Cuando no todo lo que reluce es estético
No todo lo que se comercializa en materia de reconstrucción estética está exento de mala praxis. En efecto, en Francia se desató una polémica por masivos implantes mamarios que serían dañinos para la salud. El gobierno galo está a punto de ordenar que retiren los implantes a alrededor de 30.000 mujeres francesas que recibieron prótesis de la empresa Poly Implant Prothese (PIP), fabricante líder del sector.El año pasado la firma fue clausurada cuando se descubrió que reducía costos fabricando las prótesis mamarias con una silicona industrial más barata utilizada normalmente en electrónica.Según la información, además de contener un relleno de silicona no médica, se descubrió que los implantes tenían una elevada probabilidad de estallar. Cerca de 2.000 mujeres hicieron denuncias ante la policía.El escándalo se agravó cuando funcionarios de salud reportaron ocho casos de cáncer en mujeres que habían recibido los implantes. El diario Libération informó que el gobierno francés se apresta a tomar una medida sin precedentes, al ordenar la extracción de los implantes de marras."Estamos ante una crisis médica, relacionada con una estafa", dijo Laurent Lantieri, importante cirujano plástico francés del comité de asesoramiento estatal.Pero en Gran Bretaña el número de afectadas es mayor. Se calcula que son 40.000 las mujeres que se aplicaron los implantes mamarios PIP. A todo esto, se conoció que Argentina figuraba entre los mejores mercados de las prótesis supuestamente dañinas.Según se deduce de esta inquietante información, hacerse una cirugía para aumentar el tamaño de los senos, no sólo trae aparejado los riesgos propios de este tipo de operaciones, sino los asociados a los implantes comercializados.La literatura del sector refiere que el primer implante de seno data de 1895 y fue elaborado con el propio tejido adiposo (grasa) de la mujer. Desde entonces a la fecha, se han puesto en circulación distintos implantes, en teoría más seguros y cómodos para las mujeres.Existen varios materiales, aunque entre los más comunes están los salinos y los de silicona. La primera prótesis (o pieza) hecha a base de silicona fue desarrollada por los cirujanos plásticos Thomas Cronin y Frank Gerow en Houston (Texas) en 1961.Hace poco la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés), una entidad reguladora en cuestiones de salud, encontró una posible relación entre los implantes salinos y de silicona con una forma de cáncer conocida como Linfoma Anaplástico de Células Grandes (LACG).Este tipo de cáncer afecta la piel y los ganglios linfáticos y se desarrolla en el tejido de cicatrización que crece alrededor del implante. La FDA está solicitando a todos los médicos que reporten los casos que identifiquen para poder establecer si hay una relación con los implantes.El caso de la empresa Poli Implant Prothese revela los efectos acaso indeseados de la omnipresente y penetrante mercantilización de los procesos vitales. Es decir, cómo el mercado ha avanzado en áreas de la vida que se habían mantenido fuera de su alcance en el pasado.El mundo de la cirugía plástica, como industria y oferta comercial, se inscribe dentro de la reconstrucción de la identidad de las personas, el universo de las relaciones y los vínculos interpersonales.Suministra servicios y artilugios dirigidos a rejuvenecer y arreglar los cuerpos, en una cultura posmoderna que privilegia la apariencia. Pero por lo visto, en él no todo lo que reluce es estético.
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