Cristina marca el ritmo, Macri se prueba y Massa pelea por no bajarse
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/511/0000511943.jpg)
A cinco meses de las PASO los candidatos se aprestan a dar el zarpazo final. Con la Presidenta a la cabeza el gobierno hace todo lo posible para prolongarse, aunque a veces no lo parezca. Macri disimula su derecha para volverse más atractivo y Massa pelea con las filtraciones del techo. La polarización amaga con dejar a uno de ellos en el camino. Jorge Barroetaveña Si fueron dos golpes de knock out el tiempo lo dirá, pero el rival quedó tambaleando arriba del ring. Primero fue el salto que pegó Carlos Reutemann en Santa Fe. Emilio Monzó, el operador predilecto de Mauricio Macri, fue el que consiguió el milagro. El significado del acuerdo con Reutemann excede al Frente Renovador y al propio macrismo. El ex corredor es la 'pata peronista' que le faltaba a la centro derecha y que se venía resistiendo desde hace tiempo. Luego de tener a Carrió, de fuerte discurso antiperonista, Macri necesitaba algo para equilibrar la balanza y darle, al mismo tiempo, un atractivo a un electorado que le es remiso. Sobre este punto, el Jefe de Gobierno porteño ha sido inconsistente, porque navega de un lado para el otro, elogiando un día el ideario peronista y atacando otro a su dirigencia. El viernes pareció darle el punto final a la voltereta, confirmando desde Santa Fe justamente que su vice no será un radical y elogiando al 'Lole'. "No me pidió nada", resaltó.¿Preanuncio de lo que se viene?El otro golpe en la mandíbula massista fue la Convención Radical. Lejos quedaron los pronósticos de resultado cerrado. Sanz logró una mayoría amplia aunque no acallar a los descontentos. Atilio Benedetti, que peleará con De Angeli por la gobernación de Entre Ríos lo definió con claridad: "tuvimos que elegir entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad". La cuenta es fácil: PRO tiene candidato y los radicales, estructura. El resto cuenta poco y nada. Dependerá ahora de Sanz enhebrar el descontento de un sector del partido y al mismo tiempo preservar la situación en algunas provincias donde ya había acuerdos previos.El viernes un grupo de intendentes le explicitó su descontento al tigrense. No están conformes con el devenir de la campaña, mientras miran las encuestas de reojo. Aunque hay una dificultad aún mayor que amenaza el ideario massista: la falta de fondos. Scioli y Macri manejan el aparato del estado, y eso les facilita enormemente la campaña. Si encima los números se vuelven díscolos aumentan las dificultades para conseguir fondos. Macri dio una muestra en la Rural de lo que pasa: juntó una fortuna, aunque las primeras líneas empresarias no se animaron a dar la cara. Es el indicio más claro de hacia dónde perciben que se endereza la elección.Una certeza queda flotando y es uno de los grandes interrogantes de nuestra joven democracia: es cada vez más difícil estructurar una propuesta política y acercarla al electorado, sin el poder del estado. Es lo que está sufriendo en carne propia la candidatura de Sergio Massa. Y no es una buena noticia precisamente.Cuentan los íntimos que es la primera vez que Macri tiene la sensación que puede llegar a ser presidente. Para reforzar esa impresión dedicó la semana a mandar mensajes probándose ese traje. Dijo que levantará el cepo cambiario y despertó un debate entre los economistas. Y metió mano en el acuerdo con los radicales poniéndole límites: "yo no vendo pilchas. Esto no es una repartija de cargos", avisó, tirándole la pelota a su amigo político Ernesto Sanz. En su ánimo debe haber pesado la andanada de críticas que le llovieron del oficialismo sobre la reedición de una 'nueva-vieja' Alianza. La acusación, obvia, implica un desafío mayor. La realidad, igual es diferente a la de fines de los '90 cuando alumbró la Alianza. La UCR no es la misma, el FREPASO ya no existe como tal, tanto que hoy está en el gobierno y el contexto económico también es diferente. Pero el argumento de campaña vale y le es útil al oficialismo.Por arriba criticaron pero por abajo deben haber festejado. En secreto, una ola jubilosa inundó al oficialismo después de la Convención Radical de Gualeguaychú. Saben que fue otro golpe a la campaña de Massa, lo que implica una contribución directa a la polarización de la elección, en el rumbo que el kirchnerismo desea. Si hay que perder, perdamos con Macri es el razonamiento que desde hace meses sale del principal despacho de la Casa Rosada. Los discursos de Cristina son una muestra: cada vez que puede hace una referencia crítica hacia Macri. El objetivo es posicionarlo como su único rival en la campaña y ningunear a Massa. No hay otras lecturas.Desde el púlpito la mandataria le marca el ritmo a sus subordinados. Lo bajó a Marangoni de la Ciudad de Buenos Aires, para ungirlo a Recalde, desairando por enésima vez a Daniel Scioli. Lo bajó a Domínguez de la candidatura presidencial y lo llevó a la gobernación bonaerense. Y abunda en elogios y muestras de pantalla de televisión hacia Florencio Randazzo que es, por lejos, el candidato que más minutos de aire tiene en las cadenas nacionales. La movida final bien podría ser ella como candidata en la provincia junto a un nutrido grupo de jóvenes camporistas. Sería el moñito para el paquete que le espera a Daniel Scioli. Nada se moverá en estos meses en el cielo del oficialismo sin el ok presidencial. O ganamos todos o perdemos todos, no queda margen para otra cosa.Esta estrategia lleva, inevitablemente, a la polarización de las elecciones de octubre. Es, al cabo, el terreno más fértil, para el kirchnerismo. Donde ha sabido reponerse de caídas ruidosas, y resurgir como el ave fénix. Pero en esta elección habrá algo diferente a las anteriores: el ballotage particular que pergeñaron Menem y Alfonsín será estrenado. La presencia omnipresente de Cristina genera adhesiones y rechazos. Si todo se resume a un plebiscito sobre su figura, los riesgos de perder aumentan, no importa quién esté enfrente. El que llegue a ese mano a mano, es probable que tenga la Casa Rosada al alcance de la mano. En una sociedad como la Argentina aún es más fuerte el deseo de castigar que el de premiar. Con su estrategia, la Presidenta la está llevando a ese terreno.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


