Cuando fagocitar el Estado es peligroso
Muchas veces en distintos relatos confundimos roles hasta en los cuales tenemos importante participación, el del estado, del cual seguramente todos somos parte y el del gobierno donde algunos pocos tienen la responsabilidad de guiar con distintas clases de políticas, seguramente adecuadas, los destinos de este Estado. José Luis Regalado*OpiniónVemos sucesos que no condicen con los roles mencionados; quien gobierna debe garantizar que las distintas instituciones que integran el estado gocen de buena salud para que este sistema de gobierno tenga el equilibrio necesario, y lograr llevar con éxito los programas de quienes guían nuestro destino con los controles debidos.Cuando el gobierno confunde el rol y pasa a creer que él es el estado, las situaciones comienzan a complicarse para muchos en este sistema de gobierno democrático, existe esta posibilidad y algunas actitudes de los que nos guían, comienzan a encender luces rojas.El gobierno tiene un ejército aceitado y un monopolio encubierto de prensa que nunca reconocerá y que trata de someter a instituciones acometiendo a estas o denunciado a sus integrantes hasta con algunos miembros del gabinete, para luego remplazarlos y poner personal afín como lo son a veces la Cámpora, hoy tan de moda.Un ejemplo claro fue el ataque que sufrió la procuraduría general de la nación tiempo atrás por miembros del gobierno, en el caso del Dr. Esteban Righi, y el escándalo del candidato Reposo propuesto por el gobierno para aparentemente congelar el caso Ciccone y el de Amado Boudou.Los nombramientos que este sistema, por su mayoría en las cámaras, les da para poner en instituciones claves del estado a personas, no solo afines ideológicamente, sino a aquellos obsecuentes que operan con inclaudicable obediencia debida al gobierno, sin pensar que también forman parte de un estado.Hoy, la señora Hebe de Bonafini, con aval del gobierno seguramente, se da el lujo de escrachar a miembros de una institución como es el Supremo Tribunal de Justicia. Cuando no puede llegar a cooptar o subyugar una institución, la ataca y la somete; esa es la política oficialista de hoy, un pañuelo blanco parece tener la venia para cualquier acto impropio que el gobierno no puede realizar.Dijo una vez nuestro filósofo futbolero: "La pelota no se mancha", la lucha de los pañuelos blancos tampoco debería mancharse o ser usada. En 1655 Luis XIV en un contexto de monarquía absoluta y con solo 16 años dijo "El estado soy yo" en pleno parlamento, donde puede aducirse a su inmadurez.Realmente actitudes de nuestra clase gobernante hacia instituciones estatales dan pautas que realmente condicen con un sometimiento a éstas para licuar al estado en el gobierno. Más de 350 años pasaron de esta pequeña frase que marcó algo importante pues hoy aun la mencionamos como el ejemplo de algo que nunca debemos confundir, el estado y el gobierno, que solo una monarquía absoluta se puede dar el lujo de llevar a cabo, y terminar después en una lucha para disociarlas. * Docente, dirigente gremial
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

