Datos oscuros de la mancha blanca y otros contaminantes
Todo indica que el gobierno ha elegido al campo como enemigo para la pelea electoral de octubre, aunque en realidad el clima de beligerancia está instalado desde hace tiempo.o
Es un enfrentamiento duro y sin cuartel que las parodias de diálogo no pueden disimular. Para el kirchnerismo el campo resume todo lo que no es él, es el enemigo sin más.
En su concepción maniquea de la sociedad, el agro es el Eje del Mal, alrededor del cual gira la "oposición" al modelo K. En este esquema, por tanto, las elecciones de octubre, así, son la "continuación de la guerra por otros medios".
El senador Carlos Reutemann, al distanciarse del gobierno esta semana, ha percibido esto. "No veo al gobierno en posición de querer solucionar el problema (con el campo)", ha dicho, al detectar la ausencia de ánimo de acordar en el oficialismo.
¿Interesa el derrumbe de la producción agropecuaria? ¿Es un problema estrictamente económico? Reutemann sabe que la cuestión no pasa por allí.
En el fondo lo que hay, entrevé, es una disputa por el poder y la supremacía en la sociedad. Las retenciones, en este esquema, importan más como instrumento político que como variable económica.
Porque en los impuestos a las exportaciones se expresa la "voluntad de poder" del Príncipe. Mediante ellos el gobierno hace sentir su dominio o poderío frente a un actor social que lo desafía.
Ese actor, en el imaginario clasista del oficialismo, representa a la "oligarquía", a los ricos, a la clase dominante, a la derecha salvaje, al partido golpista, a los amigos de los militares, etc., etc.
Cristina K lo ha venido marcando en sus últimos discursos. "Hay sectores pequeños pero muy poderosos que no quieren renunciar a los privilegios", señaló en alusión a los productores agropecuarios.
Pero ha sido el profesor Luis D'Elía, otra vez, quien ha expresado claramente el pensamiento íntimo del matrimonio presidencial, sobre el último paro y movilización del campo.
Ha dicho que esa movida esconde intereses electorales y destituyentes. "Lock-out patronal y campaña electoral son dos caras de la misma moneda", dijo. Los "panzudos patrones" (en alusión a los miembros de la Mesa de Enlace) "han lanzado el ejercito destituyente a la calle", alertó D'Elía.
Además, la medida de la Mesa de Enlace es "lock-out patronal", porque "paro sólo hacen los que viven de su trabajo". Es una estrategia, dijo, que no busca otra cosa que recrear el viejo golpismo.
"Ya no hay soldados, ni ametralladoras, ni tanques, ni marchas militares, ni fusiles. Hoy sí hay cámaras de televisión, grabadores, engaños, mentiras, tergiversaciones, demonios, políticos del establishment, y estos dirigentes de la mesa que han logrado enlazar tras de sí a las élites dominantes y a la clase media tilinga, que se niegan terminantemente a construir una patria para todos", disparó D'Elía.
Este discurso desnuda el abecé del pensamiento maniqueo, que postula que la guerra es un principio inmanente al proceso histórico. Es propio del hegelianismo marxista, para quien no hay reconciliación posible entre el proletariado (el bien), y los ricos (el mal).
Ahí está servida la dialéctica amigo-enemigo. O el odio social entre las clases. Como la historia es sólo una puja entre dominadores y dominados, en eterno antagonismo, no hay por principio armonía ni acuerdo social. Y la batalla se da en todos los planos.
Ya lo decía el ideólogo del comunismo italiano, Antonio Gramsci: "La lucha económica no puede separarse de la lucha política, y ni la una ni la otra pueden ser separadas de la lucha ideológica".
En suma, la guerra sin fin.
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