
La ciudadanía se manifestó masivamente en la calles obligando al Gobierno a suspender el proyecto de reforma constitucional
Mucho se ha dicho y analizado sobre el multitudinario cacerolazo del pasado jueves 13, que tuvo su epicentro en la Capital Federal, con eco en casi todo el país. Hubo una gran diversidad de mensajes y un claro destinatario: el Gobierno Nacional, que reaccionó de forma patética dando nuevas muestras de hipocresía, soberbia y desprecio. Desde Puerto Madero, encumbrados funcionarios tildaron a los concurrentes de "bien vestidos" o miembros de una supuesta "clase social acomodada", entre otros agravios que fueron vertidos con total descaro.Patricio Giusto*
OpiniónDesde mi punto de vista, sin lugar a dudas, lo más relevante fue el contundente rechazo a la re-reelección. Ante una oposición desarticulada, incapaz de poner freno en el corto plazo a la nueva avanzada kirchnerista contra la democracia, la ciudadanía se manifestó masivamente en la calles obligando al Gobierno a suspender -al menos momentáneamente- el proyecto de reforma constitucional.Democracia enferma y redes socialesPrevio al cacerolazo y a través de las páginas de este mismo diario, expresé la importancia de que la ciudadanía se movilice para rechazar la re-reelección y defender la alternancia, esencia de la democracia. Lo reafirmo y fundamento en que esa masa social, inorgánica y sedienta de liderazgos representativos que salió a la calle, se convirtió en el único contrapeso efectivo ante un poder central que avanza día tras día sobre nuevas libertades y posesiones de la ciudadanía.Si tuviésemos una democracia sana y madura, ese contrapeso deberían ser otras instituciones que naturalmente canalizan las demandas sociales, como los partidos políticos o los medios de comunicación. Pero sucede que los partidos políticos se han reducido a endebles estructuras electorales que no tienen vida interna fuera de los meses previos a los comicios. En tanto, los medios de comunicación han sido mayormente adquiridos por el Estado y empresarios socios del Gobierno.Pese a ello, la ciudadanía utilizó un novedoso medio para auto-convocarse, quizás el único medio de comunicación que está fuera del alcance del control gubernamental: las redes sociales. En ese sentido, cabe destacar que se trata del mismo medio que fue vital para organizar y expandir las históricas revueltas que desencadenaron la llamada "Primavera Árabe" contra las dictaduras del norte de África, a partir de 2010.Es importante advertir que la movilización se dio en el marco de un acelerado proceso de 'chavización' de la Argentina, para lo cual la re-reelección se presenta como una conquista imprescindible. En este escenario, al Gobierno Nacional se le presenta un incómodo desafío: convivir con crecientes sectores de la ciudadanía que no temen a las amenazas oficiales y están dispuestos a salir a la calle a poner un límite las políticas de corte anti-democrático.Para colmo, se trata de personas que se convocan predominantemente por un medio de comunicación que no se puede controlar, cooptar ni comprar. Insistir por la misma senda del ninguneo y la confrontación contra esos sectores, a los que se encasilla con absurdas etiquetas clasistas, puede ser suicida en términos electorales.Sistema tipo 'chavista'Mientras existan sectores sociales que se manifiesten abiertamente en favor de la democracia, difícilmente pueda establecerse un sistema de tipo 'chavista' en nuestro país, más allá de eventuales resultados electorales y vaivenes económicos.Y allí es donde aparece el enorme desafío ciudadano: seguir activos y movilizados para mantener con vida nuestra precaria democracia. Afrontamos una poderosísima amenaza autoritaria que nos demanda una cuota mayor de compromiso y participación cotidiana, algo que claramente va mucho más allá de ir a votar cada dos años y pagar los impuestos. Más que una opción, por estas horas es una ineludible obligación.
* Lic. en Ciencias Políticas