Desde la academia hasta el Corsódromo: el pulso de la danza en Gualeguaychú y su identidad en movimiento
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De la formación en los estudios y salas con decenas de profesores en actividad al despliegue escénico dentro del Carnaval del País, esta expresión artística amplió su presencia en la ciudad y, con el paso del tiempo, se convirtió en un pilar fundamental del ADN cultural gualeguaychuense.
Cada 10 de octubre se conmemora en la Argentina el Día Nacional de la Danza, en homenaje a los nueve integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón que murieron en un accidente aéreo en 1971. Entre las víctimas estaban los primeros bailarines Norma Fontenla y José Neglia, junto a otros siete integrantes de la compañía, que viajaban a Trelew para participar de un espectáculo a beneficio.

Con los años, la fecha se convirtió también en una oportunidad para reconocer el valor de la danza como expresión artística y cultural. Es así que hoy, junto al recuerdo de aquellos bailarines, se busca rendir homenaje a este género artístico como medio de expresión cultural de los pueblos.
En Gualeguaychú, la danza ocupa un lugar destacado en la vida cultural, con una actividad que abarca desde la formación en academias hasta las grandes puestas escénicas del Carnaval del País.
Nina Fuentes es una de las referentes en la materia. Fue declarada la semana pasada Personalidad Destacada, a través de una sesión especial del Honorable Concejo Deliberante: “Sentí una emoción muy profunda”, dijo y agregó: “Después de 50 años ininterrumpidos de dedicar mi vida a la danza, recibir esta declaración en mi propia ciudad me hizo mirar hacia atrás y tomar conciencia de todo el camino recorrido. No es solamente un reconocimiento a mi trayectoria, sino también a este arte, a mis alumnos, a mis maestros, a mi familia y a todas las personas que compartieron este camino conmigo. La danza fue y sigue siendo mi manera de expresarme, de enseñar, de crear y de dejar una huella. Y si algo me emociona especialmente es pensar que, durante todos estos años, pude ayudar a muchas personas a descubrir su propio artista. Por eso lo recibo con enorme gratitud y con la certeza de que, después de tantos años, sigo sintiendo la misma pasión que cuando comencé”.
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Elisa Zonis, otra de las profesoras de gran renombre que también está próxima a cumplir medio siglo de trayectoria, recordó sus comienzos y los cambios de los que se siente privilegiada de haber sido testigo y protagonista: “Empecé a bailar a los 5 años y a dar clases a los 13. Tuve luego la oportunidad de formarme en el Teatro Colón. La danza clásica tenía un lugar muy fuerte como disciplina de formación, pero con el paso del tiempo fueron creciendo muchísimo otras propuestas: el jazz, el contemporáneo, la fusión, los ritmos urbanos y el folklore, por ejemplo. No siento que un estilo haya reemplazado a otro; por el contrario, se fueron sumando lenguajes y eso enriqueció muchísimo la danza. Ya no es solamente una actividad para niñas que quieren formarse como bailarinas. Hay niños, adolescentes, jóvenes y adultos que encuentran en ella una manera de expresarse, de encontrarse con otros, de disfrutar y de crecer. Por eso creo que la danza en Gualeguaychú no solamente creció: se consolidó. Se hizo más diversa, más amplia y accesible, pero sin perder sus raíces. Y me emociona poder seguir siendo parte de esa historia”.
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Fuentes también destacó que la evolución de la danza en Gualeguaychú “ha sido enorme”: “Cuando empecé éramos solamente tres profesores. Hoy hay aproximadamente más de 25 academias y 60 profesores enseñando. Ese dato, por sí solo, muestra cuánto creció la actividad y el lugar que la danza fue ganando en nuestra ciudad. Habla de una ciudad que aprendió a valorar cada vez más el arte y la cultura”. En el caso de la danza clásica, notó “una evolución importante en la enseñanza y en la preparación técnica”: “Hay mayor conocimiento, más capacitación y una mirada más profesional sobre la formación de los bailarines”.
El Corsódromo como escenario
Ambas referentes hicieron mención al rol que cumple el Carnaval del País en el desarrollo artístico local, y puntualmente en el universo de la danza. “El Carnaval creció muchísimo en su nivel artístico y coreográfico. Hoy vemos comparsas con puestas en escena cada vez más elaboradas, bailarines con mayor preparación técnica y coreografías que requieren mucho trabajo, ensayo y conocimiento del movimiento. Y en ese crecimiento, sin dudas, la formación que brindan las academias de danza tiene mucho para aportar. Muchos bailarines que pasan por nuestras academias después encuentran en el Carnaval un espacio donde pueden poner en práctica todo lo aprendido: la técnica, la expresión, la musicalidad, el trabajo grupal y, fundamentalmente, la disciplina que requiere preparar una coreografía y sostenerla durante un espectáculo de esas características”, señaló Zonis.
“Al mismo tiempo, el Carnaval les da una experiencia escénica enorme: bailar frente a miles de personas, tener presencia, energía y aprender a comunicarse con el público”, aportó por su lado Fuentes, quien compartió una lectura muy similar sobre este claro vínculo entre las academias y nuestro mayor espectáculo.
Felicita Fouce, Reina de la edición 2025, consideró que “el Carnaval tiene una gran influencia en el interés y la motivación de los gualeguaychuenses por aprender algún tipo de danza o explorar otras expresiones artísticas, como el teatro, el canto o la actuación”. “En lo que respecta a la danza y al samba no pé, creo que el Carnaval funciona como un puntapié inicial, algo que despierta la curiosidad de las personas y las impulsa a acercarse a esto. Una vez que uno se adentra en el mundo del samba, tanto desde lo dancístico como desde su dimensión cultural, se abren otras puertas y cada persona decide si quiere cruzarlas o no”, contó.
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Si bien observó que muchos comienzan a tomar clases y a participar de workshops de samba con la intención de incorporar herramientas para su performance carnavalera, “también hay muchísima gente que se acerca al samba por otros motivos”: “Al menos en mis clases, entre un 60 y un 70 por ciento de las personas vienen con ganas de aprender algo nuevo, de explorar el movimiento y de vivir una experiencia diferente, sin que eso esté directamente relacionado con el Carnaval”. “Si bien el Carnaval es un gran puntapié que hoy despierta en muchos la curiosidad por aprender distintas expresiones artísticas, el samba también tiene un valor propio que trasciende al Carnaval y motiva a las personas a acercarse a esta danza por otros caminos”, agregó.
Lejos de limitarse y en busca de una innovación constante, las comparsas han sabido incorporar distintas estéticas visuales, géneros musicales y estilos de baile a sus propuestas de cada edición sin perder los elementos característicos del Carnaval. Un ejemplo claro se vio este año con “La Resistencia”, la temática gauchesca con la que Ará Yeví llevó el folklore a la pasarela del Corsódromo. Los bailarines de malambo Felipe Bon y Cielo Pereyra fueron los portabanderas de la comparsa y sorprendieron con su destreza en la pista.
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“Gualeguaychú es cuna de artistas. El Carnaval ha sido y seguirá siendo un semillero para quienes necesitan expresarse de manera artística, y la danza no queda ajena a eso. Muchos niños, niñas y adolescentes se forman en disciplinas de danza que luego algún día sueñan con mostrar en la pasarela del Corsódromo. Todos los que hemos integrado alguna vez una comparsa sabemos que la danza es un punto súper importante para poder enaltecer nuestro mayor espectáculo cultural que tenemos en la ciudad. Por eso entiendo que el Carnaval y la danza, así como otras expresiones artísticas vinculadas al Carnaval (música, teatro, etcétera) forman parte de nuestra identidad local y siempre será nuestro orgullo formar parte de este espectáculo, ya sea como integrante, trabajador o espectador del mismo”, expresó Pereyra.
La exponente local de danza folklórica coincidió en que se nota un crecimiento o una mayor visibilidad del género en la ciudad: “En parte creo que se debe a que se está entendiendo la importancia de contar de dónde venimos, quiénes somos, por qué bailamos así o qué nos representa. Investigar, saber y representar nuestras raíces se ha convertido en algo esencial. Es muy lindo ver cada vez más jóvenes, incluso niños y adolescentes que se interesan por el folklore y se arriman a querer aprender a bailarlo. Que van a alguna peña, que se suman a las clases y te dicen que quieren bailar eso que vos hacés. El hecho de que Gualeguaychú sea sede de uno de los festivales folklóricos más importantes del país también abrió esa puerta. Y el hecho de que artistas de la ciudad nos estén representando en esos festivales también”, dijo, haciendo alusión al certamen del Pre-Cosquín.
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De hecho, sus palabras llegaron esta semana mientras se encontraba representando a Entre Ríos en el Campeonato Nacional de Malambo femenino, en Córdoba. “Siento una emoción tan grande por haber llegado hasta acá, sabiendo que todavía como provincia (y más aún como ciudad) somos nuevos en Malambo y estamos creciendo de a poquito, pero siendo consciente del camino que estamos trazando en estos escenarios de nivel nacional, pudiendo visibilizar para nuestra gente el nivel de folklore y la diversidad de estilos y propuestas que existe en otras provincias”, compartió.
“Es real que en estos últimos años las disciplinas folklóricas han cobrado más protagonismo, al igual que el flamenco”, sumó Valentina Gonella, profesora de esta expresión artística tradicional de España, y agregó: “En estos últimos años adquirió un poco más de notoriedad por el gran esfuerzo de docentes y artistas -‘bailaores’ y guitarristas- que ofrecen clases, organizan talleres y convocan a profesionales para que viajen hasta Gualeguaychú y brinden sus conocimientos. Además, organizan los famosos ‘tablaos' (shows con músicos en vivo), presentan proyectos al Fondo Municipal de las Artes para facilitar el acceso a la formación y buscan dar a conocer esta cultura con muchísimo respeto e intentando mostrar su ‘pureza’. La comunidad participa y responde con apertura a estas propuestas y quienes intentamos sostenernos desde ese lugar estamos agradecidos”, contó.
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“Gualeguaychú tiene un vínculo muy profundo y genuino con la danza”, remarcó Gonella, y aseguró que “el Carnaval del País es, sin duda, una escuela de exigencia física y despliegue escénico espectacular, que se nutre del semillero enorme formado en danza clásica, contemporánea, ritmos urbanos y españoles gracias al trabajo de muchísimos profes”.
A modo de reflexión, observó que hoy el circuito local sigue funcionando de manera muy recreativa: “Si analizamos que en la ciudad no existen carreras terciarias o universitarias de formación pública en danzas, como sí existe, por ejemplo, el Profesorado de Teatro, ocurre que tenemos bailarines con un potencial enorme, de nivel internacional, que terminan participando en eventos por muy poca plata porque el mercado local no está profesionalizado. Lamentablemente, para desarrollarse al máximo y vivir de los escenarios, el talento local se ve obligado a migrar a Buenos Aires o al exterior. El que no tiene la posibilidad de irse, muchas veces termina estudiando algo que considera 'con mayor salida laboral', dejando su vocación de costado, o bien volcándose a la danza, pero exclusivamente desde la docencia para poder subsistir, lo que hace que su carrera arriba de las tablas quede ahí”, manifestó, dejando en claro que “la docencia es hermosa y necesaria, pero el artista necesita el escenario”.
De la disciplina académica a la libertad del movimiento popular, la danza reafirma su lugar. Reconocer el camino recorrido por sus pioneras y acompañar la diversidad de sus nuevas expresiones es el mejor homenaje para quienes hacen del movimiento una forma de vida.

