Creciente del Paraná: Reina la incertidumbre en los campos bajos
En las islas, los productores ganaderos se apresuran en sacar la hacienda antes de que llegue el pico de la creciente, mientras que en los bajos y semibajos reina la incertidumbre, aunque la mayoría opta por vender. Testimonios de vida de los habitantes de la zona.A ciencia cierta, no se sabe con exactitud la magnitud y el impacto que ocasionará la creciente del Paraná en los campos bajos y semibajos en el Departamento Islas del Ibicuy. Y es por eso que los lugareños no se han desprendido en su totalidad de la hacienda, ya sea vendiéndola en los remates ferias, en forma particular o llevándola a campos altos. En la zona de Brazo Largo, lugar a donde se accede por un camino vecinal o bien por vía fluvial, pudimos apreciar que un número importante de cabezas se encuentran en los campos, incluyendo los búfalos, animales que se han adaptado muy bien a la zona. Preocupa el número de campos endicados y una supuesta falta de control sobre los mismos, porque en definitiva lo que puede resultar beneficioso para uno, termina siendo perjudicial para otro.
En el Camino
A pocos kilómetros del primer puente sobre el Río Paraná en Brazo Largo (dirección Buenos Aires) se encuentra un camino vecinal sobre mano izquierda. Bajar de la ruta y tomar el mencionado camino es entrar en otro mundo. El verde es exuberante y copa el paisaje en su totalidad. La zona es baja y se aprecia en los campos encharcados por las últimas lluvias que por otra parte han producido una explosión de pasto como hacía tiempo no se veía. Pero la amenaza de la creciente está, y nadie se anima a descartar que las aguas inunden los campos.Trabajando en el arreglo de un alambrado se encontraba Don Luís Mateve. Hombre que desde el 59 habita en el lugar "terminé la "colimba" y me vine para estos lares" dijo ante la consulta de EL DÍA el habitante de los campos bajos. Trepado sobre los corrales y cargadero a la vera del camino (algo común en el lugar, para que los camiones, atraquen sin problemas) Matevé indicó que "pienso vender todas las vacas y de esta manera quedarme tranquilo". Mientras charlábamos con el veterano productor, un paisano, arreaba un lote de ganado vacuno por la calle a lomo de caballo. Una postal de lo que viene sucediendo desde que se anunciara la creciente del Paraná.Consultado Matevé sobre los pronósticos de suba del mencionado río y la opinión de profesionales que trabajan sobre el tema opinó que "Los ingenieros, saben menos que uno. Todo depende del tiempo. Las intensidad de las lluvias y los vientos, pero hoy-destacó- a diferencia de años pasados se cuenta con una serie de comodidades para salir y el que se deja estar y se le inunda el campo con las vacas adentro es de puro arrastrado" expresó con un lenguaje campechano y sencillo. Matevé vivió en carne propia la creciente del 59 "Fue terrible. Se ahogaron mas de 40.000 animales entre Brazo Largo e Ibicuycito" Al respecto tiene varias anécdotas. Una de ellas muy cruda.Las vacas asustadas arremetían contra la casa y un paisano trepado a los techos las degollaba, caso contrario, le destruían la vivienda". También recordó la del 83 "Estuvimos un año con el agua arriba. Arrendé en Ñancay, pero con los costos de los alquileres y demás, no me quedó otra que vender. Obviamente perdí plata, pero trabajando duro como todos en la zona me pude recuperar"A 25 kilómetros de la Autopista se encuentra el campo de Agacio Gómez. El hombre vive a la vera del arroyo Ledesma junto a su esposa Ofelia. Una pareja de 79 y 75 años que juntos, soportaron unas 30 crecientes. Gente acostumbrada a convivir con crecientes de lluvia y por inundaciones. Gente típica de los bajos y que conocen los mismos como pocos "hace 75 años que vivo acá" recordó Agacio. Se considera "el último habitante al lado del mencionado arroyo". Dijo que es una zona que castiga cada subida del río de La Plata y que tiene dudas en relación a la suba del Paraná "No estamos seguros de lo que pueda pasar. Cada creciente es distinta y en lo inmediato pienso en vender la mitad de la hacienda y esperar". Opinó que "El agua que viene del Paraná por algún lado va a pasar" Se mostró preocupado por los terraplenes que se han construido en campos de la zona "nos van a tirar toda el agua a nosotros que somos los que menos tenemos"
Un año
Hace que los Gómez, tienen el suministro de energía eléctrica. Parece mentira, pero viviendo a 25 kilómetros de la autopista mas transitada del país, no contaran con algo tan elemental, mas allá de lo accidentada de la geografía."Nos arreglábamos con una lámpara a kerosén, el sol de noche, heladera a kerosen" contaron a duo. Son felices y no cambian su lugar en el mundo. Una vez al mes con su modesta embarcación, ponen proa a Paranacito, localidad en donde realizan las compras. "No me gustan los motores. Lo enciendo para andar en la lancha y punto. Ando a caballo y nada más" expresó Agacio.
Las crecientes
Como todos los habitantes de los bajos tienen una casa elevada del terreno por los repuntes y crecidas. Además en el techo de la vivienda, construyeron una casilla "Allí le hicimos frente a mas de una creciente" comentaron.
La pesca
"Antes no podíamos tener patos, porque estos con sus pichones se iban al arroyo y las tarariras se devoraban los pichones, pero después de la inundación del 83 se terminaron los peces.
Los camalotes
Un problema sin solución es el de los camalotes que taponan los arroyos, impidiendo de esta manera luego de una creciente el escurrimiento de las aguas. En su casa, Gómez saca lo que puede con un rastrillo. Elemento que al igual que una pala, resultan indispensables a la hora de navegar
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