Cómo evaluar el gasto que hacemos del agua
La presión de la demanda humana sobre la cantidad de agua dulce existente viene creciendo aceleradamente. Para medir cuánto de este bien escaso estamos gastando en realidad se ha elaborado un índice conocido como "huella hídrica".Para muchos autores, el mundo marcha hacia una encerrona en este tema. Si bien el agua dulce es un recurso renovable, es cada vez más escaso dado su consumo irracional y la contaminación cada vez mayor.Aunque el 75% del planeta Tierra es agua, sólo un 3% es apto para consumo, ya que el 97% es agua salada de mar. De ese 3%, sólo el 1% se encuentra en estado líquido y el 2% restante corresponde al hielo de los casquetes polares y las aguas subterráneas.Los recursos de agua dulce de la Tierra son cada vez más escasos debido al aumento de la población y a la gran presión ejercida por el estilo de vida humano.Algunos pronósticos sostienen que el cuadro se hará insostenible hacia 2030, cuando la población mundial orille los 10.000 millones de habitantes. Entonces la alimentación y la sanidad de la población entrarían en crisis por la escasez del vital elemento.A partir de los impactos humanos relacionados con los sistemas hídricos, se decidió medir científicamente el uso global del agua.Así nació la "huella hídrica", un concepto acuñado en 2002 por Arjen Hoekstra, profesor de la universidad Twente (Holanda), similar al cálculo de la "huella ecológica", que evalúa el impacto que tienen sobre el medio ambiente todas las actividades humanas.En este caso, se obtiene un indicador que relaciona el agua con el consumo a todos los niveles de la población. El uso del líquido es factible de ser medido a nivel de un individuo, un producto, una organización, una ciudad o un país.Según Hoekstra, "el interés por la huella hídrica se origina en el reconocimiento de que los impactos humanos en los sistemas hídricos pueden estar relacionados, en última instancia, al consumo humano y que temas como la escasez y la contaminación del agua pueden ser entendidos y gestionados considerando la producción y cadenas de distribución en su totalidad".En la Argentina, se consumen en promedio 500 litros per cápita diarios, cuatro veces más que lo aconsejado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la huella hídrica que deja, en promedio, cada argentino por día no baja de los 4.400 litros, según un reporte de la Unesco. Aquí hay que incluir no sólo el agua que se utiliza cotidianamente en el baño o para preparar un mate o para lavar la ropa.Hay un concepto indirecto asociado a todos los bienes y servicios que se consumen, como el agua que precisan desde los cultivos hasta la elaboración de alimentos, o para la fabricación de ropa, entre otros.Para medir la huella hídrica de un proceso se establece una diferencia entre agua verde (de lluvia), agua azul (de riego), agua gris (que ha incorporado fertilizantes y agroquímicos) y agua negra (de efluentes).Se pierde de vista, muchas veces, que el agua que utilizamos va más allá de beber o ducharse. Ya que todo lo que consumimos (bienes, productos y servicios), requiere de agua para su producción.Los especialistas sostienen que el 90% de la huella hídrica es por cómo nos alimentamos o la ropa que usamos. Para producir un jean, por caso, se necesitan 7.600 litros de agua.Por otro lado un plato de carne con ensalada representa un consumo de 2.390 litros de agua; un choripán, 1.100 litros; un plato de pastas, 246 litros y un plato de porotos o lentejas, 90 litros.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


