Cómo sería todo bajo la hegemonía china
La perspectiva de que China reemplace a EE.UU. en el liderazgo mundial plantea dudas sobre la eventual naturaleza de un orden mundial bajo la férula del coloso asiático."Los sistemas políticos y económicos están orgánicamente vinculados, ambos son parte del mismo orden social y ningún cambio fundamental puede ocurrir en uno sin que ocurra en otro", ha escrito Douglas C. North.La cita refuerza la idea de que no se puede escindir la economía de lo social y lo político. La hegemonía económica de EE.UU., por ejemplo, es también la hegemonía liberal y democrática.El llamado modelo occidental, representado también por Europa, es una combinación de economía libre con valores e instituciones vinculados a sociedades abiertas y democráticas.La caída del Muro de Berlín, que supuso la implosión del comunismo del este, y la derrota del colectivismo estatal, reforzó la hegemonía planetaria del modelo occidental.En un giro impensado de la historia, un país vinculado al comunismo, China, disputa hoy la supremacía económica de Estados Unidos, pero no como bloque antagónico, sino como actor en el mercado mundial.Como ha escrito el profesor de Economía Política de la Universidad de Harvard, Dani Rodrik, hoy el coloso asiático se ha convertido en "el taller industrial del mundo, su principal financista, inversor de primer orden en el todo el planeta y fuente creciente de investigación y desarrollo".El "milagro chino" está vinculado a la decisión del régimen comunista de reconocer la propiedad privada, y de abrir la economía a la iniciativa privada y a la inversión transnacional.El protagonismo de China en los últimos años -y el de otros emergentes como India- son responsables del boom mundial de los commodities, que ha beneficiado directamente a países productores de materias primas como la Argentina (soja).La pregunta es: ¿cómo sería un orden mundial organizado alrededor de China, en la hipótesis muy verosímil de que ese país desplace a Estados Unidos del liderazgo global?Aquí los cientistas políticos no se ponen de acuerdo. Están los que creen que la opción por el mercado realizado por China equivale a un proceso de occidentalización irreversible de su sistema social.En este contexto, aseguran que el país asiático se integrará sin problemas al régimen liberal y democrático imperante en Occidente. Pero otros teóricos no opinan lo mismo.Rodrik cita el caso del estudioso británico Martín Jacques, quien en su reciente libro "Cuando China domine el mundo" sostiene la inquietante tesis de que los chinos querrán imponer sus valores al resto del globo.Jacques afirma que los chinos y sus gobiernos, tienen una concepción de la sociedad y de la política radicalmente distinta a Occidente: se basan en la comunidad antes que en el individuo.China tiene 2000 años de historia como civilización con perfiles propios en la que basa su poderío. Por tanto, dice Jacques, no se rendirá ante el evangelio occidental de mercados y democracia.En realidad, todavía falta para que China afiance su predominio mundial -por debajo de su poderoso dinamismo económico subyacen profundas desigualdades sociales- y esté en condiciones así de imponer sus valores al mundo.Pero por lo pronto no deja de ser un dato de la realidad, que quizá abone el temor de Jacques, el hecho de que el sistema chino ha sido calificado de "comunismo de mercado" (partido único hegemónico con libre empresa), lo que lo aleja de los cánones occidentales (división de poderes, pluralismo político, alternancia de diferentes partidos en el gobierno).
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