De Perón a Galasso
El historiador Norberto Galasso está cumpliendo (en 2013) cincuenta años de producción literaria ininterrumpida, lo que lo convierte en uno de los máximos referentes intelectuales del pensamiento nacional, popular y latinoamericano y aunque quizás, los años sesenta marquen el punto de partida de un largo camino que -aun hoy- sigue recorriendo, no puede soslayarse un hecho extraordinario y poco común. José María BlancoOpinión Desde 1963 (año de aparición de su primer libro, "Mariano Moreno y la Revolución Nacional") hasta el presente, ha escrito más de sesenta obras -algunas de ellas verdaderamente monumentales-, infinidad de artículos y ensayos.Toda su obra está destinada a ofrecer nuevas alternativas para entender el pasado y desnuda muchas de las fábulas presentadas en la versión "oficial" de la historia. También recupera -para los argentinos y los latinoamericanos- a grandes figuras que fueran "sepultados para la historia", según las propias palabras de Mitre.Algunas de las muchas biografías de su autoría son un verdadero retrato del pensamiento vivo de inmensos patriotas, tal es el caso que nos toca en este artículo. Se trata de "Vida de Scalabrini Ortiz", libro que publicara en 1970 y que posteriormente fuera "prohibido" por la dictadura genocida.En nombre de las generaciones que buscan recorrer el pasado para entender el presente y proyectarse a un futuro, hago público mi reconocimiento a este inmenso patriota (Norberto Galasso) haciendo conocer una "joya" documental, que no solo muestra el rigor de cada una de sus múltiples investigaciones, sino que lo "pinta" como un hombre sabio, con la humildad de los grandes y la grandeza de los humildes. Gracias Galasso!. "Madrid, 7 de noviembre de 1967Señor Don Norberto GalassoEstimado amigo: he recibido su carta del 23 de octubre y le agradezco el recuerdo y saludo que retribuyo con mi mayor afecto. Con referencia a las cartas del amigo Don Raúl Scalabrini Ortiz, desgraciadamente, no tengo copia porque en esta vida un poco trashumante del exiliado político, no llevo archivo.Sin embargo, recuerdo perfectamente el contenido de las mismas, tanto de las que recibí como de mis contestaciones a tan ilustre compatriota y amigo. Sabiendo cómo pensaba Scalabrini y cuál fue su invariable conducta ciudadana y patriótica, no es difícil imaginar otra cosa sobre su lucha constante por las banderas que nos son comunes: la justicia social, la independencia económica y la soberanía popular y nacional, de las que siempre fue él un paladín. Más información en página web de El Día Consecuente con esta manera de pensar, desde la caída de nuestro Gobierno en 1955, Scalabrini Ortiz intensificó su prédica en defensa de lo nacional y autóctono contra los avances del imperialismo y los grandes consorcios a su servicio. Sus publicaciones en la Revista "Que" y otros órganos publicitarios durante el año 1958, dan fe de su encendido patriotismo y su extraordinaria penetración de los problemas nacionales, hasta el punto de poder decir que fue el que mejor y más ajustadamente pronosticó el desastre que se ha producido en estos doce años.El contenido de sus cartas fueron siempre comentarios sobre la situación que vivía el país, en las que campeaba una elocuencia y una apreciación perfecta de los tantos problemas provocados por los desatinos gubernamentales tan frecuentes en esos años, que él enfocaba con una justeza fuera de lo común. Es natural entonces, que en 1958 y 1959, cuando el Gobierno del Doctor Frondizi diera señales de negociaciones con el capital yanqui, él estuviera preocupado. Recuerdo perfectamente sus comentarios al respecto que, como siempre, eran sinceramente adversos a toda entrega de nuestro patrimonio.Sin embargo, como Scalabrini era un sincero patriota que anhelaba, por sobre todo, el bien del país, no dudó en prestar su colaboración para todo lo que fuera el bien de la Patria. Cuando en 1958 el Gobierno de Frondizi anunciaba su política de consonancia con los postulados nacionales coincidentes en resistir la entrega que se había venido realizando durante la dictadura de Aramburu, Scalabrini estuvo al lado de Frondizi y, cuando en 1959, su gobierno se apartó de esa política, Scalabrini, fiel a los principios que habían reglado su vida, se apartó de inmediato. Recuerdo perfectamente este hecho que él me comentaba en sus cartas porque, el peronismo tuvo en la emergencia una conducta similar a la de él: Estábamos decididos a apoyar al Gobierno en cuanto éste respetara los compromisos contraídos. Coincidentemente con la conducta que Scalabrini Ortiz siguió en el año 1959 hasta su renuncia de la dirección de "Que", el Movimiento Justicialista denunciaba el pacto y se apartaba, negando todo apoyo al frondizismo.Fue precisamente en esa época cuando más opiniones cambiamos sobre los acontecimientos. En esos cambios de opinión llegamos a la más absoluta coincidencia, especialmente en lo referente a petróleo. En este sentido él conocía bien el problema de la amenaza de penetración imperialista y era adverso a todo intento de conceder concesiones para su explotación en el territorio argentino, aunque no se oponía a la locación de servicios del tipo proyectado por el Gobierno Justicialista en su mensaje al Congreso. En este proyecto, que desgraciadamente no fue tratado por las Cámaras, se trataba de la formación de una Sociedad Mixta constituida en Buenos Aires, con la mitad del capital argentino y la otra mitad de la Standard Oil de California, que se comprometía a la extracción de petróleo para Y.P.F. porque, de acuerdo con el artículo 40 de la Constitución Nacional, tanto el mineral, como las caídas de agua, eran de propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación Argentina. En esas condiciones se trataba de una Sociedad Argentina que funcionaba bajo las leyes argentinas y la justicia argentina, que se encargaba únicamente de la prospección petrolífera pero sólo como locación de servicios.Este contrato con la Standard Oil de California, que conocía bien Scalabrini Ortiz, desde 1952 en que se proyectó, era resultante de algunas tratativas con los norteamericanos en una reunión conjunta del Consejo de Defensa del Atlántico Sud y que dio como resultado algunas gestiones ante el presidente Eisenhower. Se les había hecho pensar a los americanos, que en caso de destrucción del Canal de Panamá, la reunión de sus escuadras se tendría que realizar por el Canal de Magallanes, en cuyo caso necesitarían del abastecimiento de petróleo en la Argentina, para lo cual se necesitaba una cooperación en su extracción, pero haciéndoles presente que, por nuestra Constitución en su Artículo 40, no podíamos darle concesiones. Por eso se acordó la forma de locación de servicios en la que el precio del petróleo extraído debía ser el mismo que el del extraído en el Golfo, en ese entonces nueve dólares la tonelada.Es natural que Scalabrini Ortiz, que había sido un oponente tenaz a toda forma de concesión, cuando el Gobierno de Frondizi se decidió a darlas, estuviera en desacuerdo y que ese desacuerdo produjera su renuncia y apartamiento.Tampoco aprobó Scalabrini Ortiz la tendencia que se comenzó a imponer desde 1959 hacia una combinación con los yanquis que pudiera llevar a la entrega del país y su reacción en tal sentido fue coincidente con la misma oposición que el movimiento Peronista inició precisamente para esa misma época por incumplimiento del pacto que había precisamente establecido la necesidad de evitar toda posible entrega.Nuestras cartas trataron siempre estos problemas como asimismo los de carácter interno de la economía argentina desequilibrada como consecuencia de medidas insensatas que se vinieron tomando desde 1955 y que iban conduciendo al país hacia el abismo. Naturalmente que tales medidas no eran todos errores sino que en la mayoría de los casos obedecían a maniobras insidiosas con fines de beneficiar a los grandes monopolios e intereses foráneos que Scalabrini conocía en detalle.He lamentado no poderle enviar copias de las cartas pero, puedo asegurarle que cuánto le menciono en ésta, es un resumen ajustado a la realidad, de acuerdo a la correspondencia que hemos cambiado.No he recibido su libro "Discépolo y su Época" e imagino que ha tenido el destino de "los que se pierden en el Correo", sin embargo le agradezco mucho su buena intención al remitirlo y también su promesa de hacerme llegar otro ejemplar por nuestro propio conducto.Le ruego que, con mis mejores deseos, acepte mi saludo más afectuoso y cordial.Un gran abrazoJUAN DOMINGO PERÓN
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