Cuando es tabú decir cuánto dinero se gana
La relación del argentino con el dinero es al menos curiosa. Pareciera que mientras lo exige, y a veces con desesperación, en un punto lo avergüenza exhibirlo. La cuestión le llama la atención a Nicolás Litvinoff, un economista que dirige el foro "Hablemos de dinero", en el cual los lectores del diario La Nación, en un juego interactivo, le hacen preguntas sobre microeconomía.Hace poco relató el impacto que produjo entre los lectores la pregunta de un consultante, Gregorio, quien confesó que ganaba 6.900 pesos por mes pero no sabía cómo ahorrar.La intervención concitó más de 1.000 comentarios en un día, la mayoría de ellos agraviantes hacia Gregorio. La acusación que pesaba sobre él era que resultaba inconcebible que con esa plata, con un sueldo tan alto, no pudiese ahorrar.Más allá de esta discusión, Litvinoff detectó que la gente se vuelve "rara" cuando se habla del tema de los ingresos propios. En su opinión, en Argentina (y en varios países de Latinoamérica) el tema del sueldo es tabú. Es decir, de eso no se habla.No es así, sin embargo, en Estados Unidos donde las personas hablan abiertamente de lo que ganan por año sin ningún complejo. "Ante cualquier requerimiento, un anglosajón te dirá al momento cuántos son sus ingresos en términos anuales sin siquiera pestañar".Visto en estos términos, se está en realidad ante una cuestión idiosincrática. Y a decir verdad, el planteo no es nuevo. Se han escrito ensayos para explicar la atipicidad del capitalismo argentino.Litvinoff ofrece algunas hipótesis para explicar por qué entre nosotros se construye un manto de misterio alrededor del dinero que se gana. Especula que algunos pueden sentirse ofendidos ante "Gregorios" que ganan medianamente bien en un país donde el sueldo promedio está en los 3.000 pesos.Otra razón que hace que los argentinos sean renuentes a decir lo que ganan puede estar vinculada a la presión impositiva. Y esto porque hay personas con determinado estatus económico que tienen parte de sus ingresos declarada y otra no.El economista detecta una creencia criolla, muy extendida, según la cual ser rico es sinónimo de deshonestidad. "Pareciera haber una noción en el inconsciente colectivo de que las personas que hicieron dinero en Argentina deben necesariamente haber explotado o estafado a otra(s) persona(s)", dice.Por tanto, "altos ingresos, corrupción y negocios turbios parecieran ir de la mano", resume Litvinoff, quien concluye que los Gregorios están condenados a mantenerse en el anonimato y a no hablar de lo que ganan, para que no se los sindique como corruptos o ladrones.¿Es que los argentinos no aman la riqueza y todo el bienestar que reporta el capitalismo? Todo lo contrario. ¿Y entonces? El escritor Enrico Udenio dedicó un libro para explicar esta incoherencia -que llevada al plano ético tiene otro nombre: hipocresía- con el sugerente título "Corazón de derecha, discurso de izquierda".Su tesis central es que esta esquizofrenia está instalada en la población, que es de izquierda desde "la palabra crítica al capitalismo" pero desde el "corazón" adhiere al estilo de vida de la mayoría de los países desarrollados capitalistas.Aquí resulta "políticamente correcto" ser progresista, en el sentido de que cae bien despotricar contra el sucio dinero y el capital, y sus dueños, aunque quienes hacen esto se hayan enriquecido y vivan como burgueses.Según Udenio, la impostura de los argentinos obedece a un intento fallido de "quedarse con lo más agradable del capitalismo y del socialismo". Desde aquí se explicaría, también, por qué conviene callar lo que se gana.
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