Comunicarse es la diferencia entre la vida y la muerte
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Mi vida no habría sido igual si hace 20 años no hubiera estado por casualidad frente a un grupo de sordos que querían fundar la Asociación Sordos de Gualeguaychú. Marina SimónOpinión Me tocó que un mundo desconocido me abriera la puerta y me diera la bienvenida para enseñarme más de lo que esperaba, y me llevara más lejos de lo que esperaba.Sin saber que la curiosidad marcaría para siempre mi vida. Abrí un día el diario y ví que había un "curso de lenguaje gestual". Ahí conocí a un grupo de sordos liderados por Raúl Ghiglia que querían que la gente conociera su lengua y fundar la Asociación Sordos de Gualeguaychú. No sólo lo querían, lo necesitaban.En 1993, la Lengua de Señas era proscripta de la educación de los sordos, las familias de los sordos eran desalentadas a usarla. La lengua de señas estaba lejos de todos los lugares que los sordos habitaban, excepto de los grupos de sordos y las asociaciones. Los sordos eran vistos como discapacitados, y no tenían ningún espacio en Gualeguaychú donde las limitaciones no existieran. Era necesario este espacio donde no hubiera discapacidad sino hermanos, iguales, ciudadanos sordos que tomaran las riendas de su destino.Circulaban de que la lengua de señas los encerraba, yo percibí un mundo abierto a ser conocido y a darse a conocer, una lengua que se abría ante los ojos, una comunidad que sólo quería relacionarse con el mundo y ser respetada.La oportunidad de ser puente en este diálogo me cautivó y por años dediqué mucho tiempo a esta empresa. Sin saber que una vez que uno conoce otro mundo, uno queda transformado para siempre.El trabajo fue arduo, muy arduo. Yo fui la que menos trabajó, me limité a ser un puente, una mensajera entre dos mundos. Raúl Ghiglia con la testarudez propia de los que no aceptan imposibles, buscaba gente, ponía plata, peleaba, dialogaba, hacía chistes, todo lo que hiciera falta para abrir puertas y lo logró.La ASG afrontó todos los desafíos y salió airosa. No fue el estado el que les mejoró la vida a los sordos. Esta que hoy es la asociación de sordos más fuerte y estable de la provincia, ha hecho que Gualeguaychú tenga los adultos sordos con mejor calidad de vida de la provincia.En 20 años, hubo y hay detractores. Hubo gente que dudó de la capacidad de los sordos, que siempre creía que había un oyente detrás de los logros, que deslegitimó sus demandas sin entenderlas, que insistía en que no podían o no entendían... Hasta hoy - habiendo sobrados ejemplos de que los sordos pueden- el gobierno insiste en el tutelaje. Hasta ahora me incomoda la gente que dice "vos que los ayudás". Tal vez el hecho de que yo sea oyente, no los deja ver que yo no los ayude tanto como ellos me ayudaron a mí. Los sordos no son ni serán mis asistidos, son mis hermanos y mis amigos, cuando abren su lengua ante mis ojos: yo soy feliz.En 20 años, hubo y hay mercaderes. Hubo y hay gente que usa la lengua de señas como negocio sin conocerla, sin entenderla, sin respetarla. Hay gente que no tiene ningún contacto con esta comunidad y vende señas en cursos sin entender que un malentendido puede matar.Esta lengua es sagrada, comunicarse es la diferencia entre la vida y la muerte en algunos casos. La única forma de aprenderla es de la mano de los sordos. No es la misma lengua ni es el mismo mundo sin los sordos, pero sigue habiendo mercaderes en el templo.No hemos logrado todos los objetivos que se plantearon hace 20 años, pero en el camino hemos logrado muchas cosas. Tengo presentes las vidas de cada uno de nosotros. No fue solo envejecer, fue un viaje maravilloso.Mi vida no habría sido igual si el 14 de mayo de 1993 no hubiera visto a un grupo de silenciados decir que es posible romper las barreras que nos separan. Yo pensaba que mi vida sería una vida común, pero me encendieron el fuego, me enseñaron que hay mundos maravillosos detrás de puertas cerradas.Hoy los miro con inmensa alegría, grandes, orgullosos, sabedores de que portan una cultura maravillosa, de que son capaces dueños de su futuro. Veo los 20 años de lucha y me llenan de felicidad. Todavía no llegamos, pero caminamos en el desierto y ahora somos más libres. Por eso, con eterno agradecimiento y profundo amor les digo Feliz Aniversario Asociación Sordos de Gualeguaychú.
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