Derrape de los sondeos en comicios colombianos
Las encuestas hablaban de un empate técnico entre los dos principales postulantes a presidente de Colombia. Sin embargo, uno de ellos (Santos) se impuso por 25 puntos sobre el otro (Mockus).Las firmas encuestadoras han quedado en el ojo de la tormenta, tras haber derrapado fiero en las últimas elecciones colombianas. Vuelve la duda: estos instrumentos, ¿revelan realmente la vox populi?No parece prudente desestimar a priori el valor científico de este tipo de mediciones. Bien realizadas pueden, efectivamente, reflejar con exactitud el humor de la gente.Sin embargo parece bastante claro también que, aun realizados con la mejor buena fe y el mayor rigor metodológico, los sondeos no son infalibles, y tienen que lidiar en este sentido con el error.Y esto porque la mayoría de las opiniones recogidas por las encuestas son débiles (no expresan opiniones intensas) y son volátiles (pueden cambiar en poco tiempo).De hecho algunos encuestadores colombianos, para aplacar las críticas de que son objeto, señalaron que los sondeos se hicieron 13 días antes de los comicios, según lo dispone el Consejo Nacional Electoral."Si nos hubieran dejado tomar la foto del electorado dos o tres días antes de los comicios, los resultados habrían sido otros", se excusó César Valderrama, de la firma Datexco.Además, los directores de las encuestas se atajaron diciendo que en la última semana (previa a los comicios) hubo cuatro debates televisivos entre los candidatos y allí muchos votantes pudieron haber cambiado su voto.Otros de los factores que habrían explicado el yerro de las encuestas, es que éstas no miden el voto rural en toda su dimensión, y en esa zona se habría jugado gran parte de la elección colombiana.Como sea, hay que admitir también que la publicación de encuestas de intención de voto no parece ser una operación inocente. Ya que de alguna manera crean un "clima de opinión" que direcciona la voluntad del electorado.En este caso se instala la razonable duda sobre si las encuestas, en lugar de recabar fielmente el pensamiento de la gente, son apenas un instrumento de propaganda al servicio de una facción política.Es la hipótesis de la manipulación, que de ninguna manera hay que descartar, ya que lo que aquí se está jugando es la disputa por el poder político, y Nicolás Maquiavelo ya enseñó cuál es la lógica a-moral que prima en este terreno."Que el que mejor ha sabido ser zorro, ese ha triunfado. Pero hay que disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar", aconsejó el pensador florentino a quienes quieren tener éxito en política.A decir verdad, las encuestas pueden prestar un servicio estratégico a la manipulación maquiavélica de la opinión pública, en base a la cual se rige la democracia.Se sabe que estos instrumentos, en lugar de "reflejar" el parecer del público, están en condiciones de "crear" opinión en él, instalando determinadas creencias.Está estudiado que generar con anticipación un clima de triunfo alrededor de un candidato o partido, utilizando las encuestas como instrumento, fuerza la voluntad de mucha gente que quiere subirse al carro del ganador.Por eso no es casual que durante la campaña pre-electoral los candidatos que compiten aseguran que están ganando la compulsa. Ellos saben que hay una amplia franja de electores que, lejos de las convicciones políticas, aborrecen formar parte del bando de los perdedores.Después del escrutinio, esa gente quiere estar entre los vencedores.
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