Dar cuenta de los problemas es clave
Los individuos y los grupos humanos tienen que vérselas con obstáculos de todo tipo. Y en un mundo complejo como el que vivimos, la percepción de los mismos es clave. "En hacer y obrar, -decía Goethe- todo se reduce a captar limpiamente los objetos y a tratarlos de acuerdo con su naturaleza". De esa manera, el poeta alemán sostenía que toda decisión humana (para que sea correcta) presupone un conocimiento ajustado a la realidad.Cualquiera de nosotros se ve obligado a tomar decisiones, a elegir entre diversas posibilidades, algo que se vuelve dramático ante una difícil situación.Ahora bien, quien decide debería ser capaz y estar inclinado a conocer lealmente los hechos. Es decir, debería saber juzgar certeramente la situación, ver las cosas como en realidad son.Sin embargo, no hay garantías de una contemplación imparcial de los hechos, un juicio real de la situación. Y esto porque el conocimiento humano es siempre falible y tiene una alta carga de prejuicios.No es que no exista la realidad -y por esto mismo lo que llamamos verdad- sino que es siempre captada desde las circunstancias del que conoce, que sólo está en condiciones de ver algunos aspectos, y no otros.Bajo esta mirada entran los "problemas", cuyas definiciones no dejan de ser una interpretación de lo que sucede, independientemente de su existencia.Es conocido, al respecto, la tendencia humana a "negar" conflictos que amenazan al ego individual o grupal o al propio sistema de creencias. Se trata de un mecanismo instintivo de defensa ante lo desagradable.Frente a este peligroso falseamiento, se sugiere entonces actuar con realismo aceptando los problemas con todas sus derivaciones. Las sociedades, al igual que los individuos, tienen que lidiar con realidades problemática, aunque no siempre están dispuestas a reconocerlas.En términos colectivos los enfoque sobre lo que pasa son múltiples y esta pluralidad de perspectivas se refleja en el hecho de que no hay acuerdo sobre la naturaleza y la envergadura de los problemas.En el discurso público, por caso, a la hora de diagnosticar los males, los analistas y protagonistas políticos suelen utilizar dos categorías de análisis: lo estructural y lo coyuntural.Hay gente que piensa que a la sociedad argentina le aquejan "problemas estructurales" y al respecto apuntan estos fenómenos: crisis educativa, inseguridad, endeudamiento externo, inflación, pobreza, corrupción y clientelismo político.Como categoría de análisis sociológico lo estructural sugiere algo que persiste en el tiempo, al punto que se ha vuelto casi constitutivo e intrínseco de la trama social.En la lectura de la situación cuando los males son estructurales es porque se han hecho permanentes y de alguna manera crónicos. Frente a esta conceptualización, los problemas "coyunturales" son en cambio de menor entidad, más bien de carácter episódicos y de corto plazo.Cabría postular, en este sentido, que las sociedades capaces de resolver sus dilemas son aquellas que antes saben discernir la naturaleza y dimensión de las mismas.O en otros términos, que tienen la inteligencia para dilucidar cuáles son sus verdaderos problemas de fondo (estructurales) de aquellos que son producto de una combinación de factores y circunstancias y por tanto de menor calibre (coyunturales).Y esto sería tanto como saber determinar las verdaderas causas de lo que ocurre, si se piensa que las condiciones estructurales inciden directamente en la coyuntura.
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