Corrupción, un juego de muchos
El fraude, la estafa, el soborno y otros delitos de ese tipo han sido una constante nacional, al punto de convertirse en un mal endémico de la Argentina.A decir verdad, los argentinos no tenemos fama en el exterior de ser sujetos honestos. Aquello del ex presidente uruguayo Jorge Batlle, de que "los argentinos son una manga de ladrones", es una expresión brutal de esa opinión.¿Se habrá inspirado, quizá, en aquella "confesión de parte" del dirigente peronista y sindicalista Luis Barrionuevo, que en los '90 asintió que "si los políticos dejamos de robar durante dos años, se arregla la crisis"?Pasan los años y la percepción generalizada es que este país se ha "echado a perder", y eso significa en latín la palabra corrupción: acción que de algún modo echa a perder (o descompone) algo.De hecho Argentina figuró entre los naciones más corruptas de 2015, según el informa anual de la ONG Transparencia Internacional, que recoge la opinión que tienen a este respecto los ciudadanos de los países bajo análisis y diversos especialistas y colectivos globales.Sobre una clasificación de 168 Estados, a través de una escala de 0 a 100, en 2015 Argentina quedó en el puesto número 107, a la par de países como Ecuador, Costa de Marfil o Bielorrusia.En el informe de Transparencia Internacional hay un apartado especial para hablar de las naciones más corruptas llamado "The bad" (lo malo)."Investigar a los políticos no detendrá a determinados corruptos de enriquecerse a expensas de los ciudadanos. Muchos de los países que descendieron en el ranking tiene amplios recursos naturales, por caso Argentina, México o Venezuela, pero su largamente mantenida corrupción provocó una falta de desarrollo en seguridad, educación o salud", consigna el reporte de la ONG.La corrupción pública ocupa la atención de este tipo de organismos internacionales y es uno de los factores determinantes de la calificación de los países según su calidad institucional y su seguridad jurídica.Sin embargo, no debe perderse de vista que la corrupción pública sólo es un aspecto del problema. O en otros términos, difícilmente pueda haber corrupción en el sector público sin un actor privado que la consienta y la materialice.En todo caso, la corrupción privada podrá tener menor repercusión política, social y mediática que la del sector público, pero su importancia moral es similar.Hay siempre un ida y vuelta entre lo público y lo privado. Esto se echa de ver en todo escándalo de corrupción aquí o en cualquier parte del mundo. Fuera de nuestras fronteras, por ejemplo, es emblemático el caso de la petrolera estatal brasileña Petrobras.La justicia del Brasil determinó que Odebrecht, uno de los mayores conglomerados empresariales de América Latina, está implicado en ese megaescándalo.Es decir, para que haya corrupción pública se necesita otro partícipe necesario: el empresariado. Por eso la justicia brasileña condenó al empresario Marcelo Odebrecht a 19 años y cuatro meses de cárcel por corrupción, lavado de dinero y asociación criminal en el multimillonario fraude a Petrobras.Esto demuestra que si bien quien se beneficia pecuniariamente por un soborno es el funcionario público, no es menos cierto que quien lo paga obtiene una ganancia que supera ese desembolso.Cabría especular que la corrupción es en realidad un juego de muchos. Los delitos públicos que cometen las elites son epifenómeno de un estado de conciencia de la sociedad, que si los consiente es porque a su vez también se ha "echado a perder".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

