De la violencia política a la violencia narco
La democracia recuperada cerró un ciclo de duros enfrentamientos por el control del poder. Sin embargo la convivencia argentina hoy está jaqueada por una violencia delictiva, vinculada al narcotráfico. Para conceptualizar el fenómeno de la violencia política se suele tomar como centro la represión ilegal y clandestina llevada a cabo por el Estado entre 1976 y 1983.Sin embargo, para el historiador Luis Alberto Romero ese episodio es inseparable del ciclo inmediato anterior, que transcurre entre 1969 y 1976, en que el uso de la violencia se tornó normal.Hay autores que remontan el fenómeno más atrás en el tiempo. Los procesos constitutivos de la normalidad violenta, por ejemplo, se habrían desatado al final del gobierno peronista en 1955.Otros dicen que 1930 fue un año fatídico para la Argentina, cuando ocurrió el golpe fascista del general José Félix Uriburu, que inició una etapa de predominio del llamado "partido militar".Como sea, parece claro que la segunda mitad del siglo XX estuvo atravesada por una lógica beligerante. La idea de la violencia redentora, de derecha y de izquierda, alimentó a una generación que despreció la democracia como sistema de convivencia.La institucionalización de la práctica política desde 1983, que instaló la normalidad electoral todos estos años, parece haber conjurado definitivamente el golpe de Estado y la movilización revolucionaria.La capacidad regenerativa del voto sublimó los enconos políticos de las distintas facciones que aspiraban al control del Estado. El derramamiento de sangre, así, dejó de ser un método habitual y aceptado.La puja por el poder, la cuestión del dominio sobre los demás, la temática de la sucesión de los gobiernos, dejó de responder a la dialéctica de la eliminación física del adversario.Por definición la democracia es un sistema regulado por normas que permite la realización de reformas sociales, sin recurrir a la violencia. Quizá ésta sea la gran conquista de la sociedad argentina de los últimos 30 años.Como bien sostiene Kart Popper: "Se vive en democracia cuando existen instituciones que permiten cambiar de gobierno sin recurrir a la violencia, es decir, sin llegar a la supresión física de sus componentes".Aunque hay razones para creer que aún persiste una matriz política autoritaria e intolerante -lo que instala la inquietante hipótesis de tendencia antidemocráticas latentes- los distintos actores del juego político violento han retrocedido o están neutralizados.Sin embargo, ha surgido en los últimos años un nuevo tipo de violencia delictiva, que está desbordando la seguridad pública, y por tanto está en el centro de las preocupaciones ciudadanas.El fenómeno se caracteriza bajo el término "inseguridad" y tiene lugar en las calles, aunque varios expertos aseguran que detrás de todo están las organizaciones delictivas financiadas por el narcotráfico internacional.La amenaza de la democracia moderna, en Argentina y en otras partes del mundo, tiene un nombre: el crimen organizado por el poder narco. "El narcotráfico viene financiando sectores de la política desde hace unos doce o quince años en la Argentina. Se trata de un fenómeno nuevo, serio, que compromete a actores políticos, de todas las fuerzas, jueces, sectores policiales y burocracia estatal; sin embargo, ni siquiera hay una política en marcha para enfrentarlo", advirtió hace poco el politólogo Alberto Föhrig.
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