De “peligro amarillo” a factoría capitalista
Durante la segunda mitad del siglo XX, en plena Guerra Fría, China representó en el imaginario de Occidente una amenaza comunista. Hoy es la potencia capitalista emergente, cuyo intercambio comercial es vital para Argentina. Cincuenta años atrás se acuñó la expresión "peligro amarillo", para referirse a la inquietud de que la China maoísta, prima hermana de la estalinista Unión Soviética, pudiese irrumpir con fuerza para aplastar a Occidente.El temor era alimentado no sólo por la violencia revolucionaria de la doctrina de Mao Tsé-Tung, ideólogo del comunismo chino, que postuló la lucha armada con base agraria (imitado por guerrilleros latinoamericanos).Asustaba la dimensión del país más poblado del mundo. Además, cuando 200 años atrás le preguntaron a Napoleón qué pensaba de China, el emperador francés respondió: "Allí duerme un gigante. Dejémoslo que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero".Tras la muerte de Mao Tsé-Tung ocurrió lo impensado: la revolución en la revolución. Den Xiaoping tomó el control del sistema (1979), y reorientó el país hacia el capitalismo.Hoy el acelerado crecimiento chino prefigura una de las grandes paradojas de nuestro siglo: el régimen comunista coexiste con una economía de libre mercado.En China hay libertad para las trasnacionales y sus negocios, pero no se puede pensar distinto que el gobierno, y de hecho a los disidentes se los persigue y encarcela.La política oriental se resume en "un país, dos sistemas". Este enigmático "capitalcomunismo", hace que algunos consideren que el "peligro amarillo" no ha dejado de existir.Desde que China se integró al sistema global comercial, ese país se convirtió en la fábrica del mundo, produciendo un movimiento sísmico al interior del capitalismo.América Latina, por caso, ganó con la nueva división del trabajo capitalista: devino en proveedor de materias primas (alimento y energía) del coloso asiático.El régimen de Beijing necesita proveerse de commodities agrícolas a bajo precio. Porque es funcional al objetivo de garantizar alimentos a su población a bajo costo.En los últimos 20 años, 250 millones de chinos pasaron del campo a la ciudad, generándose así una clase media, que en términos dietéticos consume carnes de cerdo y aves. Y el insumo fundamental de la producción de carne es la soja.Así como hace un siglo el destino argentino estuvo asociado a los embarques de carne y trigo para el mercado inglés, hoy se reedita un ciclo parecido de la mano de la integración sojística con el principal comprador asiático.Paralelamente, se ha venido verificando una ofensiva inversora china en la región, orientada a los sectores de recursos naturales (tierra agrícola, energía y minerales)El fuerte avance chino es un fenómeno relativamente nuevo en Argentina y Latinoamérica, y se produce a expensas de la presencia de Estados Unidos en el comercio de la región.Las cuantiosas inversiones chinas siguen una lógica de Estado y están subordinadas a una estrategia de desarrollo de largo plazo. De hecho han empezado a despertar dudas, por ejemplo en Brasil.No hace mucho, en una entrevista con el diario O Estado, el ex ministro de Economía de ese país, Antonio Delfim Netto, se lamentó de que "los chinos compraron África y están intentando comprar Brasil".Hace dos años, el director general de la FAO, Jacques Diouf, advirtió que las compras de tierras en África, encabezadas por empresas chinas, "puede estar creando una forma de neocolonialismo".¿Será que el sistema híbrido (capitalismo-comunismo) esconde viejas pretensiones imperiales chinas? Al respecto, cabe añadir que hay quienes piensan que en China se está gestando un "nuevo modo de producción asiática", una especie nueva de autocracia económica que mezcla la explotación del gran capital con los métodos policiales del comunismo."Dejémoslo que duerma, porque cuando despierte se moverá el mundo entero", reza la profecía napoleónica.
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