Cuando la droga ya es parte del paisaje
"Naturalización", un concepto clave en sociología, es un fenómeno que lleva a los hombres a considerar sus acciones y sus creencias como naturales. ¿Es lo que está pasando con el consumo de drogas?A juzgar por el último documento de la Iglesia Católica sobre el tema, donde se alerta sobre la "creciente tolerancia social" frente a la problemática, todo indica que se está frente a algo que ha mutado en forma inquietante."Con total naturalidad, hoy se admite que los chicos se droguen en la calle y en las plazas, y algunos identifican la venta de drogas con cualquier trabajo legítimo". Eso dijo el presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, monseñor Jorge Lozano, al presentar el documento "No criminalicemos al adicto"."Antes daba vergüenza ser narcotraficante. Hoy se justifica esta actividad ilícita y se argumenta que si uno no lo hace, lo hace el otro", denunció el obispo de Gualeguaychú, al dar a entender que la droga parece haber ganado una batalla cultural clave, al devenir en parte del paisaje.Como somos proclives a creer que lo que se "hace" es lo deseable, que la tendencia sociológica dominante dicta por sí sola lo que "debe hacerse", tanto en el plano moral como intelectual, la cuestión adquiere ribetes preocupantes.El hombre, sin duda, es un animal adaptante. De ahí que exista el acostumbramiento social al entorno. De suerte que lo que antes pudiera parecer aberrante y anormal, a fuer de fijarse en la vida cotidiana, termina por ser tolerado como algo normal.¿Ha adquirido la droga entre nosotros carta de ciudadanía, de suerte que nos hemos acostumbrado a su presencia, y por tanto no ponemos resistencia hacia su consumo, que es el paso previo a la legitimación social?Una sociedad, por lo visto, puede adaptarse a lo peor. Por ejemplo, puede habituarse a la corrupción, al fraude y a la mentira, y a vicios como: sobornos, privilegios y favoritismos, uso discrecional y arbitrario del poder y otras yerbas.A la adaptación a lo criminoso y anormal, a "la aceptación como estado habitual y constituido de una irregularidad", de algo que mientras se acepta sigue siendo indebido, José Ortega y Gasset le llamaba "encanallamiento".En un punto la droga es parte de la corrupción, porque todo lo que ella toca lo envilece y destruye. "Los problemas vinculados al consumo de drogas son cada vez más preocupantes", refiere el documento de la Iglesia Católica."No solamente por la evolución del consumo y el tráfico, la demanda y la oferta, sino fundamentalmente porque están relacionados con episodios que afectan sensiblemente a la sociedad en su conjunto", sostiene.Se trata de un flagelo que ataca, sobre todo, a los que han perdido razones para vivir, y en este sentido afecta a todas las categorías sociales. A los que en medio de la abundancia "han perdido el sentido de la vida", refiere el documento eclesiástico, y a los pobres y excluidos que "están solos y abandonados".¿Se puede ir contra la droga en una sociedad que por su lado se muestra adicta, que revela muchos rasgos compulsivos? "Tenemos adicción al poder, al vértigo, a la transgresión y a las marcas", reconoció no hace mucho Carlos Souza, de la Fundación Uylén para la Prevención y Asistencia de las Adicciones.El problema, dijo, es cuando la sociedad termina acostumbrándose a los casos de adicción. "Un adicto a las sustancias psicoactivas se familiariza con hábitos destructivos. Nosotros nos familiarizamos con las cifras; ya no nos conmueven: son números", reconoció.
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