Consumo: entre el deseo y la realidad
En un país de clase media, cuya identidad se construye alrededor del consumo, toda restricción en la compra se experimenta como una gran frustración, un sentimiento que crece hoy en muchos hogares.Guillermo Oliveto, presidente de la consultora W, asegura que vivimos en la era del ciudadano-consumidor. Desde este punto de vista, el consumo es un fenómeno de fuerte impacto social y de connotación política.Y esto sobre todo en la Argentina, razona, donde la mayoría de la población asegura sentirse identificada con la clase media, un sector que cifra su felicidad en el acceso a los productos de mercado (auto, casa, electrodomésticos, vacaciones y demás).En su reciente libro "Argenchip", que se interroga acerca de cómo somos y pensamos los argentinos, Oliveto sienta la tesis antropológica de que en nuestro país, tan prototípicamente de clase media, "gran parte de la identidad de construye por símbolos de consumo".Por eso la política que logra halagar la condición de los consumidores argentinos obtiene lógico rédito en las urnas. Carlos Menem, así, fue Gardel durante el tiempo en que la convertibilidad, en los '90, estimuló la compra en los comercios (el llamado "voto cuota").La hegemonía kirchnerista, en la última década, creció al calor del aumento del consumo interno (un pilar del "modelo"). Y esto tras la catástrofe de 2002, que generó una suerte de herida narcisista entre los consumidores.Lo cierto es que el consumo ha entrado, el último tiempo, en una especie de tobogán. La economía de la mayoría de los hogares argentinos está experimentando, objetivamente, un cambio de hábito a la baja.La situación económica actual mantiene en alerta a la clase media, obligándola a recortar costumbres para cuidar el bolsillo. En algunos hogares hay sensación de default (cesación de pagos) ante el hecho de que los sueldos van quedando chicos para los mismos gastos."Hoy hay familias que están en concurso de acreedores. Luego de años de mucho consumo, por la caída del salario real hay hogares donde se elige qué facturas pagar por mes", describe Sebastián Martínez, director comercial de Recsa Argentina, empresa líder en gestión de cobrabilidad y recupero de crédito.Algunas encuestas revelan que la inseguridad, que hasta aquí venía al tope de las preocupaciones de la opinión pública, está cediendo ante el temor que despiertan la inflación, la caída de la actividad económica, y la expectativa de que se produzcan despidos.Pero cualquier golpe al bolsillo -el "órgano más sensible" del argentino medio, al decir de Juan D. Perón- tiene un impacto psicosocial enorme cuyas implicancias no pueden subestimarse.Aún está por verse si la situación con los "fondos buitre" repercutirá empeorando la economía doméstica (aunque hay especialistas que descuentan este efecto). Como sea, el menor consumo es un fenómeno de hondo impacto emocional entre los argentinos.El problema es la tensión suscitada entre el deseo de adquirir cosas, sobre la base de una filosofía de vida que cifra la felicidad en el bienestar, y la aparición de la frustración por no poder concretar esa aspiración.El consumo, sostiene Oliveto, es el espacio aspiracional del argentino medio en términos de deseo. Cualquier límite que se erija en esta esfera, sobre todo cualquier coyuntura que suponga un retroceso efectivo en el acceso a los bienes, equivale a un sentimiento de pérdida o de angustia social.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

