Demencias en la vejez: preocupación mundial
La aparición de enfermedades ligadas a la edad, con pérdidas físicas y mentales, plantea quizá uno de los mayores desafíos para los gobiernos y la ciencia médica contemporánea. El incremento de la longevidad, un fenómeno inédito en la demografía mundial, producto de la creciente prolongación de la vida, ha ido en paralelo con la proliferación de demencias en las personas mayores, siendo el mal de Alzheimer el caso más típico.Se trata de enfermedades en su mayoría degenerativas y, por lo tanto, irreversibles. Consisten, básicamente, en una pérdida de la función cerebral que afecta la memoria, el pensamiento, el lenguaje, el juicio y el comportamiento.Todas las formas de demencia afectan a 44 millones de personas, el 70% de las cuales tiene Alzheimer. Lo alarmante es la proyección: se calcula que la cifra podría triplicarse en 2050, sumando 135 millones de pacientes.Hay una movida a nivel internacional dirigida a encontrar un remedio o un tratamiento contra la demencia. Eso quedó expresado el año pasado, cuando los representantes de los países del G-8 (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón, Rusia y Estados Unidos) parlamentaron en Londres con expertos y científicos.Allí se convino en movilizar todos los recursos posibles para dar batalla a estos trastornos, conceptualizados como epidemias del futuro. El dato concreto es que el mal de Alzheimer no sólo pone en jaque a pacientes y familiares, sino también a la salud pública y a las economías de los países.La batalla científica contra las enfermedades degenerativas, como el Parkinson y el Alzheimer, empezó con el anuncio del presidente estadounidense Barack Obama, en 2013, de invertir 300 millones de dólares para investigar el cerebro humano.En Argentina el Alzheimer y otras formas de demencia afectan a más de 450 mil personas, y a sobre todo a las personas de la tercera edad. La expansión de la enfermedad está conectada con el proceso de envejecimiento poblacional.A principios del siglo pasado la esperanza de vida de un argentino era de 48 años, mientras que hoy es de entre 74 y 75. Pero el hecho de vivir cada vez más años, tiene por lo visto sus bemoles, dado que el principal factor de riesgo del mal es la edad.Nora Bär, dedicada al periodismo científico, se preguntaba no hace mucho si las demencias son un efecto colateral, pero "normal" de la vejez. Y le trasladó esta inquietud a Norman Relking, director del Programa de Trastornos de Memoria del Weill Cornell Medical Center, que pasó hace poco por Buenos Aires para participar de un simposio.El especialista reflexionó entonces: "A principios del siglo XX pocos vivían más allá de los 55. La declinación cognitiva era un fenómeno raro. Personalmente creo que vemos el desarrollo del cerebro hasta los treinta o cuarenta años. Incluso en los sesenta y pico hay modificaciones en los circuitos cerebrales. Después, la mayoría de los cambios van en la dirección opuesta".Y añadió: "Desde el punto de vista científico, no es lo mismo el Alzheimer que el envejecimiento normal, pero hay puntos de contacto. Por eso, hay razones para preguntarse si todos estamos en riesgo. O si se trata de algo en lo que podemos intervenir y que podemos cambiar".Otro aspecto de la enfermedad de Alzheimer tiene que ver con los prejuicios sociales. Esto incluye discriminación y rechazo, así como sentimientos de vergüenza y estigma entre los familiares.
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