Déficit de atención y cultura informática
El chico no presta atención en el aula cundo la maestra dicta o copia en el pizarrón. La docente pide entonces a los padres que el chico vaya a ver una psicopedagoga. Esta experiencia es cada vez más común.La sospecha popular, no especializada, que sobrevuela a los chicos inquietos suele ser el déficit de atención. Están idos, no conectan con el entorno escolar y sus exigencias.Una creencia que empalma con el desajuste epocal con la escuela, hoy mentada como "aburrida". Es decir como un ámbito que no termina de atrapar la mente y el corazón de los más pequeños.Lo que agrega más inquietud es el hecho de que este cuadro de desatención no está apareciendo en los últimos años, sino en edades cada vez más tempranas, a los tres, cuatro o cinco años.La atención es una realidad neurobiológica. Los especialistas, por tanto, sostienen que es el resultado de factores genéticos y medioambientales. Si el problema es físico, para eso está la medicina infantil, que se ha desarrollado enormemente.Es el terreno propio del neurólogo o psiquiatra infantil. Ahora bien, cuando la dificultad para concentrarse ya no obedece a cuestiones orgánicas, la hipótesis medioambiental cobra fuerza.Que el déficit de atención se haya convertido en un mal de época dispara distintas interpretaciones. Los expertos dicen que la relevancia tiene que ver con el hecho de que hoy se conoce más el tema.También con el hecho de que los chicos en etapa escolar tienen más probabilidades de recibir un diagnóstico que en el pasado. O que hay más profesionales de psicopedagogía que antes, y esto también incide.Sin embargo, están quienes no subestiman la interacción existente entre la mente infantil y el nuevo entorno mediático. Se cree que la inmediatez de las nuevas tecnologías hace que los chicos necesiten otros estímulos para interesarse y permanecer atentos.Desde este punto de vista la escuela, una institución que responde a un formato del siglo XIX, con eje en la palabra escrita, habría dejado de ser un hábitat natural para las nuevas generaciones de estudiantes.Es que los chicos son "nativos digitales", dotados por tanto con un sistema cognitivos adaptado a las nuevas tecnologías intelectuales, como los ordenadores. Marshall MacLuhan enseñó que las herramientas no son neutrales.Las tecnologías no sólo son ayudas a la actividad humana, sino también fuerzas poderosas que actúan sobre nuestro modo de percibir y sentir el mundo. ¿En que medida, entonces, el sistema perceptivo de los más chicos está alterado por las modernas máquinas, de suerte que ahí residiría en parte la raíz del mentado déficit de atención?Al respecto hay estudios que revelan que el cerebro humano funciona de manera distinta según cambien los entornos. Las personas muestran una mayor atención, por ejemplo, cuando no están siendo bombardeadas por estímulos externos.En este sentido los estímulos de la Web pueden ser vigorizantes, estimulantes. Pero también ser causa de distracción. ¿Qué pasa con un chico acostumbrado a un contexto digital donde domina la hiperconectividad?Dado que existe el desarrollo de los hábitos cognitivos, ¿no está desajustado su sistema perceptivo, adaptado al frenesí de los estímulos informáticos, del monótono entorno escolar, centrado en la contemplación libresca?Nicholas Carr, en un libro donde explora el impacto cognitivo de Internet, no vacila en postular que la red fomenta el picoteo rápido y distraído, lo que nos hace menos capaces para la concentración.
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