Corrupción pública y lentitud judicial, combinación mortal para la credibilidad
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Llegó el semestrismo y con él los anuncios oficiales. El gobierno busca cambiar las expectativas.¿El Presidente se cansó del ajuste? ¿Alcanzó, se pregunta Prat Gay? El pago a los jubilados es una reparación histórica que apunta también a generar un shock de consumo. ¿Y el blanqueo? Jorge Barroetaveña El gobierno de Cambiemos se encamina a cumplir sus primeros seis meses con un saldo dispar, no exento de polémica, aunque con un dato a favor: la institucionalidad. En estos primeros seis meses, el trabajo en el Congreso ha sido arduo y ha incluido de todo. Desde leyes que salieron en forma casi unánime hasta otras que terminaron con el veto presidencial. Pero es el país que alumbró la gente cuando votó el año pasado, que obliga a la dirigencia política a buscar consensos. No estamos acostumbrados a semejante empresa. Negociar, acordar, disentir, pero respetando al que piensa distinto, es un ejercicio que se abandonó en los últimos años y no será fácil retomarlo. Ya nadie tiene la mayoría absoluta, ni siquiera el poder para imponer su verdad. Es la nueva Argentina y no está mal que así sea.Entre los escombros de la vieja estructura, todavía subyacen las concepciones tradicionales, que tienen su correlato en las superestructuras políticas. La polaridad entre macristas y kirchneristas, en estos seis meses, le ha sido funcional a ambos. En el medio, Massa, ha sido el único que bucea por una alternativa, aunque todavía no le pudo escapar a esa lógica que lo embreta a cada paso.El anuncio oficial del pago de los juicios a los jubilados y el reajuste de sus haberes, la pensión universal y el blanqueo de yapa, será otra prueba para el Congreso de la Nación. Nadie puede discutir la reparación histórica a millones de jubilados. En rigor, el Estado no hizo más que estafarlos durante todo este tiempo, pateando los juicios para adelante. Es duro pero muchos se murieron esperando que les pagaran. El combo viene acompañado de un blanqueo, el primero que lanza la nueva gestión. Los blanqueos siempre tienen un tufo raro, aunque este tiene algunas particularidades. Es riguroso con los que se presenten, respetando las normas internacionales y premia a los que siempre pagaron. Aprovecha también un contexto internacional favorable: es cada vez más difícil tener plata negra, por los riesgos del terrorismo y el narcotráfico. La medida busca además un objetivo estrictamente económico: los jubilados son unos de los principales motores del consumo, planchado por el ajuste fiscal que aplicó el macrismo en sus primeros meses de gestión. Por eso la apuesta del gobierno es fuerte y busca cambiar las expectativas del segundo semestre. El viernes, la Casa Rosada recibió un dato alentador: por primera vez en abril la inflación mayorista tuvo un leve descenso. Tarde o temprano, la ortodoxia económica indica que la inflación bajará, la cuestión es a qué costo y cuánto impactará en los niveles de actividad.La política argentina, como en el mundo, se mueve al ritmo de la economía, pero la justicia hace lo suyo. El culebrón de los Báez sigue escribiendo capítulos, y mantiene en vilo a la opinión pública. ¿Se sabrá alguna vez cuántas propiedades tiene el empresario? ¿Es importante eso a esta altura? Todo indica que no, la duda es saber hasta cuándo se mantendrá en silencio y si la implosión familiar cuenta con su beneplácito. La causa, que todos los días tiene sorpresas, pasó hace rato los límites del escándalo. El Juzgado del inefable Juez Casanello está siendo el campo de batalla de la pelea de poder más fuerte de la historia argentina, que podría terminar con un ex presidente preso. Claro que Casanello tiene que resolver sobre causas que no sólo impactan en la oposición, también en el oficialismo. Hace un par de semanas, en una entrevista con el Diario La Nación, el juez federal fue contundente y rechazó haber tenido alguna vez, por cualquier medio, contacto con Cristina Fernández de Kirchner. Pareció alta su apuesta si en las próximas horas aparece algo que lo contradiga. Ni hablar de supuestas reuniones en la Residencia de Olivos. Si sucede, Casanello no sólo podría perder la causa Báez sino su propio juzgado, con riesgo de ser sometido a juicio político.El, o el que sea, deberá en algún momento resolver el dilema de los Báez y a quién representaban. Con lógica irrebatible, uno de los hijos del empresario se preguntó en un escrito porqué su padre es el único preso e investigado si su fortuna nació de la obra pública y los sobreprecios que se pagaban por ella. Los que estaban del otro lado del mostrador nunca fueron investigados por Casanello, lo que alimenta sus sospechas. Si Báez es o era Cristina o Néstor, necesita ser corroborado y probado más allá de las tapas de los diarios. Claro que, si se comprueban contactos entre el magistrado y el kirchnerismo, el escándalo será aún mayor, tanto como la devaluación de la imagen de la justicia ante la sociedad, ya golpeada por años de desidia y complicidad con el poder político de turno.La transparencia de la justicia sigue siendo la deuda institucional más grande que tiene la democracia argentina. También en ese terreno, el kirchnerismo no pasó inadvertido y dejó secuelas. Están los ultra y los anti, y en la ancha franja del medio hay de todo, desde los que se quedaron callados cuidando su puesto hasta los que intentaron mantenerse al margen de los platos que sobrevolaban sus cabezas. Lo positivo, al menos, es que a la sociedad parece importarle. Atrás quedó la época en que todo valía y no importaba que robaran pero hicieran. Así estamos con esa filosofía. El que roba debe pagar, se llame como se llame y venga de donde venga.
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