Opinion |

Cristina ya prometió que no volverán las cadenas nacionales

Se mueve el barco. Las olas son grandes y el viento arrecia. Si todo es atribuible al año electoral habrá que aguantar, como pidió Peña. Si es lo contrario, habrá que prepararse para lo que venga. Igual, los argentinos hemos pasado por tantas. Qué le hace una mancha más al tigre que ya está negro de tantas c…   Jorge Barroetaveña   Las elecciones del 2017 parecieron marcar un quiebre en la confianza de un gobierno que debió salir fortalecido de aquel turno electoral. Ganó. Volvió a ganar por un margen importante, aumentando su volumen parlamentario. Pero sobre todo, aquel resultado electoral sirvió para ratificar que iba a llegar al final de su mandato. Nadie lo dudó salvo los eternos apostadores del helicóptero, hoy casi resignados a esperar las elecciones de octubre. A poco de andar se embarcó en una reforma previsional que le hizo dejar girones de lo conseguido. En el medio llegó una insólita pelea entre el Banco Central y la Jefatura de Gabinete por la inflación y las intervenciones en el mercado. Es cierto que la disparada de las tasas internacionales lo dejó sin financiamiento y tuvieron que recurrir al Fondo. Pero también es cierto que no habían hecho los deberes mientras tuvieron tiempo y la confianza general para hacerlo. La recurrencia al Fondo, antes que una señal de fortaleza fue de debilidad. Si no hubiera sido por el apoyo de Estados Unidos, Argentina hubiera caído otra vez en default. Otra vez. El problema no es el Fondo, somos nosotros que lo buscamos porque no había más plata en el fondo de la lata. Las agujas electorales son las que más duelen. La incertidumbre del proceso electoral que se avecina con un gobierno en ascuas, hace temblar todo. Encima es víctima de su propio veneno. Macri se encargó de inocular la peligrosidad de Cristina Kirchner. Agitó su fantasma y, jamás lo admitirá, vio con cierta alegría ingenua que no fuera presa. En cualquier país más o menos serio, como pasó con Lula en Brasil y otros ex presidentes, Cristina hubiera seguido el camino de muchos de sus ex funcionarios. De vicepresidente para abajo. El peronismo no se va a morir nunca. Irá mutando, buscando la cara más amable de acuerdo con cada elección. Es lo que está pasando ahora. Cristina, la más potente y mejor posicionada no es seguro que los lleve a la victoria. Pese a una encuesta que provocó revuelo, su sola presencia todavía genera dudas. Si no es ella ahí están en el banco de suplentes Roberto Lavagna (fogoneado por los empresarios y algunos medios) y Sergio Massa que espera que se alineen los planetas y quede como el candidato presidencial de toda la oposición, al menos la más emparentada al PJ. Los puentes se van aceitando y los contactos se multiplican. Cuanto peor, mejor piensan algunos. Se olvidan que el próximo gobierno deberá arreglar los desaguisados que vienen de arrastre, y que incluyen no sólo a Macri sino a la propia Cristina. Si Cristina es Presidenta. ¿Se declarará el default de la deuda? ¿Argentina otra vez dejará de pagar? ¿Se viene otro cepo cambiario y no habrá más dólares? ¿Intervendrán el INDEC y volverán a dibujar los números de la inflación? ¿Bajarán las tarifas de los servicios públicos? ¿Disminuirán la presión impositiva llevando alivio a pymes, economías regionales y humildes ciudadanos que están podridos de pagar impuestos? ¿Abrirán las puertas de las cárceles y todos los presos ‘políticos’ quedarán en libertad? ¿El multimedios Clarín y ahora Telecom estarán en la mira del nuevo gobierno? ¿Volverá 6-7-8 a la Televisión Pública y las cadenas nacionales desde el Patio de las Palmeras en la Casa Rosada? ¿Macri y todo su gabinete irán presos, a ocupar el mismo lugar que hoy ocupan Boudou, Báez y De Vido? ¿Cristina le perdonará la vida para agitar el fantasma de su vuelta y asegurarse una nueva reelección en 2023? Ese país, que muchos han comenzado a pensar de nuevo, no está tan lejos. Si Cristina le pelea mano a mano la segunda vuelta a Macri, ¿por qué no pensar que podría ganarle directamente en primera vuelta? El sistema argentino, bien argento, establece que entre 40 y 45%, con más de 10 puntos de ventaja sobre el segundo, se termina la elección. ¿No es ese acaso un escenario posible si la crisis se extiende y ningún otro candidato peronista puede hacer pie? Poco consuelo para Cambiemos es batir el parche con que serán el primer gobierno no peronista que terminará su mandato. Las expectativas con las que llegaron al poder fueron mucho más que eso. Quedarán en la historia por haber desperdiciado la oportunidad de reeditar el bipartidismo en la Argentina, de contribuir a la gobernabilidad por coaliciones y a superar el escollo de no tener mayoría parlamentaria. Lejos quedarán las expectativas de una reforma política en serio, una impositiva que privilegie a la clase media productiva o una judicial que nos deje certezas de tener una justicia independiente en serio y no expuesta a los vientos políticos. Los que dijeron lo que dijeron de Macri dirán que habrán tenido razón. Y los que votaron para dar la vuelta de página a 12 años de kirchnerismo, tendrán la intransferible sensación de salto al vacío. Así es la Argentina y así somos los argentinos.      

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