Cuando el espejo no refleja la imagen deseada
Una de las notas distintivas de la época es la conquista social alcanzada por las mujeres. Pero la idea de la perfección corporal, se ha convertido en un tormento para muchas de ellas.Entre los hechos que la cultura de nuestros días postula como positivos, dentro de la aspiración universal por la igualdad de oportunidades, está el protagonismo alcanzado por la mujer.La nivelación hombre-mujer, en el sentido de superación del machismo existente en la mayoría de los países, así como el acceso de la mujer a todo tipo de actividades profesionales, hasta hace poco reservadas para los hombres, ha sido la revolución antropológica de las últimas décadas.La nueva condición femenina va evitando la discriminación política, intelectual, profesional y artística. Se trata de una actitud que alienta a la mujer hacia un mejor despliegue de su proyecto personal.Sin embargo, una fuente de insatisfacción femenina de la época, que es causa de dolor en muchas mujeres, tiene que ver con la autoexigencia corporal o el deseo de alcanzar una belleza física inalcanzable.Días atrás se supo que siete de cada diez mujeres no se gustan frente al espejo, según una encuesta de D'Alessio Irol. Además, más de la mitad de las encuestadas, se hizo una cirugía o desearía hacérsela.La periodista Gisele Sousa Días, del diario Clarín, comentaba así estos números: "Es probable que no exista una mirada más cruel, violenta e impiadosa como la propia. Pararse desnuda frente al espejo, estirarse la piel y sentir cada letra de la expresión 'qué asco'"."Muchas mujeres -inteligentes, profesionales, que jamás tuvieron un trastorno alimentario- no pasan los muros de la belleza que ellas mismas levantan", escribió.Al parecer, no son pocas las mujeres que reproducen a aquella reina desdichada del cuento que inquiría obsesivamente a su espejo mágico: "Espejito, espejito, ¿quién en la tierra es la más bella de todas?".El cuento de hadas, en la versión más conocida de los hermanos Grimm, da cuenta de la tortura que significó para la reina la aparición de Blancanieves, que llegó a ser más hermosa que ella.Fue el espejo, justamente, el encargado de dar la mala noticia: "Reina, estás llena de belleza, es cierto, pero Blancanieves es más bella que tú".Las Blancanieves de hoy encuentran su réplica en los cuerpos imposibles de mujeres del mundo de la moda y del espectáculo, cuya hermosura parece una concesión exclusiva de la divinidad."Lamentablemente, como la belleza paga, vemos chicas de vientipico colocándose bótox para borrarse las líneas naturales de expresión. O jóvenes que se agrandan el busto a pedido de los novios. O mujeres que no tienen intimidad para no mostrar el cuerpo", refiere Mónica Katz, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro.El cirujano plástico del Hospital Ramos Mejía, Alberto Abulafia, cuenta que la autoexigencia no sólo es propia de jovencitas confundidas. "He llegado a atender a una señora de 79 años que había conocido a un hombre, quería intimidad y no soportaba verse las mamas caídas", contó."Forzar de este modo la realidad conlleva mucho sufrimiento", postula por su lado María Luisa Rijana, presidenta de la Asociación Argentina de Clínica Estética. "Hay mujeres que vienen porque se casa un hijo y quieren hacerse lo que sea para tener el cuerpo como el de la novia. Vienen con medio centímetro de grasa en la cadera con la fantasía de que le rebanemos un pedazo", afirmó.Cuando el espejo no devuelve la imagen anhelada, en suma, se desata una sensación de eterna insatisfacción femenina.
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