Consumir más de lo que se produce
Así como en las finanzas personales o familiares resulta peligroso gastar más de lo que se gana, los países que se entregan a consumos insostenibles asumen riesgos lógicos de quebranto. El capitalismo primitivo, según la descripción del sociólogo Max Weber, fincaba su éxito en la acumulación. La concepción religiosa calvinista de sus pioneros -los burgueses anglosajones- comportaba una ética acorde.La riqueza para esos creyentes ya no era mal vista, sino más bien un signo visible de que Dios los había elegido para su reino. La búsqueda del lucro, así, quedaba desinhibida.Pero a la vez el gasto comportaba placer, y el placer para los grupos protestantes era pecado. De esta ética se desprende, por tanto, una economía cuya lógica es producir pero no consumir.De esta manera la ganancia lograda con el trabajo se destina al ahorro. Según Weber, aquí reside el secreto de la acumulación en los países capitalistas de tradición protestante.En el caso de Estados Unidos esto fue una evidencia histórica. Pero con el paso del tiempo el sistema sufrió una crisis de superproducción, una situación económica cuya contracara es el subconsumo.Algunos autores sostienen que el colapso de 1929, que dejó un tendal de desocupados, puso en crisis la idea originaria de las grandes acumulaciones de stocks.La idea del economista inglés Lord Maynard Keynes de que el Estado saliera a gastar para "crear demanda", aunque fue pensada como un expediente extraordinario, fue adoptada como un remedio mágico.Hizo furor, entonces, la doctrina de que la economía se resolvía cebando la demanda -por ejemplo con gasto público y aumento masivo de salarios-. Pero entonces no se vio el otro riesgo: que el puro consumo sustituyera, o se hiciera a costa, de la producción.Juan Domingo Perón, cuya doctrina económica se inspiraba en la atmósfera keynesiana de época, parece haber visto los riesgos de armar una economía exclusivamente en el gasto.Eso al menos sugiere esta frase suya: "En la Nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume".Según este concepto, todo consumo debe estar respaldado por la producción, y ésta a su vez por el trabajo. O en otros términos: consumo sin producción es ilusión.Asociado a esto, los economistas dicen que el nivel de sueldos de un país debe estar de acuerdo con las posibilidades reales de su economía. Es decir con el nivel de productividad de la sociedad.¿Qué es la productividad? Es la cantidad de bienes que se producen por trabajador. "Si una fábrica de zapatos produce 5 pares por día por trabajador, e incorpora una máquina gracias a la cual y con la misma cantidad de obreros pasa a producir 30 pares día/hombre, con esa inversión está incrementando la productividad. Si ese proceso es algo que está sucediendo a gran escala en toda la sociedad, esa comunidad está aumentando la productividad general", explica el economista Ricardo Esteves.En tanto en 2011, preocupado por el furor consumista en su país, el presidente uruguayo José Mujica reflexionó: "Nos asusta cómo se endeuda la gente alegremente, que entremos a consumir a troche y moche, muy por encima de nuestras posibilidades".El llamado a la prudencia del mandatario del vecino país se vincula, así, con los riesgos que se corren cuando una sociedad pretende gastar más de lo que produce, es decir de lo que puede permitirse en función de sus medios reales.
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