Editorial |

Conductores y peatones: una convivencia difícil

¿Por qué se tiene la impresión de que conductores y peatones rivalizan en esa selva que suele ser el tránsito? ¿Es que acaso son dos especímenes distintos?

Mientras unos no ceden el paso, porque van arriba de un vehículo, circunstancia que les daría sensación de poder, otros cruzan la calle por cualquier lado sin medir los riesgos.

Sin embargo, no se trata de dos razas diferentes sino de dos roles distintos que cada uno de nosotros interpreta en el espacio público, dependiendo de las circunstancias.

En definitiva, somos peatones cuando vamos a pie y conductores cuando vamos al mando de un vehículo. Curiosamente, a poco que cambiarnos de rol olvidamos el hecho de que somos la misma persona que circula, aunque bajo modalidades distintas.

Es interesante la etimología de la palabra peatón. Del latín “pedís” pasó al francés como “piéton”, aplicándose al soldado que combatía a pie. A partir del siglo XVI pasó al español para designar a aquellos que deambulan caminando por cualquier espacio público, y no utilizan ningún tipo de vehículo de transporte.

Se diría que los peatones son los conductores de su propio cuerpo. Pero por esto mismo, en la calle, son más vulnerables al atropello. Aparecen como los protagonistas más débiles.

Demás está decir que aquellos peatones que tienen alguna discapacidad o que simplemente son mayores, con dificultades objetivas para desplazarse, están más expuestas a sufrir lesiones en la vía pública.

Alguien ha dicho, por otro lado, que el transeúnte tiene una desventaja: los modelos de autos vienen cada vez más veloces; en cambio, el de los peatones es el mismo modelo de la antigüedad.

Y la tendencia de mayor hegemonía de los vehículos parece confirmar la sospecha de que el peatón es el eslabón más débil. “En el mundo, cada año, hay un millón de autos más, y como esta tendencia se va a acentuar, conviene cruzar las calles ahora”, se dice con humor.

Gran parte de las estadísticas sostienen que la mayoría de los conductores no les da la prioridad de paso a los peatones. Automovilistas, motociclistas y colectiveros suelen ser desconsiderados con los transeúntes.

Sin embargo, no toda la carga de la responsabilidad en el tránsito pasa por los conductores. La Ley de Tránsito desmiente esta creencia, toda vez que fija obligaciones para los peatones.

De hecho muchos de ellos no respetan la luz roja del semáforo peatonal, no caminan por la vereda, cruzan por el medio de la calzada, cruzan corriendo o van hablando por celular.

Cualquier observador atento podrá corroborar que no son pocos los que cruzan a mitad de cuadra. Hay quienes, además, cruzan las esquinas en diagonal, lo que está prohibido.

Después están los que caminan por la calle en vez de utilizar la vereda. En algunos casos, es cierto, se lo impiden obstáculos ubicados en plena acera (montículos, escombros o vehículos atravesados).

Pero en otros nada justifica circular por la calle, con lo cual se exponen a que algún vehículo los choque. Además, ¿no se ve gente apurada y distraída que camina mal por la ciudad?

En suma, cabe decir que existen malos hábitos en unos y en otros. Los conductores sienten que no tienen por qué darle prioridad al peatón, incluso aunque ellos mismos en otro momento del día ocupen ese rol y la reclamen.

Y a esto se suma que los peatones también transgreden permanentemente las normas y circulan mal. Sólo el respeto de las normas posibilitaría la convivencia entre ambos actores.

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