Cuando la educación refleja la desigualdad
En la mayoría de las sociedades, incluso en las de más alto desarrollo económico, las disparidades educativas suelen reflejar las disparidades socioeconómicas de los hogares.Sean F. Reardon, profesor de educación y sociología de la Universidad de Stanford, escribió que en Estados Unidos los hijos de los ricos tienen en promedio mejor desempeño escolar, obtienen mejores notas en los exámenes que los estudiantes más pobres."También tienen índices más altos de participación en actividades extracurriculares y en puestos de liderazgo en la escuela e índices más altos de graduación, de inscripción en la universidad y de finalización de los estudios superiores", afirmó.Tras analizar los datos históricos, Reardon llegó a la conclusión de que esta diferencia de éxito educativo entre los estudiantes de altos y bajos recursos se ha ampliado considerablemente en las últimas tres décadas.Según su investigación, antes de 1980 los estudiantes ricos les llevaban poca ventaja a los estudiantes de clase media en rendimiento académico. "Pero ahora los ricos superan a la clase media por el mismo margen que la clase media a los pobres", afirmó.Todo indica que la brecha académica reproduce o refleja la creciente desigualdad de ingresos, confirmando la sospecha de que el sistema educativo, en lugar de ser un dispositivo igualador de oportunidades, sólo refuerza las disparidades preexistentes.¿Acaso la relación entre ingresos familiares y éxito educativo es un patrón inmutable e inevitable? Reardon se niega a creer eso, y de hecho matiza la cuestión señalando que el otro factor que explica la brecha académica, más allá de los ingresos, es un concepto cultural."Lo que ocurre es que las familias de altos ingresos están concentrando cada vez más sus recursos -su dinero, su tiempo y el conocimiento de lo que hace falta para tener éxito en la escuela- en el desarrollo cognitivo y el éxito educativo de sus hijos", refiere al respecto.La brecha educativa entre ricos y pobres es un tópico que no sorprende en América Latina, y en el caso argentino no pocos creen que aquí se detecta una de las grandes deudas sociales.Pese a que en la región Argentina aparece como un país de alto desarrollo social hay indicadores que desconciertan, como el que dio no hace mucho la UNESCO, y según el cual sólo el 50% de los adolescentes argentinos completa el secundario.Para Daniel Arroyo, presidente de Poder Ciudadano y ex ministro de Desarrollo Social de la Nación, ese porcentaje está asociado a la desigualdad socioeconómica. "La mitad de los jóvenes desocupados no tiene el secundario completo y la otra mitad sí, con lo cual ahí hay un problema porque no aparece como un diferencial el tener la secundaria", señaló.En Argentina está instalada la idea de que la escuela pública es la gran niveladora social. Sin embargo, se observa en los últimos años una declinación de la matrícula en la enseñanza primaria estatal, según datos oficiales.La matricula total estatal desciende un 7% a partir del 2003, a pesar que la población aumentó. Ese año, la matricula privada aumentó un 18%. ¿Un signo de retroceso de la escuela pública?La educación gratuita y de calidad es uno de los rasgos de los países nórdicos. En Finlandia, por ejemplo, hoy las escuelas son gratuitas e iguales para toda la sociedad e incluyen no sólo la enseñanza, sino también el material didáctico, el transporte y el comedor.Allí los maestros tienen un gran prestigio y es muy difícil entrar en la carrera docente porque el proceso de selección es exigente, al tiempo que las familias valoran que sus hijos estudien.
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