Conservadores en estética y ecología
Vivimos una época de aceleración histórica, donde el cambio es sacralizado en todos los ámbitos, desde la moral hasta la política. Sin embargo, se predica "conservar" la juventud y la naturaleza.El imperativo categórico de la época parece ser no retroceder ni aferrarse al pasado definitivamente concluido. Toda forma de inmovilismo es mal vista por una generación, la posmoderna, donde la novedad marca la tónica.El cambio tecnológico parece dar la medida axiológica al resto de los dominios humanos. La llamada "revolución informática" ha trastocado todos los órdenes de la sociedadY toda revolución, por definición, supone un cambio brusco que precipita el curso de las cosas. Nada detiene la lógica del cambio que barre a su paso con las formas perimidas de sociabilidad.La historia está acelerada y todo tiene por tanto un estado transitorio, en el sentido de que ningún esquema permanece y está sometido irremediablemente a mutación constante.De ahí que en el dominio de las costumbres, la moral, las ideas y la política, cualquier programa que tenga que ver con el valor de la permanencia o la estabilidad es considerado reaccionario. "No se puede volver atrás", se proclama.Paradójicamente, hay dos ámbitos donde la "novedad" pasa por mantener el statu quo, es decir donde la divisa es dejar las cosas como están: una es la estética corporal y otra es la ecología.No deja de ser llamativo que el "conservadurismo" se haya refugiado en estas dos esferas, sin que sea visto como algo execrable ni fuera de época. El diccionario registra tres definiciones en torno a este concepto.Una dice: "Tendencia política que defiende el sistema de valores políticos, sociales y morales tradicionales y se opone a reformas o cambios radicales en la sociedad".Otra postula: "Actitud de defensa de la tradición y rechazo de las reformas en una materia o disciplina".La tercera definición reza: "Actitud de cautela por temor a perder lo que se tiene".En el fondo, pues, se trata de conservar algo que se considera valioso y cuya alteración provoca una pérdida. ¿No es acaso la ecología un movimiento que postula que la naturaleza es una organización que no puede ser modificada más allá de cierto límite, so pena de poner en riesgo la vida en el planeta?Incluso suena bien (no escandaliza moral ni ideológicamente) declararse "conservacionista" en este ámbito. Es curioso ver el giro que tomó este tema en la opinión pública a lo largo de las dos últimas centurias.Doscientos años atrás, ser industrialista equivalía a ser de la época, a comulgar con el futuro, a ser de última "progresista". Hoy eso no está tan claro: el mentado desarrollismo, y su filosofía de transformación ilimitada de la naturaleza, es más bien visto como una estrategia de las corporaciones económicas, defensoras del statu quo de los negocios.Pero acaso sea la estética, y su tremenda industria cosmética, el refugio más rutilante del conservadurismo como programa. Aquí la consigna es "conservarse" siempre joven.No se trata de seguir la aceleración de la historia. Al contrario, todo consiste en detener a como dé lugar el paso del tiempo. El ideal está en la inmutable e intemporal juventud, etapa idolatrada de la vida.El cuidado del cuerpo ante el deterioro que causa el paso de los años es algo que obsesiona a una generación dispuesta a tolerar todos los cambios, salvo el biológico. El programa para mantener intacto el físico se sostiene con cremas, ünguentos y cirugías.
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