización y brecha logística-tecnológica
Los servicios ya representan el 27% del comercio global y crecen mucho más rápido que los bienes. Son, además, el principal insumo intermedio de la producción mundial. La digitalización acelera este proceso, pero también amplía las brechas.
Mientras en los países desarrollados más del 60% de las exportaciones de servicios se entregan digitalmente, en los países menos adelantados esa proporción apenas alcanza el 16%. Para el transporte y la logística, esto implica una creciente integración entre servicios digitales, trazabilidad, gestión de datos y comercio transfronterizo.
Sin inversión en infraestructura digital, capacitación y marcos regulatorios modernos, gran parte del mundo quedará fuera del segmento más dinámico del comercio internacional, opinan los analistas.
El comercio Sur-Sur gana peso y redefine rutas
Con la demanda debilitándose en las economías avanzadas, el comercio entre países en desarrollo se consolida como uno de los principales motores del crecimiento global. Hoy, más de la mitad de las exportaciones del Sur se dirige a otros mercados del Sur.
Asia lidera este proceso, pero África y América Latina comienzan a profundizar sus vínculos. Para el sector logístico, esto implica una oportunidad concreta: fortalecer corredores regionales, mejorar la conectividad intercontinental y reducir costos en rutas históricamente subatendidas.
Comercio, ambiente y nuevas exigencias operativas
Las políticas climáticas avanzan desde los compromisos hacia la implementación. Mecanismos como el ajuste en frontera por carbono de la Unión Europea, que comenzará a regir este año, introducen nuevas exigencias para exportadores y operadores logísticos.
El crecimiento del comercio de bienes y servicios verdes abre oportunidades, pero también eleva los costos de cumplimiento. Medición de emisiones, certificaciones ambientales y trazabilidad se incorporan como variables centrales en la competitividad logística.
Minerales críticos y alimentos
Los minerales clave para la transición energética atraviesan un período de volatilidad, con precios a la baja pero crecientes riesgos geopolíticos y controles a las exportaciones. La seguridad del abastecimiento se convierte en una prioridad estratégica y vuelve a poner a la logística en el centro de la escena.
Algo similar ocurre con los alimentos. El comercio agrícola sigue siendo vital para la seguridad alimentaria global, pero permanece expuesto a conflictos, eventos climáticos extremos y altos costos de insumos. Mantener abiertas y eficientes las rutas comerciales será clave en 2026.
Más regulación, más costos y un desafío para la competitividad
Desde 2020 se han implementado alrededor de 18.000 medidas comerciales discriminatorias. Las regulaciones técnicas, sanitarias, ambientales y sociales afectan hoy a dos tercios del comercio mundial.
Para el transporte y la logística, esto se traduce en más controles, mayores exigencias documentales y costos operativos crecientes. El riesgo es que las nuevas reglas, aunque legítimas, profundicen las asimetrías y expulsen del mercado a los actores más pequeños.
Comercio más fragmentado, logística más estratégica
El comercio global de 2026 no será solo una cuestión de volumen, sino de adaptación. En un mundo más fragmentado, con reglas más estrictas y cadenas de valor en transición, la logística deja de ser un eslabón operativo para convertirse en una ventaja competitiva.
Infraestructura, integración regional, digitalización y previsibilidad regulatoria serán los factores que definan quiénes logran sostener y ampliar su inserción en el comercio internacional.
