Democracia y economía
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano* OpiniónAl mirar nuestro país no puedo no conmoverme. La democracia de mi país me conmueve al igual que el rumbo de la economía porque ambos conceptos se hacen concretos, visibles e influyen en la vida cotidiana de todos nosotros.La democracia es la forma de gobierno propia del Estado de derecho. El pueblo gobierna y legisla a través de sus legítimos representantes, elegidos por medio del voto. Pero la responsabilidad ciudadana no termina al colocar el sobre en la urna el día de las elecciones. Es necesaria la participación en la construcción del bien común. Ese bien común que propone características que bien vale recordar: respeto a la persona, búsqueda de la paz y el bienestar de la comunidad, la interrelación y colaboración con distintos actores de la sociedad para encontrar entre todos el mejor bien posible.La "política" hace referencia a lo que es común a todos. No es sólo cuestión de "los políticos", sino responsabilidad de toda la ciudadanía. Queremos una Democracia firme, estable. En esto coincidimos todos los argentinos.Uno de los elementos que fortalecen la democracia es una economía sana y una justa distribución de los bienes. Si la economía tiende a una administración eficaz de los bienes comunes, busca la generación de riqueza colectiva, cuida los recursos y optimiza la capacidad de ahorro puede ser considerada sana. El Papa Benedicto XVI dijo que la democracia "es la única que puede garantizar la igualdad y los derechos de todos".La Democracia se entiende como el gobierno del pueblo y para el pueblo. Si esto no sucede se desvirtúa su finalidad y la gente crece en desconfianza y apatía a la par que se aleja y abandona espacios de participación.Es oportuno que destaquemos que la política es una tarea muy noble. El Papa Pablo VI dijo que "la política es una forma eminente de la caridad". La nobleza implica gestos y actitudes generosos y honrados tanto en gobernantes como en gobernados.Para fortalecer la democracia también es importante garantizar el acceso a la educación, la salud, la vivienda. Debe haber un modelo de producción y desarrollo que promuevan la creación de fuentes de trabajo en las diversas regiones del país.Al mismo tiempo, es muy deseable una cultura del trabajo que atraviese la educación en todos sus niveles y que logre generar jóvenes que se identifiquen con esta propuesta: la que se edifica sobre la roca del trabajo digno y que brinda satisfacciones tanto en el plano individual como en el colectivo.Cultura del trabajo que va de la mano de la solidaridad. "El mensaje de la doctrina social acerca de la solidaridad pone en evidencia el hecho de que existen vínculos estrechos entre solidaridad y bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre los hombres y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo" dice en uno de sus párrafos el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.Pensar acerca de democracia y economía nos llevó a reflexionar sobre política, bien común, educación.Nelson Mandela, aquel líder que emergió de una sociedad tan lastimada como la sudafricana, nos presta su definición de democracia antes de despedirnos hasta próximo domingo: "Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento". * Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
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