Cuentos de la estancia La Parrilla
Desde este domingo, en la sección Agro, diario El Día publicará un cuento de la obra "Cuentos de la estancia La Parrilla" del amigo y colaborador de esta casa: Max O' Menox. Todo empezó con La ParrillaDespués de entrar a curiosear a un remate, salí de él con una enorme parrilla que no cupo en el jardín de mi casa. Por esa razón compré una chacra de 34 hectáreas en el sur de Entre Ríos, donde la instalé, haciéndole construir a su alrededor un quincho que resultó ser más grande que la casa de la chacra, obligándome a demolerla y levantar en su lugar un casco de estancia, que, si bien hacía juego con el quincho, se veía ridículamente grande en un campo de 34 hectáreas, por lo que compré otro lindero de 900, convirtiéndome, de la noche a la mañana, en estanciero sin saber diferenciar un toro de una vaca.El día en La Parrilla, como se llama mi establecimiento agrícola ganadero, comienza a las 5 de la mañana, hora en que el Zoilito, hijo de Don Zoilo el capataz, me despierta golpeando la ventana. Me levanto de un salto y, después de inspirar profundamente el aire puro de la mañana, cierro la ventana y me vuelvo a la cama.A eso de las once de la madrugada se presenta Don Zoilo a recibir las instrucciones matutinas.- Don Zoilo -le dije los otros días mientas tomábamos mate en la cocina-, ¡hay muchas moscas!.- Señal que va a llover -me contestó con esa seguridad que tan sólo la experiencia puede dar.Tan pronto trapearon la mermelada del piso, las moscas desaparecieron.Para cuando me despierte de la siesta -le informé-, quiero hacer un recuento de los novillos.Me los hizo desfilar frente a la ventana. Hubo uno que, al pasar por tercera vez, me saludó.Ahora -volví a ordenarle-, téngame ensillados el zaino, el rosillo y el tobiano, que quiero echarle un vistazo al campo.¿Y por qué los tres? -preguntó enjetado-Porque todavía no se qué bombacha ponerme -le contesté-. No me gusta nada cuando me pone esa cara.El vistazo lo eche mientras pasaba de largo por sobre el pescuezo del tobiano, llegando a divisar hasta el bebedero del potrero 3, donde caí. Fue una lástima porque la bombacha era de Pierre Cardín.Como para dedicarme a actividades menos acrobáticas, decidí regar las plantas del parque. Después de estar un rato con la manguera en la mano sin que saliera una gota de agua, caí en la cuenta de que lo que sostenía no era una manguera sino una víbora. ¡Pobrecita: debía de tener sed porque sacaba la lengua continuamente!. Para poner fin a su sufrimiento, la tiré dentro del tanque australiano, donde se estaba bañando Don Zoilo, quien del primer tajo le voló la cabeza, con la lengua y todo. Para castigarlo por su cruel proceder, le ordené que saliera del agua y pusiera en marcha los ventiladores del campo, porque la hacienda se debía estar muriendo de calor.Si no hay viento, no funcionan -me dijo con tono de rezongo.Mire, Don Zoilo -le repliqué-, si hubiera viento, no necesitaríamos los ventiladores, así que mañana mismo me los cambia por otros eléctricos.¡Hay que estar en todo!.El otro día fui con el tractor a sacar una vaca empantanada. Al día siguiente fueron a sacar el tractor. De paso el Zoilito llevó veneno para echarle a un hormiguero que se había formado cerca del arroyo. Al regresar, encontraron a Doña Pepa, la cocinera, rezongando porque no encontraba el polvo de hornear. Según los técnicos del INTA, el nuestro, con cinco metros cuarenta, debe ser el hormiguero más alto del mundo. Aprovechando el contacto con esta gente, le transmití mi idea de desarrollar una raza vacuna bicéfala, con el propósito de duplicar automáticamente el número de cabezas. Quedaron en estudiarme.Ayer por la tarde fui a sentarme con la peonada junto al fogón. Aseguran los médicos que las quemaduras se me cicatrizarán en quince días. Hoy, por lo pronto, me volví para Buenos Aires en colectivo. Con asiento de parado.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

