De coimas, fútbol para todos y progresismo
Un senador que cuenta que lo quisieron coimear, las relaciones promiscuas entre la política y el fútbol, y las aporías de una intelectual que se sigue preguntando qué es ser progresista en Argentina.Estos tres tópicos, extraídos arbitrariamente de lo que se lee y escucha, hablan en realidad mucho de nosotros, los argentinos. Porque somos politiqueros, futboleros y nos gusta que nos rotulen de izquierda (quizá porque suponemos que eso nos hace inteligentes).El lector avisado advertirá, al final, que el problema de la corrupción -cuya definición denotativa es "alterar y trastocar la forma de una cosa"- atraviesa esas realidades.Veamos. "El santiagueño (senador) Emilio Rached contó que el día que se votó la Resolución 125 le ofrecieron dos millones de dólares, y luego le mandaron otro mensaje: 'Pedí lo que quieras'".La información, aparecida en diario Perfil, ¿sorprende o no? A decir verdad, está en el imaginario colectivo que así funciona el poder cuando quiere sacar una ley.Los argentinos hemos desarrollado un cinismo militante respecto de estas cosas. De última no creemos que exista algo así como el "juego limpio" en la política, aunque a veces nos emocionamos con la consigna de que hay que "moralizar" el Estado.La misma mirada obscena tenemos respecto de las relaciones promiscuas entre el fútbol y el poder. El escándalo que protagonizan por estas horas Maradona, Bilardo y Grondona, apenas puede disimular ese turbio maridaje.Según cuenta el escritor Alvaro Abos, desde 2008 existía un plan para sacar provecho político de un posible triunfo de la selección argentina. El elegido para esa gesta era Maradona, "un ídolo popularmente incombustible". El primer eslabón del diseño fue "Fútbol para todos", o sea la transmisión gratuita de todos los partidos del campeonato, mediante la cual la AFA de Grondona se convirtió en apéndice del Estado."Con Messi y diez más, no se necesitaba ser un genio para ganar la Copa, o al menos estar cerca. Y si se traía la Copa, se materializaba la escena soñada, a saber: los Kirchner en el balcón de la Rosada, con Maradona y la Copa en alto. En aras de esta utopía -el deporte popular como emblema de una Argentina triunfadora- los Kirchner futbolizaron el país".Cuenta Abos que "todos los recursos del Estado se volcaron a enmantecar el patrioterismo deportivo", pero finalmente algo salió mal -los goles de los alemanes- y del "operativo Mundial" apenas quedó un patético culebrón criollo.A todos esto, cada tanto se instala el debate sobre quién es progresista, en un país donde sus clases medias, urbanas, escolarizadas, profesan simpatías por las ideas de izquierda.Una exponente de esta ideología es Beatriz Sarlo. En su último artículo discute con sus pares de "Carta Abierta", para quienes los Kirchner sólo deberían explicar mejor sus razones y llegado el caso "profundizar" sus medidas.Enojada, Sarlo protesta: "¿Explicar mejor a De Vido, motor eficiente de la 'caja' presidencial, por ejemplo? (...) ¿Enfatizar el uso de los dineros del presupuesto nacional y de los medios de comunicación estatales como si fueran de un partido o un grupo?¿Explicar mejor una política vengativa con los gobernadores que no se subordinan? ¿Explicar con altas razones por qué los intendentes del Gran Buenos Aires dejaron de ser despreciables y son ahora pilares del Frente para la Victoria?".En suma, las confesiones escabrosas de un senador nacional, los costosos y escandalosos operativos de uso político del fútbol, y una típica querella "progre", son tres postales que pintan bastante bien lo que algunos llaman "argentinidad al palo".
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