Cuando el fútbol deja de ser un mero deporte
La omnipresencia del fútbol, con jugadores devenidos en ídolos, canchas que son como templos modernos, simpatizantes en estado de trance y transmisiones televisivas interminables, sugiere que se mire el fenómeno con otros ojos. La tesis no es nueva. El intelectual norteamericano Noam Chomsky, por ejemplo, cree que no hay que subestimar el conjunto de los deportes como pieza constitutiva de la democracia de masas."Los deportes juegan un rol social en la procreación de actitudes patrioteras y chauvinistas, organizando una comunidad que se compromete con sus gladiadores", escribió.La observación invita a remontarnos a la Roma antigua, en la cual los poderes de la época, es decir los emperadores, montaron grandes celebraciones en el Coliseo, para entretener a la multitud.Dichos poderes, según la conclusión de varios historiadores, hallaban en estos espectáculos públicos una manera de distraer a la población, haciendo que desvíen su atención de los problemas más acuciantes.El poeta latino Juvenal acuñó en el siglo I de nuestra era, el aforismo "Panem et circenses" ("Pan y circo"), para referirse a los "antídotos" que utilizaban los poderes constituidos, para sofrenar los conatos de rebelión de las masas.¿En qué medida el fútbol, como deporte hegemónico, no repite esta estrategia? ¿No son Messi y Ronaldo los modernos gladiadores redivivos, héroes vestidos de corto corriendo detrás de un balón, quienes despiertan la adoración del Coliseo-estadio global?Además, no son pocos los que piensan que los hinchas de fútbol del planeta son los creyentes de una religión que se practica en escenarios convertidos en verdaderos templos, y celebrados por el sistema de medios audiovisuales.Es lo mismo que aceptar la tesis según la cual vivimos una época en la que las religiones han sido sustituidas por deportes como el fútbol. Aquí también los poderes constituidos -el político y el económico- están interesados en que la pelota no deje de rodar.Para intelectuales como Juan José Sebreli, esta neo religión secular -que se impone en un contexto cultural de profundo vacío espiritual-, es el nuevo "opio" de las masas (siguiendo la afirmación de Marx con respecto a las religiones).Por otro lado, la tecnología audiovisual, con su capacidad de instalar lo virtual como sucedáneo de lo real, ha potenciado una relación paradójica con el deporte.Esto a partir del hecho de que no es lo mismo consumir deportes por los medios de comunicación que practicarlos. Porque del hábito de mirar fútbol por televisión, por ejemplo, no se sigue una proporcional práctica de ese deporte.Es como si se buscara en las imágenes y en los relatos del deporte-ejercicio una compensación ilusoria para su impotencia efectiva. Es como si la efervescencia cerebral o imaginativa compensara la pereza muscular.Por eso alguien escribió por ahí que "el deporte es una religión que tiene demasiados creyentes y muy pocos practicantes" (por lo demás, los expertos en salud vienen advirtiendo que el hábito de mirar televisión es el que más aporta al sedentarismo, considerado una verdadera epidemia mundial).El consentimiento global alrededor sobre todo del fútbol -que involucra tanto a las elites como a la masa de la población, y en conjunto a los poderes del establishment- es un fenómeno que trasciende ampliamente la práctica del mero deporte.Se diría que se está ante un hecho social multidimensional, una de cuyas facetas más inquietantes es el carácter casi místico que rodea a la pelota y a sus ídolos.
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