Cultura de la apuesta y expansión de la ludopatía
Una serie de factores culturales y tecnológicos contribuyen a crear las condiciones para que la problemática del juego compulsivo se agrave, creando un problema de salud pública.Se ha dicho que vivimos en una sociedad que se ha especializado en crear mecanismos para que lo sujetos se evadan de la realidad. El entretenimiento y la actividad lúdica aparecen, así, como soluciones mágicas a mano.Las adicciones, de hecho, son siempre producto de una evasión. A veces es porque la vida resulta insulsa o intolerable, y entonces el individuo se fuga hacia ciertos paraísos artificiales.Otras veces es por el afán de nuevas experiencias, por satisfacer una sed fáustica de aventura. Otra es porque está de moda y se lleva, y las modas suelen contagiar más que las adicciones.Otras veces son el tedio y el aburrimiento los que están detrás de las conductas adictivas. El vértigo ante el vacío espiritual o de la existencia suele espolear reacciones que procuran sosiego a toda costa.Se diría que las motivaciones cambian, pero en todo caso la evasión que se busca puede acabar en una trampa, o en prisiones en las que las personas quedan atrapadas física, psicológica y socialmente.Los juegos de azar entran dentro de la variada oferta existente para procurar evasión. Pero lo que aparece como un entretenimiento más -de los muchos que existen- se puede transformar en una especie de reto mental, y posteriormente en una obsesión.Esto lo saben sobre todo los ludópatas, aquellos que ya no pueden dejar de apostar, aun a riesgo de perderlo todo: desde el dinero y la familia hasta la propia vida (tienen altos índices de suicidio).No es una falta de voluntad: es una compulsión. Entonces la vida de estas personas se desmorona por una actividad que empieza como una diversión, y acaba generando servidumbre.Las estadísticas recientes señalan que cada vez son más los jóvenes menores de 18 años sometidos a esta nefasta dependencia, cuando hace15 años el promedio de edad de iniciación rondaba los 35 años.También creció la cantidad de mujeres adictas al juego (sobre todo a las máquinas tragamonedas). Antes, eran hombres 8 de cada 10 ludópatas, y hoy las mujeres representan casi la mitad de la consulta.El problema también crece entre las personas de la tercera edad."Tiene que ver con el abandono familiar. Al principio a los hijos les viene bien porque los tienen ocupados, pero no se imaginan que pueden estar estimulando una adicción", revela la doctora Susana Calero, jefe del Servicio de Adicciones del Hospital Álvarez.Pero al mismo tiempo hay padres que no toman nota de los inocentes y despreocupados juegos de la infancia, gracias al aporte de la computadora y las tecnologías.Ya sea en forma de videojuegos que atrapan por horas a jóvenes jugadores o a través de la amplísima oferta que surge de Internet, y que no requiere demostrar la mayoría de edad, se pueden formar futuros ludópatas.Quienes conocen el negocio de los juegos de azar, aseguran que aquí "a mayor oferta, más demanda". Hay todo un entorno que facilita la cultura de la apuesta y el juego.No sólo hay más bingos, casinos y loterías. Existe la posibilidad de recurrir a una tarjeta de crédito como instrumento de pago del juego virtual. Además, programas de póquer en televisión por cable sumados a mensajes publicitarios, que muchas veces emanan del propio Estado, fomentan las apuestas.Da la sensación que el negocio del juego, que maneja mucho dinero, tiene la capacidad de crear una cultura que favorece su expansión, cuya contracara es la expansión de la ludopatía.
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