Contagiarse de la lectura en casa
Para pasar el invierno alejado de la Gripe A, nada mejor que los libros. En el caso de los chicos, los días de reclusión en casa pueden ser una ocasión dorada para contagiarse de la lectura. La oferta audiovisual, por cierto, es mucha y variada. Los chicos y adolescentes son particularmente proclives a ella. Pero la televisión e Internet también cansan.La emergencia sanitaria abre aquí una oportunidad inesperada a la lectura. ¿Qué mejor que estos días en que hay que llenar tanto ocio casero, porque además no se recomienda salir afuera?Asociada a la práctica escolar, y por tanto vinculada al deber ser, a la obligación formal que impone el colegio, la lectura no goza de predicamento entre los más jóvenes."Tenés que leer", repiten los padres y maestros, en un tono imperativo y burocrático que suena mal en los oídos de los alumnos. Al punto que para ellos resulta inimaginable asociar lectura con placer.El receso obligado en casa ofrece una oportunidad para romper con este concepto sobre los libros. Se diría que crea las condiciones ideales para adentrarse en ellos, pero desde otro lugar más placentero.Los padres deberían captar la importancia de esta chance. Si de lo que se trata es de matar el aburrimiento, nada mejor que sentarse a leer junto a sus hijos.Sería bueno poder aprovechar este tiempo para alentar las ganas de conocimiento y de entretenimiento que todos tenemos -chicos y grandes- sumergiéndonos en el mundo mágico de la lectura.Se trata de sugerir o seducir, no ya de imponer u ordenar. Aunque parezca exagerado, en estos días puede darse ese milagro que tanto esperan algunos padres en cuanto a la iniciación lectora de sus hijos.Un encuentro excepcional con un libro, de esos que transforman de súbito el corazón y la mente de las personas, y que terminan finalmente alumbrando la existencia de un nuevo lector, puede tener lugar en una circunstancia como ésta.Hay libros para todos los gustos. Cualquiera de ellos puede movilizar el espíritu, o sacudir la intimidad. Sobre todo de aquel chico que hasta aquí ve un conjunto de letras y sale corriendo.Si hay biblioteca en casa, mejor. Generar actividad alrededor de ella puede crear la mejor atmósfera para despertar las ganas de compartir la lectura. Un nuevo mundo se puede abrir, se puede descubrir, viajando a través de las páginas de un texto y sentado cómodamente en un sillón.¿Por qué no legar esta experiencia extraordinaria a nuestros hijos? ¿Acaso no es uno de los mejores regalos que podemos hacerles?. ¿No nos agradecerán, más adelante, que le hayamos confiado este tesoro humano?.Hay que buscar la manera, en este sentido, de salirle al cruce a los videojuegos o a las atractivas propuestas digitales, que atrapan tanto a los más chicos. Se sabe que son competidores rudos de la lectura.Pero nada es imposible. Y de hecho no se trata de crear un antagonismo entre estos medios. El libro debería aparecer, en el conjunto de la oferta, con atractivo propio.Por lo demás, vivimos en tiempos de crisis. También los grandes deberíamos encontrar en el libro un aliado existencial. Eso piensa, por ejemplo, la antropóloga francesa Michèle Petit."En contextos de crisis, leer tiene más valor porque nos da otro lugar, otro tiempo. Se trata de la apertura de un espacio que permite la ensoñación, el pensamiento, y que da ilación a las experiencias", ha dicho hace poco de visita en Buenos Aires.Las narraciones, en suma, pueden curar las rupturas y las angustias asociadas a una crisis. De hecho, una buena literatura puede tener un efecto terapéutico.
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