Conocer a otros por sus lecturas
Reconstruir la biblioteca de una persona es una de las formas más idóneas para obtener información acerca de cómo es. El método sigue el aforismo que dice: "Dime qué lees y te diré quién eres". Pedro Luis Barcia, lingüista y actual presidente de la Academia Nacional de Educación, ha incursionado por este camino para aproximarse a la figura de José de San Martín."Las bibliotecas del Libertador", así se llama el libro que escribió en colaboración con Adela di Bucchianicco, y que permite aprender sobre el prócer a partir de sus lecturas.En declaraciones a Infobae, Barcia habló de su experiencia: "Miguel de Unamuno escribió una vez: 'A cada hombre puede juzgársele por sus lecturas favoritas'. Don Quijote leía libros de caballería; Bolívar, a Rousseau, y San Martín apacentaba su espíritu con la lectura de Plutarco".Cabe consignar que Mestrio Plutarco fue un historiador, biógrafo y ensayista griego, que nació en Querona (Grecia) aproximadamente en el 50 a.C. Y debe su fama a "Vidas Paralelas", una serie de biografías de ilustres personajes griegos y romanos.Por lo visto fue uno de los libros de cabecera favoritos de San Martín, aunque Barcia cuenta que los intereses del Libertador eran muy amplios. "Naturalmente, el mayor caudal de su biblioteca estaba dedicado a las artes militares; luego venían la literatura, obras históricas, libros de viaje, y varios diccionarios: de música, de historia, de arquitectura, de América, de artes, etc.", comentó.Según el lingüista, San Martín llevaba su biblioteca a todos lados. La trajo de España a Buenos Aires, a través del Atlántico; la transportó por la Cordillera a Chile, y después a Perú por mar, en plena campaña militar (y finalmente la donó)."De alguna manera, ese caudal era parte de otro 'parque de artillería': en esos libros él hallaba descanso, ilustración y motivación", explicó Barcia al hablar del San Martín lector.Y agregó: "Sus diversas lecturas eran propias de un hombre de la Ilustración, con un predominio fuerte de obras en francés. Era dueño de una edición ampliada de la famosa Encyclopédie, y agavilló en su rica biblioteca obras matemáticas, literatura, agricultura, jardinería, biografías, derecho, memorias, etc.".Conocer a las personas a través de sus lecturas, como en este caso a San Martin, es un método que emplean comúnmente historiadores y biógrafos en sus trabajos de investigación.Se parte del supuesto de que los libros preferidos calan profundamente en el alma de los lectores, hasta moldear su carácter. Y acaso es posible hacer una analogía en el plano colectivo."Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo", llegó a decir John Ernest Steinbecck exponente de la corriente literaria conocida como realismo social, en los Estados Unidos, y Premio Nobel de Literatura en 1962.Pero una cosa es tener libros y otra es haberlos leído realmente. Al respecto, una anécdota revela los peligros de alardear, falsamente, ante grandes lectores.Cuentan que mientras Noël Cowart, dramaturgo y compositor inglés, conversaba con un amigo tras el escenario de un teatro parisino, sobre la frase "dime lo que lees y te diré quién eres", la actriz belga Madelaine Ozeray, al escuchar lo que se hablaba, tuvo a bien intervenir."Yo leo a Shakespeare, a Dante, a Plinio, a Nietzsche, a Spinoza... ¿quién soy?", preguntó la actriz. La respuesta de Cowart fue tajante, sarcástica y demoledora: "Una mentirosa".
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