Continúa la fuga de dólares
Es una cifra que supera en 3.500 millones a la del mismo período del año pasado.
Estos dólares fueron guardados en el colchón o en cajas de seguridad o salieron al exterior. En concreto “no se tradujeron en inversiones y mayores gastos internos, posibilitando mayor empleo y producción”, según reconoce al analista económico Ismael Bermúdez.
¿Cómo se financió esta fuga? Parte con préstamos de organismos internacionales, según reconoce el mismo Central. En este sentido, no es casual que en los últimos meses se hayan explorado distintos mecanismos de endeudamiento, con el propósito de hacer ingresar dólares.
Así, el Banco Central, para disimular la caída de reservas, ha tomado préstamos del Banco de Basilea. A eso se suma el swap de monedas “contingentes” con el Banco Central chino y créditos de organismos internacionales (Banco Mundial y BID).
No sólo eso: como la economía argentina ya no produce tantos dólares como antes –cuando el campo era el motor exportador- y los ahorristas se refugian en esa moneda –ante la incertidumbre que genera este gobierno- se habla de la posibilidad de un retorno al FMI después de las elecciones.
El adelantamiento de los comicios para el 28 de junio, tendría así un alto componente económico, según coinciden los analistas: evita el costo político y social de un ajuste inexorable en plena contienda electoral.
Pedirle plata prestada otra vez al FMI, después de haber despotricado contra él todos estos años, no es políticamente correcto para el planeta progresista. Aunque fue este gobierno quien le pagó en dinero constante y sonante todas las acreencias.
En tanto, el mercado da por descontada una maxidevaluación para después de junio. El encarecimiento del dólar buscaría dos cosas: mejorar los números del comercio exterior y desalentar la compra de divisas.
Como sea, desde mediados de 2007, la Argentina viene fugando capitales en forma constante. Desde esa fecha la salida supera los 37.000 millones de dólares, casi la misma cifra que el Central dice tener de reservas.
El gobierno necesita detener esta sangría si es que quiere evitar una crisis profunda. Históricamente, la Argentina necesitó de devaluaciones para equilibrar su economía.
Como se sabe, la moneda de una nación debe tener un cierto nivel de respaldo real a través de sus reservas de oro y divisas extranjeras. En teoría, por tanto, si esas reservas caen, se contrae el circulante y se profundiza la recesión.
Esa lógica primó durante la convertibilidad. De ahí que en 2002, ante la fenomenal fuga de divisas, desaparecieron en forma proporcional los pesos en circulación. En contrapartida, las provincias debieron emitir cuasimonedas.
El gobierno podría evitar este escenario emitiendo pesos que excedan las reservas que se achican. Pero empapelar el país (creando moneda sin respaldo real) produce inflación y de esta manera se corre riesgo de una hiper, como ocurrió en los ‘80.
Por tanto, no es un buen síntoma que continúe la fuga de dólares. Sobre todo en un contexto donde el sistema no los provee en forma abundante, porque los ingresos del comercio exterior son menores o es inexistente la inversión extranjera.
Para suplir el faltante de ahorro, entonces, el país debe echar mano al endeudamiento. ¿Seguirá la Argentina pidiendo prestados los dólares que fugan sus propios ciudadanos?.
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