De memorias y olvidos
Han transcurrido 35 años y está vigente el recuerdo de la mayor tragedia de la vida argentina. En forma directa o indirecta el terrorismo de Estado con su secuela de muertes, secuestros, desapariciones, torturas, detenciones, persecuciones y cercenamiento de las libertades públicas nos afectó a todos.Por Mario Alarcón MuñizEspecialA unos más que a otros, es cierto. Pero a todos en definitiva. Inclusive a los indiferentes. Entonces la memoria es colectiva. No sólo de un sector.La reciente conmemoración del degüello institucional de 1976, puso de relieve que no todos los argentinos han interpretado el significado del "Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia", establecido en 2002 por el Congreso de la Nación (ley 25.633) y declarado feriado tres años después. Es una jornada para el recuerdo, el homenaje a las víctimas, la exigencia de justicia y la reflexión. Está destinada a resguardar y fortalecer nuestro patrimonio democrático y la vigencia de los derechos humanos, para que aquél drama no tenga posibilidad alguna de repetirse, ni siquiera como proyecto en la mente de algunos extraviados. Que nunca faltan, por otra parte y llegan a manifestarlo ante un corte de ruta o una huelga de servicios. Las confusionesFue demasiado grave lo ocurrido en ese tiempo a los argentinos. Nos está vedado de manera absoluta el lujo de chacotear con la memoria. Es insensato hacerlo, además de irrespetuoso. Los muertos y desaparecidos merecen por lo menos la consideración reverencial de su sacrificio, hayamos estado o no de acuerdo con las ideas que sustentaban.Algunos equivocaron el método al tomar las armas, pero ese error no justifica de manera alguna que el Estado haya triturado la Constitución y las leyes para castigarlos. Menos aún que se haya prolongado el castigo sobre aquellos que no dispararon un tiro ni pensaron jamás hacerlo. Eso sí, tenían ideas, alentaban sueños, eran solidarios, aspiraban a una Patria justa. Y esto era peligroso para el régimen de la prepotencia y el terror. "Por las dudas los exterminamos", dijo Camps. "Terroristas no son sólo quienes ponen bombas, sino también los que activan con ideas contrarias a nuestra civilización occidental y cristiana", sentenció Videla.A todo esto lo sabemos. Sin embargo, aunque parezca ocioso es menester reactualizarlo, pues han aparecido quienes confunden la memoria con los enredos del presente. Entonces el espacio de la memoria es ocupado por el olvido de lo esencial. Estos y aquellosEn algunos lugares -no en todos- se observaron el pasado jueves concentraciones o movilizaciones separadas según los sectores convocantes. En otros los concurrentes compartieron el espacio físico, pero marcaron sus diferencias. Lo común en los últimos años. Unos aquí, otros allá. Los de este bando y los de enfrente. La zanja al medio. Como si se tratara de una cuestión de divisas partidarias o sectoriales. De buenos y malos. De sanos y leprosos. De elegidos y réprobos.Quienes participan de estos episodios no advierten que ese mismo cuadro -aunque hayan sido distintos los matices, diferente el clima y otro el contexto político- nos representaba cuando cayó sobre nosotros la tragedia del '76. No se repetirá. Sin embargo, esta certeza no admite la creación de nuevos escenarios de confrontación que corroen la convivencia democrática. Ya conocemos el terreno. No obstante, muchos protagonistas del presente no han aprendido a caminarlo. Y son conductores, orientadores, dirigentes. O pretenden serlo. Pernicioso y peligrosoOtros países que sufrieron parecidas oscuridades, supieron preservar en conjunto la memoria. Y avanzaron. Más de treinta años de cruenta dictadura fascista en España, concluyeron con el Pacto de la Moncloa, gran acuerdo nacional que posibilitó el ascenso de ese país a la paz y la prosperidad. Que se sepa, en todo este tiempo no se les ha ocurrido a los socialistas españoles partidizar el recuerdo de la guerra civil y la disolución de su República por parte de Franco. La memoria del tiempo atroz es compartida por todo el pueblo. Nadie se la ha apropiado para excluir a los demás.Aquí al lado, en Uruguay, ha ocurrido algo similar después del desplazamiento de la dictadura. Según se observa desde esta costa los orientales preservan la memoria. Pero sin vincha. Ni tupamara, ni blanca, ni colorada, ni independiente. Es memoria oriental. Para que no vuelvan las sombras.Entre nosotros es distinto. Muchos se apropian de la memoria tiñiéndola de bandera proselitista. Es decir, desvirtuándola. Porque de ese modo se aposentan entre nosotros muchos olvidos. Y esto es pernicioso. Además de peligroso.
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