Controlar la hipertensión arterial evita la progresión de enfermedades renales
El estudio es la herramienta más importante para evitar la progresión de ese tipo de patología crónica y retrasar el empleo de la diálisis que sustituye la función de los riñones. Según especialistas de la Sociedad Argentina de Nefrología, el control de la hipertensión arterial es la herramienta más importante para evitar la progresión de la enfermedad renal crónica y retrasar el empleo de la diálisis que sustituye la función de los riñones. Felipe Inserra, médico nefrólogo miembro de la SAN, destacó que "en los países que tienen programas de control más estrictos de los factores de riesgo como la dieta, los lípidos, los hábitos de vida y sobre todo la hipertensión arterial, está disminuyendo el crecimiento de la cantidad de pacientes que entran a diálisis".
Un informe médico dado a conocer con motivo de ser el 12 de marzo el Día Mundial del Riñón detalla que en los Estados Unidos y países europeos, la cifra de personas que ingresaban cada año a tratamiento de diálisis venía aumentando entre un 6 y un 8% cada año.
"Mientras que desde hace cuatro o cinco años la curva de crecimiento tiende a aplanarse y el año pasado, sólo fue menos de la mitad", puntualizó el nefrólogo. Inserra sostuvo que "una de las causas es el mejor control de los factores de progresión, entre ellos la hipertensión arterial, a través de estrategia de tratamiento más consolidadas".
Argentina tiene actualmente 25.109 personas en tratamiento de diálisis renal, lo que significa una incidencia de 630 pacientes por millón de habitantes.
El Incucai, que maneja a nivel nacional los registros de diálisis y trasplantes, destacó que entre 2007 y 2008 ingresaron a diálisis unas 500 personas menos que en el período 2006-2007, cuando la cifra siempre crecía año tras año.
Las terapeúticas sustitutivas de la función renal son de alto costo y el paciente debe ir al menos tres veces por semana a un centro de diálisis, para someterse al tratamiento en el que con la ayuda de una máquina puede eliminar los tóxicos de la orina.
Pero la única posibilidad de recuperar parte de la función de los riñones cuando están muy deteriorado es el trasplante, y no en todos los pacientes es posible.
Eduardo dos Ramos Farías, presidente de la SAN, opinó que "muchas menos personas llegarían a esa instancia si fueran diagnosticados tempranamente". Destacó que "la detección temprana es la que permite al médico controlar a tiempo los grandes factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo, la diabetes y la hipertensión arterial, que son los que pueden llevar al empeoramiento del paciente renal".
El diagnóstico de enfermedad renal crónica consiste en incluir, cuando el médico clínico detecta en el paciente factores de riesgo de enfermedad renal, dos análisis de laboratorio.
Esas pruebas necesarias para detectar la enfermedad renal y que en cualquier laboratorio del país pueden realizarse son: el análisis de creatinina en la sangre y la proteinuria, es decir la medición de la cantidad de proteínas presentes en la orina.
La pérdida de proteína por la orina significa daño renal y el exceso de creatinina en la sangre indica un mal funcionamiento del filtrado glomerular, que es un proceso que vital para los riñones.
Con esos resultados se puede conocer el estado renal del paciente y cuando es necesario, se puede implementar un sencillo programa de control de los factores de progresión de la enfermedad que evitará llegar a estadíos avanzados de la patología.
Telma Domínguez, nefróloga coordinadora del comité estable de la SAN por el Día Mundial del Riñón, indicó que "el problema es que al no detectar la enfermedad con esos sencillos análisis, se llega tarde al tratamiento".
Domínguez añadió que "por no conocer el estado de su función renal, el paciente se expone a muchos otros riesgos, como la mayor predisposición a desarrollar una enfermedad cardiovascular". Télam
Un informe médico dado a conocer con motivo de ser el 12 de marzo el Día Mundial del Riñón detalla que en los Estados Unidos y países europeos, la cifra de personas que ingresaban cada año a tratamiento de diálisis venía aumentando entre un 6 y un 8% cada año.
"Mientras que desde hace cuatro o cinco años la curva de crecimiento tiende a aplanarse y el año pasado, sólo fue menos de la mitad", puntualizó el nefrólogo. Inserra sostuvo que "una de las causas es el mejor control de los factores de progresión, entre ellos la hipertensión arterial, a través de estrategia de tratamiento más consolidadas".
Argentina tiene actualmente 25.109 personas en tratamiento de diálisis renal, lo que significa una incidencia de 630 pacientes por millón de habitantes.
El Incucai, que maneja a nivel nacional los registros de diálisis y trasplantes, destacó que entre 2007 y 2008 ingresaron a diálisis unas 500 personas menos que en el período 2006-2007, cuando la cifra siempre crecía año tras año.
Las terapeúticas sustitutivas de la función renal son de alto costo y el paciente debe ir al menos tres veces por semana a un centro de diálisis, para someterse al tratamiento en el que con la ayuda de una máquina puede eliminar los tóxicos de la orina.
Pero la única posibilidad de recuperar parte de la función de los riñones cuando están muy deteriorado es el trasplante, y no en todos los pacientes es posible.
Eduardo dos Ramos Farías, presidente de la SAN, opinó que "muchas menos personas llegarían a esa instancia si fueran diagnosticados tempranamente". Destacó que "la detección temprana es la que permite al médico controlar a tiempo los grandes factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo, la diabetes y la hipertensión arterial, que son los que pueden llevar al empeoramiento del paciente renal".
El diagnóstico de enfermedad renal crónica consiste en incluir, cuando el médico clínico detecta en el paciente factores de riesgo de enfermedad renal, dos análisis de laboratorio.
Esas pruebas necesarias para detectar la enfermedad renal y que en cualquier laboratorio del país pueden realizarse son: el análisis de creatinina en la sangre y la proteinuria, es decir la medición de la cantidad de proteínas presentes en la orina.
La pérdida de proteína por la orina significa daño renal y el exceso de creatinina en la sangre indica un mal funcionamiento del filtrado glomerular, que es un proceso que vital para los riñones.
Con esos resultados se puede conocer el estado renal del paciente y cuando es necesario, se puede implementar un sencillo programa de control de los factores de progresión de la enfermedad que evitará llegar a estadíos avanzados de la patología.
Telma Domínguez, nefróloga coordinadora del comité estable de la SAN por el Día Mundial del Riñón, indicó que "el problema es que al no detectar la enfermedad con esos sencillos análisis, se llega tarde al tratamiento".
Domínguez añadió que "por no conocer el estado de su función renal, el paciente se expone a muchos otros riesgos, como la mayor predisposición a desarrollar una enfermedad cardiovascular". Télam
- Carta blanca a la anestesia epidural Un relevante estudio demuestra que tiene menos riesgo de lo que se suponía. Investigadores del Royal United Hospital de Bath, de la Universidad de Dundee y del Wrexham Maelor Hospital (todos en el Reino Unido) han analizado 707.455 intervenciones con epidural realizadas entre 2006 y 2007 y las complicaciones derivadas de las mismas. El trabajo, se publicó en la revista '''British Journal of Anaesthesia''', y estima que el riesgo de que se produzca alguna lesión por culpa de la epidural es, en el escenario más pesimista, de uno por cada 23.000 intervenciones, es decir 10 veces menos de lo que se pensaba.En el caso de las mujeres que utilizan la epidural para dar a luz, el riesgo es aún menor y la probabilidad de que ocurra una lesión permanente (considerando como tal aquella que persiste durante más de seis meses) es, en el peor de los casos, de una entre 80.000."En todos los grupos de pacientes que hemos estudiado, los datos son tranquilizadores. Las cifras revelan que la epidural es mucho más segura de lo que creíamos", ha afirmado el Dr. Tim Cook, anestesista del Hospital de Bath y coordinador del estudio, que se destaca la importancia de esta buena noticia.De las más de 700.000 intervenciones con epidural analizadas, los investigadores observaron complicaciones en 84 casos. Las más graves –fallecimiento o lesión permanente- se dieron en pacientes mayores, de más de 70 años, y con una salud delicada. "Se trata de personas con varios problemas médicos en las que el sólo hecho de someterse a una intervención quirúrgica ya entraña algún riesgo", explicó Cook.Antes de decidir si utilizar o no la anestesia, los autores recomiendan estudiar con detalle la historia clínica y las características del paciente.
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