Depresión o Duelo
¿Sabemos comprender que trasfondo tienen los cambios de ánimo que nos aquejan? No todos tienen la misma evolución con el tiempo. Una aproximación al tema. Por Dr. Carlos Eduardo Trosman (*) María siempre fue una persona de mucho ánimo que generaba entusiasmo a los otros cuando lo perdían. Sus 68 años los llevaba muy bien, saludable, activa y de gran dedicación a sus nietos, "la luz de sus ojos". Compinche con las nenas en "cuestiones de mujeres"; con los varones, hincha por Racing: "camiseta para sufrir".Hace un mes, su hijo menor le informó que en pocos días partía a Japón; su empresa lo enviaba allí por un tiempo prolongado. Su reacción fue de desagradable sorpresa. Estuvo llorando y angustiada unos días y ahora su familia y amigos la notan que sigue decaída, que no se repone aceptando la situación como todos esperaban, rechaza visitas, le incomoda que los nietos la vean, no le interesa saber como anduvo Racing el domingo, está inapetente y hay noches que no puede dormir bien. Por otro lado, los sobrinos hablan del tío "ídolo" que vive en Tokio y que les traerá los mejores "jueguitos"; los hermanos y amigos ven el traslado como un progreso laboral.¿Qué le anda pasando a María? Por qué no actúa en función de su entusiasmo habitual. Tal vez alguien le reclame: "Vos siempre nos alentás ¿y ahora no podés reaccionar?" Pero María no puede, no puede disponer de las capacidades para ayudarse. ¿Por qué sucedió esto? Nos falta saber un detalle importante.María había tenido con ese hijo varios desencuentros. Discutían a menudo. Pensar que no lo vería a diario le provocaba miedo, desesperanza y algo de enojo porque se sintió abandonada. María pensó que quizás se fue porque quiere estar lejos de ella. "Ni me dejó la dirección, dijo que iba a hablar, no dijo que me iba a hablar", comentó acongojada. Después de un tiempo desaparecen los reproches al hijo para pasar a pensar que tendría que haber sido más tolerante con él, quizás de esa forma no hubiera aceptado ese traslado. María no tiene posibilidad para rescatar el lado bueno del traslado del hijo. Por ahora sólo hay lugar para reproches.¿Podremos ayudar a María? Si. Siendo tolerantes con ella, sin enojarnos ni pedirle que "piense con inteligencia". Acompañarla en su dolor, María sufre, a veces en silencio, otras veces quiere hablar. No hay que presionarla. Invitarla a reconocer que el hijo ya creció y no en su contra. Ofrecerle alternativas para la distracción. DueloAl comienzo del siglo anterior, Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, definió este cuadro por el que pasa María: lo llamó duelo. Sabemos que es estar de duelo, pero no siempre que es estar transitando un duelo. El duelo es un estado que no sólo se genera frente a la muerte de algún ser querido, puede ser algo imaginario, por tener que dejar el país, por perder algo material, por no poder renovar la licencia de conducir por la edad, por tener que jubilarse. Freud señaló que cuando la relación con un ser querido fue conflictiva, como fue la de María y su hijo, una separación - en este caso por viaje, pero puede ser una pérdida por muerte - lleva a que el conflicto se instale en la mente y comienzan reclamos, primero hacia el otro, luego contra uno mismo - autorreproches - ligados a ese sentimiento de haber sido uno el "culpable" de lo que sucedió: un abandono, una muerte.Si María transita este período sin demasiados inconvenientes, período que lleva meses, pasará a la etapa donde recuperará el equilibrio en su ánimo y sus pensamientos apuntarán a la aceptación de la realidad: que el hijo creció y decide con autonomía. Volverá a conectarse con sus intereses en el mundo que la rodea. En ese caso María habrá transitado las etapas de un duelo normal.Si no puede salir de los reproches, su angustia irá en aumento, una situación difícil de soportar, a la que se agregan en grado variable reacciones corporales como dolores musculares y trastornos gastro-intestinales, podrá "pescarse" alguna enfermedad infecciosa, tener insomnio o deseos de dormir mucho; humor triste con irritabilidad y agresión con los demás o con aislamiento social, abandono personal y de las tareas habituales; podrá llegar a tener deseos de morirse o pensar de hacer algo para lograrlo. Aquí decimos que ese duelo tuvo una evolución patológica y María estaría padeciendo una depresión que tendrá que ser tratada. Para tener en cuenta Muchas veces hay duelos que por no ser bien procesados en su momento quedan enquistados en la mente; perduran dando síntomas o generando conductas de las que no siempre se tiene conciencia de ellas; esos duelos aparecen representados en sueños traumáticos que se repiten a lo largo de la vida. Algunas causas que lo generan: en la infancia la pérdida de un familiar; en los adultos, la pérdida de un embarazo, de familiares, exilios forzados. A modo de ejemplo diremos que duelos de la infancia no resueltos pueden conducir a la aparición de "conductas culposas" a lo largo de la vida. ConclusionesUna consulta psicológica hecha a tiempo, aclarará si una persona transita un duelo con la necesidad o no de un tratamiento psicoterapéutico o, si padece de una depresión que necesita de la ayuda psicológica y farmacológica para lograr alivio a los síntomas y poder resolver los conflictos ligados a rasgos de la personalidad y a las relaciones conflictivas que tuvo. La depresión si o si hay que tratarla y no dejar que se instale como crónica, pues trae aparejado desórdenes de todo tipo en el organismo y compromete el rendimiento intelectual. (*) Dr. Carlos Eduardo TROSMANMédico Especialista en Psiquiatría. Psicoanalista, miembro de la International Psycho-Analitical Association. Magister en Psiconeurofarmacología por la Universidad Favaloro. Docente de Salud Mental, Fac. Medicina UBA y Fac. Psicología USAL.Coordinador del Área de Adultos Mayores de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires -APdeBA. Miembro de la C.D. de la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología-ALAPP. Ex Jefe de Centro de Salud Mental No.1 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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