Cuando los hijos extienden su estada en la casa paterna
Hubo un tiempo en el cual los matrimonios sufrían el síndrome del "nido vacío", después que sus hijos crecidos dejaban la casa. Hoy, en cambio, se demora la salida de los jóvenes del hogar paterno.Hasta aquí se creía que madres y padres mayores de 50 años debían procesar la ausencia que genera la inevitable emancipación de sus vástagos, quienes crecidos hacen nido en otra parte.La pareja, en esa circunstancia, debe reinventarse, enfocándose en ella misma, en pleno otoño de la vida, empezando a disfrutar de un tiempo de más libertad y relajamiento.Lejos de la obligación de sostenedor materialmente a sus hijos, el matrimonio entra así a un estadio vital en el cual hay que tramitar el alejamiento de aquellos con vistas a emprender algo nuevo, asociado a satisfacciones postergadas.Sin embargo, este proceso ha empezado a formar parte del pasado, según cuentan psicólogos y médicos, en cuyas consultas se encuentran con parejas que vienen con el síndrome contrario: el del "nido lleno".Se trata de padres cuyos hijos de 30 años no pueden o no entra dentro de sus planes abandonar la casa que los vio nacer, prolongando indefinidamente su estada en ella.El fenómeno es muy reciente, refiere la endrocrinóloga Alejandra Rodríguez, en declaraciones a Clarín, para quien esos padres mayores están tironeados por dos realidades exigentes."Por un lado, deben ayudar a sus padres que están grandes, enfermos y a quienes la jubilación no les alcanza. Por otro, deben seguir sosteniendo a sus hijos adultos. Sienten que son un sostén hacia arriba y hacia abajo, pero su cuerpo ya no es el de los 30", afirma.Muchos padres cincuentones, además, deben cargar con sus nietos, y algunos deben recibir a sus hijos separados, que vuelven al hogar paterno con intenciones de recuperar la adolescencia perdida.Pero el cuerpo manda señales de alerta: cefaleas, insomnio, trastornos de ansiedad, gastritis, hipertensión, dolor cervical, migraña, úlceras, colesterol alto. Eso sumado a los males propios de los 50: la menopausia y la andropausia.¿Por qué muchos jóvenes adoptan más tardíamente los roles adultos de trabajo estable, casamiento y paternidad? Estos cómodos habitantes de los hogares paternos, ¿son acaso inmaduros egoístas?Para la psicoanalista Adriana Guraieb, "estos jóvenes se resisten a abandonar la soltería y conservan una dependencia a su familia nuclear. También están los llamados 'estudiantes crónicos', que dejan colgadas materias y siguen sin independizarse con el pretexto de que para estudiar tienen que estar cómodos. A estos grupos de hijos se agregan los separados que regresan como 'jóvenes boomerang'", enumera.Según la médica psiquiatra Graciela Moreschi, "hoy muchos jóvenes prefieren tener un buen nivel de consumo antes que independizarse. Sienten que pagar un alquiler es tirar el dinero y eligen tener un buen celular, auto y otros objetos de valor. Irse significa, entonces, resignar ese nivel de vida".Como sea, no todas las situaciones son iguales: hay hijos que aportan económicamente para afrontar los gastos comunes de la casa, porque sienten que a los treinta y pico sus padres no tienen la obligación de mantenerlos.La psiquiatría ha acuñado el concepto del "síndrome de Peter Pan" para describir a personas de 40 años que se aferran a sus gustos de adolescentes.Son sujetos que no maduran porque están muy cómodos y un noviazgo y un trabajo serio los obligaría a entrar en el mundo de la adultez.La presencia de una generación adscrita a la "adolescencia extendida" -otro término empleado por la psicología- trae aparejado el síndrome del "nido lleno" o el "síndrome del adulto saturado", un mal que sufren los padres de esos jóvenes que quieren seguir viviendo en la casa paterna.
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