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Cristina y sus dólares, la rueda de auxilio del Presidente Macri

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Cristina y Macri
Nada debe ser como lo imaginaron. Ni siquiera la actitud de los jueces de borrar con el codo lo que escribieron con la mano. Eso ayuda claro, mucho, pero hay señales de fatiga. Es bueno y positivo que un gobierno dé marcha atrás. Que reconozca errores si los comete. Pero el exceso en política, termina siendo sinónimo de debilidad.

 

Jorge Barroetaveña

 

 

Apenas se hizo cargo del gobierno, los pedidos en Cambiemos arreciaron. Hay que contar lo que recibimos, la herencia que nos deja el kirchnerismo y hasta dónde eso nos condiciona. Macri optó por seguir pegado a su estilo de campaña, ese de hablar más del futuro que del pasado, de prometer el paraíso sin demasiado esfuerzo. La historia dirá si se quedaron cortos, aunque cuando intentó hacer un balance de lo que encontró, en su primer discurso de inauguración del Congreso, pareció demasiado tarde. Y todo indica que ya no es tiempo de hacerlo. La herencia es la herencia y allí quedará con su inventario. Es aquí y ahora, como también solía usar como muletilla Macri en la campaña. Paradójicamente, es la economía y no la política la que le provoca más dolores de cabeza al nuevo gobierno. A priori un congreso en minoría podría haber sido un obstáculo insalvable. Pero la derrota peronista del año pasado, un liderazgo en retirada como el de Cristina y los escándalos de corrupción hicieron lo suyo. En el medio claro, Macri no dudó en utilizar el viejo método de la chequera, para disciplinar a más extraños que propios. Aunque con una diferencia: por primera vez fue más plata para provincias opositoras que oficialistas. Por imperio de las circunstancias y la necesidad de aprobar leyes clave que no dejaran dudas sobre quién tenía el poder. Y la estrategia dio resultados con espadas filosas como Michetti, Pinedo o Monzó en el congreso y Frigerio trajinando el interior y convenciendo a los gobernadores de las bondades de apoyar el nuevo gobierno.

El pago a los buitres, el acuerdo para los jueces de la Corte, el blanqueo, el pago de los juicios a los jubilados, fueron algunos de los triunfos políticos de Cambiemos en estos primeros meses. Sin embargo, así como los interlocutores en política siempre estuvieron claros, en economía la cosa nunca salió de la nebulosa. En los últimos 30 años, la figura del Ministro de Economía después de una crisis emergía potente. Cavallo y Lavagna, más allá de sus resultados, fueron un buen ejemplo. Enderezado el barco, Néstor Kirchner prefirió seguir solo y prescindir de Lavagna para terminar el trabajo. Y quedó la impresión que la conducción económica podía ser ejercida por el poder político. ¿Alguien se acuerda de los ministros de economía de los últimos años salvo el pobre Lorenzino cuando casi llora porque no quería hablar de inflación? Si la imagen más potente fue la de Moreno apretando empresarios y comerciantes para que no subieran los precios.

 

El Presidente rodeado de empresarios

Macri optó pues por hacer deliberadamente difusa la conducción económica. Se rodeó de ex gerentes de empresas y a Prat Gay le tiró la responsabilidad casi única y excluyente de salir del cepo y acordar con los hold outs. Lo hizo pero ya no alcanza. La impericia quedó expuesta en la decisión de cómo hacer el ajuste fiscal. El grueso de la ayuda social que el kirchnerismo dejó por herencia no se tocó. Hoy hay más AUH que antes y se amplió la base de jubilaciones sin aportes. Sin contar que la obra pública será financiada con créditos internacionales. ¿Qué quedaba pues para el ajuste? Los subsidios, una masa monumental de plata que servía para enmascarar tarifas demagógicas y permitirles a las empresas invertir poco y nada en mejorar los servicios.

“Estos muchachos, entraron al quirófano pero en lugar de usar bisturí, usaron una motosierra”, definió Massa hace pocas horas. Es una buena forma de definir los errores que cometió el gobierno y que le implicaron tener que soportar la primera protesta nacional.  Las idas y vueltas sometieron a tal desgaste al Ministro del área, Aranguren que sus horas parecen contadas. Macri se enfrenta al viejo dilema de la fortaleza o la debilidad si cede ante los pedidos de cabeza, de propios y extraños. Poco contribuye el ruido que hace aparecer cediendo ante las presiones, para un gobierno que todavía rinde pruebas de gobernabilidad por su origen no peronista.

 

Las promesas pendientes

Pero el tarifazo no es lo único. La lluvia de inversiones todavía está pendiente, tanto como los empresarios apostando por el país tratando de no subir los precios. Las dos cosas, sobreestimadas en el cómputo del macrismo, también podrían ser contabilizadas como  errores de cálculo. Algún exégeta podrá definirlo como exceso de confianza en el mercado y es probable que tenga razón. Aunque eso tampoco significa que el método Moreno haya sido bueno. Ni el dejar hacer dejar pasar, ni el controlo hasta el aire que respirás son buenos. Ninguna economía desarrollada del mundo funciona de esa manera.

Cada día que se levanta el Presidente le debe agradecer a la ambición desmedida de los que lo precedieron en el cargo. La impúdica obscenidad del amor por el dinero de muchos ex funcionarios kirchneristas le está haciendo un favor impensado. Esas montañas de dólares que la televisión escupe a cada hora, no hacen más que darle un aire que las decisiones propias amagan con terminar. Por ahora, el desencanto con la política que los Kirchner han dejado como legado puede más. Qué extraño no? Hasta hace un tiempo comprar dólares en la Argentina era ser anti-patria. Los Kirchner parece que cambiaron de opinión. El detalle es que nunca se encargaron de avisarle a los que creyeron en su mentira.

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