Complicado cuadro laboral en Entre Ríos
El Estado es el gran dador de empleo en estas tierras. Aquí hay un total de 70.492 empleados públicos provinciales, a los que hay que sumar otros 17.500 que dependen de los municipios.
Eso representa el 26,6% del total de ocupados, según un informe publicado por el Consejo Empresario de Entre Ríos. Eso significa que hay 1 empleado público cada 18 habitantes.
Esta proporción ubica a Entre Ríos entre las provincias más burocratizadas del país. Lo cual es un efecto directo del subdesarrollo crónico de su estructura económica, cuya oferta de trabajo es limitada.
Subdesarrollo vinculado, por otra parte, con el escamoteo de la plusvalía provincial, a través del centralismo fiscal, que impide capitalizar en el territorio la riqueza genuina que produce (por ejemplo las retenciones).
Aquí se ha utilizado el empleo público como un sustituto de los subsidios por desempleo. Esta burocracia, en virtud de la ley de estabilidad laboral, nunca se achica en función del contexto económico.
Al contrario, crece más en épocas de retracción. Es el mecanismo con el cual la clase política ha institucionalizado el clientelismo. Pero este Estado inflado nunca da abasto.
Como siempre gasta más de lo que gana –y el grueso de lo que gasta lo destina al pago de sueldos- sus empleados viven en una eterna insatisfacción salarial. El cuadro se agrava cuando la recaudación cae por el bajón económico.
Es lo que pasa hoy: los agentes públicos y municipales claman por una justa recomposición salarial. Lógico: como el Estado insolvente no puede desprenderse de gente (se lo impide la estabilidad) baja salarios al no actualizarlos por inflación.
Quien está sufriendo el ajuste por el lado de los puestos de trabajo es la economía privada provincial. En el comercio se cierran negocios porque caen las ventas, dado que el salario está deprimido y hay cautela entre los consumidores.
“La economía real muestra que no sólo crece el desempleo, sino que también trepa el subempleo por cuanto en las empresas privadas hay menos horas de ocupación para los trabajadores”, refiere El Diario de Paraná, al hacerse eco de una reciente encuesta de indicadores laborales.
Dicho informe, elaborado por la Dirección de Estadísticas y Censos de Entre Ríos, habla de una retracción del empleo privado a partir sobre todo de la segunda mitad de 2008.
Además, el parate de la actividad agropecuaria, motor de la actividad de tantos pueblos, es notable. Se nota un cuadro recesivo global en el sector más dinámico de la economía provincial. Se siembra menos, y por tanto se verifica una retracción de las actividades conexas al campo.
Por otro lado, al deprimirse el campo, desapareció un motor de inversión en los pueblos. Se ha esfumado el “efecto soja” que palanqueó en los últimos años, por ejemplo, el boom constructivo.
Se comprende, entonces, por qué todos los datos indican que la construcción viene siendo el sector más afectado por la caída de puestos de trabajo en el último año.
Este sector, como se sabe, tiene una fenomenal capacidad para mover al resto de la actividad económica. Cuando se emprende una obra, trabajan no sólo los obreros y albañiles.
La rueda multiplicadora incluye vendedores de materiales (de todo tipo), carpinteros, plomeros, transportistas, profesionales (arquitectos, agrimensores, etc.), entre otras actividades asociadas.
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