Como la vacuna de la gripe
La juventud vive una moda envuelta en factores de riesgo, induciéndolos a adicciones como el alcohol que está haciendo estragos en ese segmento de la sociedad. Por Abel Lemiña Nuestros hijos son las víctimas activas e inconscientes de este mundo con una realidad que asusta, por ser un ámbito impregnado en alcohol, droga, libertinaje, violencia y delincuencia. Parece una descripción del argumento de una película de terror, pero es sólo un enumerar de tristes verdades cotidianas, que se exacerban con el verano, con el turismo, y los fines de semana.Cada año nos sorprendemos ante los avances de lo que no debería ser, pues cada año hay más jóvenes alcoholizados, etílicamente destruidos, vomitando, caminando en zigzag, sentados en el cordón de la vereda vencidos por knock out por efecto de la noche, como si un gigante boxeador les hubiese pegado hasta sacarlos del ring.Una cosa es la sensualidad y otra es la desmesura sexual, y se ven muchas más situaciones sexuales que románticas, hasta este año hemos tenido actos sexuales en las veredas de la otrora tranquila Gualeguaychú.Viven, especialmente en las noches, un estado de conductas de riesgo permanentes, y como en una ruleta rusa la “viven” a su manera, que es lamentablemente la actual.Cuando los adultos hablamos de este tema, criticamos la situación, pero creemos y decimos que la casa es lo que garantiza el cómo se portará el joven fuera de ella. Esa es una verdad, pero la realidad le ha quitado poder a ese mundo luminoso de la casa, que le da las pautas de vida a los hijos, y por otro lado la vida actual ha potenciando los estímulos circundantes de unas modas promovidas por los medios de comunicación, por los videos, por la música y las canciones, por los imitables ídolos de la juventud, muchos de ellos adictos a las drogas, apologistas del desenfreno, siendo un compendio de inductores a las adicciones, desde el ya instalado alcoholismo hasta el consumo de drogas.Hoy la educación de la casa, el ejemplo de la familia sigue siendo un baluarte en la lucha contra estos flagelos que rodean a nuestros chicos, pero la casa es hoy como la vacuna de la gripe, no inmuniza en un cien por cien, hay un treinta por ciento de posibilidades que un virus de otra cepa igual nos engripe, a pesar de estar vacunados.Esa misma eficacia incompleta es hoy la protección e inmunidad social de la casa frente al mundo tenebroso de lo exterior, del presente que invita a los jóvenes a frustrarse el futuro.Tanta promoción de lo tenebroso, en colores, en sonido, en estímulos subliminales y en mensajes directos, disminuye aún más el poder de inmunidad y nosotros nos vamos quedando con la queja y perdiendo eficacia, desconcertados los adultos, el riesgo crece directamente proporcional a nuestra impotencia.Debemos encontrar la fórmula para que la casa gane en eficacia, redundar en el discurso y el ejemplo, y participar socialmente involucrándonos con la realidad, tratando de gestar nuevas ideas para debilitar al nocivo presente que infecta a los jóvenes.Crear una estrategia interna, es decir en la casa, para ser más ejemplo que protesta y una externa, buceando en el mundo tenebroso que describió el escritor Hermann Hesse en su libro Demian y así poder acompañarlos, orientarlos.Si creemos que ellos, los chicos son los responsables y los culpables de lo que hacen y en donde están metidos, nos estamos confundiendo, porque nuestra impotencia para cambiar las cosas nos transforma en causa, involuntaria pero responsables de nuestros hijos y de la realidad. Debemos saber que nuestro accionar en la vida de ellos será como la vacuna de la gripe, pero con el agravante que por lo general la gripe se cura, en cambio, esta virósica actualidad ataca a la generación de chicos, adolescentes y jóvenes, infectándolos de por vida. Cada día, debemos tratar de darles una dosis de refuerzo, porque el virus de la realidad los ataca desde todos los flancos.
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