ARMAS, DROGAS Y SERVIDUMBRE
Crimen aberrante que avergüenza
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Cuando alguien está en las malas desde hace mucho tiempo, cualquier puerta que parece abrirse genera ilusiones y expectativas. He visto filas de más de 200 personas esperando concretar una entrevista y entregar documentación para tres puestos de trabajo que se ofrecen.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano
Este deseo por momentos desesperado es aprovechado por redes mafiosas. Se presentan disfrazados de buenas personas que prometen estudiar o trabajar en otra Provincia o Estado, dibujando una realidad que nunca llegará.
En seguida el estudio y el trabajo son reemplazados por las cadenas de reducción a servidumbre o trabajo esclavo, prostitución, tráfico de órganos. Son mafia que también maneja la ilegalidad de las armas y las drogas. Cuando no alcanza con el engaño acuden al secuestro a la salida de la escuela, la universidad, la discoteca.
Esta acción criminal es favorecida por un modelo económico de explotación y opresión. La gran mayoría de las víctimas son mujeres: niñas, adolescentes, jóvenes.
En el barrio o el campo ellas son punta de lanza que, con su ingenio y creatividad, se dedican a pasar de una economía de la explotación del ser humano y degradación del ambiente a una economía del cuidado. Protegen a los más frágiles y son amigables con la casa común. Además, debemos reconocer que las oposiciones a sus tareas son muy fuertes, y tienen que remar contracorriente.
Hay una conexión muy estrecha entre economía y trata. Lo podemos ver en dos sentidos. Por un lado, este sistema concentra riqueza y expande pobreza y miseria, generando una angustiante búsqueda de oportunidades ante las necesidades de presente y futuro. Por otro lado, hay en la base del modelo la mirada que privilegia la obtención de dinero a cualquier costo, incluso de los derechos a la integridad de las personas, que son consideradas como mercancía a ser evaluada por la “anti-ley” de la oferta y la demanda.
El martes 8 de febrero se realiza la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata de personas. El tema que se dispone es: “La fuerza del cuidado: mujeres, economía y trata de personas”.
Hace falta una voz profética que denuncie estos atropellos, y a la vez unir la cercanía y acompañamiento a las víctimas.
El Papa Francisco tiene una firme postura: “Son organizaciones criminales que lucran con esto, esclavizando a hombres, mujeres y niños, laboral y sexualmente, para el comercio de órganos, para hacerlos mendigar o delinquir”.
Es necesario prestar atención a los gritos silenciosos que, desde la oscuridad invadida por el hedor rancio de tabaco, drogas y alcohol, claman justicia, libertad y dignidad.
Es el Cuerpo de Cristo avasallado, humillado, vejado. Son sus heridas abiertas que manan sangre inocente.
No tenemos que dar espacio a la indiferencia que invisibiliza, ni a la anestesia que no sufre como propio el dolor de hermanas y hermanos.
Las autoridades de los Estados tienen la obligación de cuidar a toda la ciudadanía, así como promover la verdad y la justicia.
Es nuestra vocación y misión acoger a las familias que viven con angustia la falta de información acerca de su hija, hermana, nieta... Llevan una carga pesada que se vuelve insoportable debido al ocultamiento y la inoperancia sostenidos por la impunidad y la corrupción.
Debemos comprometernos y luchar para construir una sociedad en la cual cada persona sea respetada en sus derechos y dignidad.
Estamos ante un crimen aberrante que nos avergüenza como humanidad.
*Arzobispo de San Juan de Cuyo (Argentina) y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

