Cristina niega pero acepta, mientras que Scioli duda y queda en capilla
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"No es un barrilete cósmico, es un delirante cósmico". Las palabras de un habitante de la Villa 31 de Buenos Aires le pusieron punto final al debate, o lo que se insinuó como tal. Es que Víctor Hugo, ese fenomenal relator de fútbol, que inmortalizó el gol de Diego a los ingleses en el '86, es el espejo en el que parece empeñado en reflejarse el gobierno. Jorge BarroetaveñaEn política llega un momento que la realidad no puede seguir disfrazándose. Paga mucho más sincerar la ecuación, plantarse y enfrentar el problema. A esta altura, después de 11 años de modelo, bien podrían darse el lujo de admitir algunas cosas, tratando de aceitar el camino para los que vendrán. Se ha vuelto incomprensible la actitud oficial de negar cuestiones que saltan a la vista. Pregunta: ¿no sería mejor blanquear los problemas y así allanarle el camino a Daniel Scioli o quién sea que represente ese espacio el año que viene? A principios de la década pasada, en medio del incendio del 2001, el ex Presidente Duhalde tomó una decisión que sabría marcaría a fuego su gobierno, y lo dejaría quizás para siempre en el baúl denso de la historia: la devaluación. La medida, que no se animaron a tomar ni Menem ni De la Rúa, provocó un sacudón que llevó años de recuperación y se convirtió en una fenomenal transferencia de recursos desde los sectores más pobres a los más ricos. Como suele suceder con estas medidas. Pero alguien tenía que hacerlo y pagar ese costo. La Presidenta hoy, quiere llegar a diciembre del 2.015 sin pagar costos, pensando que todo será responsabilidad del gobierno que venga. Esto es lo que hace pensar en esa teoría política increíble que afirma que el kirchnerismo duro prefiere que gane Mauricio Macri, antes que cualquiera del palo, y muchos menos Daniel Scioli.Desmentido con palabras pero ratificado con hechos, ese parece ser el camino. Y Víctor Hugo Morales, con su justificación de las villas y la felicidad de la gente de vivir en ellas, es el paroxismo de ese discurso justificador e inútil que sólo provoca malestar e indignación en el que lo escucha. Si Morales lo dijo con sinceridad, genial. Podría vender sus departamentos en Manhattan y en París e irse a vivir a un 'dúplex' en cualquiera de las villas de Capital o el Gran Buenos Aires. Si sólo lo dijo en su rol de justificador serial, tuvo que doblar tanto su discurso, que acabó usando un argumento de derecha, más cercano al PRO de Macri que a los ideales progresistas del kirchnerismo. Pocos pensamientos deben ser más reaccionarios y derechosos que justificar las villas con la alegría de la gente de vivir en ellas. Aunque parezca mentira Víctor Hugo lo dijo.Este grotesco es apenas una muestra. Lo mismo pasa con los problemas económicos cada vez más evidentes o con la inseguridad que campea en los grandes centros urbanos, sin contar la realidad de los pueblos pequeños del interior del país. Entre la negación y la aceptación, hay caminos alternativos. Negar significa que el problema no existe y por ende no se busca una solución. Y el kirchnerismo, sinceramente, no hace eso. Lo niega en público pero lo ataca en privado. Con armas equivocadas y errores, puede ser, pero no lo evita. La propia Presidenta encabezó una reunión tensa con las automotrices que 'encanutan' los autos, y hace pocas horas lanzó un plan para intentar reactivar el consumo, piedra basal del desarrollo para el kirchnerismo en la última década. Con limitación discursiva bucea una salida, por eso irrita más aún la negación sistemática e hipotecar, indirectamente, las chances de victoria de un sucesor, puro o impuro.Ocho meses después de la devaluación de enero, todo está como era entonces. La inflación se comió el 20%, el Banco Central ha vuelto a encender las alarmas en sus reservas, aparecieron los buitres y el consumo se estancó. Al cóctel se sumó el sinceramiento de las tarifas, con la quita de subsidios, que recién está impactando de lleno en los hogares y en las industrias. La economía no crece y eso presiona sobre los niveles de empleo. Las expectativas pues, para un gobierno en retirada, son difíciles de modificar.Tampoco se van a modificar haciendo un análisis de las noticias que dan o dejan de dar los medios de comunicación. Esa obsesión por lo que se dice o se publica, olvida que la Presidenta sacó el 54% de los votos con 'todos' los medios en contra, como suele definir. O que Menem, en 1.995, consiguió su reelección, jaqueado por las denuncias de corrupción que escupía Lanata desde Página 12. Y sacó más votos que en 1.989. Esta idea sobre los medios y los periodistas es, en el fondo, una gran subestimación del ciudadano común. Es pensar que no posee espíritu crítico, como si fuera una hojita en el mar a merced de los vientos. Los periodistas no van con la gente al supermercado, ni la acompañan a la escuela ni cuando se tiene que tomar un colectivo a las 5 de la mañana para ir a trabajar. Cada uno construye su propio mundo desde un lugar personal. Por supuesto que las influencias externas existen, pero no pueden construir ficción. Estos 10 años han sido un ejemplo claro.Mientras el gobierno nacional lucha contra sus propios fantasmas, Scioli se debate entre ser y no ser. Es probable que no sepa todavía hasta dónde inclinarse por uno u otro. Sabe que no lo quieren, que con el peronismo dividido sus posibilidades de victoria se acotan. Que la agudización de los problemas económicos también le juega en contra, tanto como su negación permanente y sistemática. Pero no toma la decisión de romper. El Presidente del Banco Provincia, Marangoni pidió por los billetes de 200 y 500 pesos. Es un reconocimiento implícito a lo que se ha depreciado el peso en los últimos dos años. Scioli se lavó las manos y ni siquiera fue capaz de apoyarlo. ¿Será miedo? ¿La conciencia de la lealtad? ¿El manejo de los tiempos? ¿La data que le pasan sus encuestadores sobre el componente de voto que lo apoya, que mayoritariamente proviene del kirchnerismo? Nadie lo sabe a ciencia cierta, la cuestión es que el tiempo pasa y las definiciones no llegan. En política siempre se pagan costos, pero es preferible pagarlos por tomar decisiones que por evitarlas. Scioli llegó lejos con su estilo de hacer política, tanto que aspira a ser Presidente de la Nación. También parece haber llegado a su hora cumbre. Tendrá que elegir entre ser él mismo o casarse para siempre con sus indefiniciones. Un terreno del cual siempre es difícil volver.
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