Editorial |

Desde la estepa rusa a la tierra entrerriana 

Hoy los vecinos de la Aldea San Antonio celebran el 130º aniversario de la fundación de la localidad por los inmigrantes alemanes procedentes del Volga. Paralelamente, la celebración empalma con una nueva edición de la Fiesta Provincial del Inmigrante Alemán, grupo étnico que vino a fecundar la tierra entrerriana desde la lejana Europa. Estos alemanes vivieron desde fines del siglo XVIII en las cercanías del rio Volga en la región europea de Rusia, donde conservaron su cultura, sus tradiciones e iglesias, todas cristianas. Pero a mediados del siglo XIX la situación de esta etnia alemana se modificó en el país de los zares. Se vieron por tanto forzados a migrar otra vez a partir de una  política agresiva de “rusificación” instaurada por el zar Alejandro II. Argentina, que por entonces tenía una política liberal dirigida a atraer inmigrantes europeos, abrió sus puertas a este grupo humano, cuyos primeros contingentes arribaron al puerto de Buenos Aires en 1878. Algunos de ellos fueron derivados a la provincia de Entre Ríos, específicamente a la colonia General Alvear, fundada por la Nación en Diamante por esa época. Allí, alrededor de 400 familias fueron beneficiadas con 20.000 hectáreas en concesión. En ese espacio se agruparon conforme a su religión (unos eran católicos y otros protestantes) y pueblo de origen, con la idea de mantener sus tradiciones y cultura. Así nacieron las primeras aldeas que actualmente conservan sus primitivas características: Valle María, Spatzenkutter, Salto, Protestante, San Francisco y Brasilera. La población se expandió y la tierra agrícola se convirtió en un bien escaso. Fue entonces que Pedro Michel, Felipe Huck, Jacobo Bauer y Andrés Müller vinieron a la zona de Pehuajó Norte (Gualeguaychú) y se contactaron con Juan Spangenberg, que poseía 12.000 hectáreas. Allí se instalaron tres grupos, formados espontáneamente; los “Huckre” que fundaron Aldea San Antonio, eran familias que provenían de aldea Huck en Rusia; los “Balzerer” provenientes de aldea Balzer, fundaron Santa Celia; y un grupo más nutrido, conformó luego la aldea San Juan. Aldea San Antonio toma su nombre  del arroyo en cuyas márgenes se ubica la población, que ha ido creciendo en todo sentido a lo largo de los 130 años de existencia, conformando en la actualidad un progresista municipio. Desde sus inicios la principal actividad económica del poblado se vincula a la agricultura y la ganadería: arroz, trigo, sorgo, soja, recría e invernada, miel, pollos, huevos y leche. Los residentes de la Aldea, la mayoría de ellos descendientes de los primeros fundadores (Michel, Huck, Schultheis, Müller, Kindsvater, Sack, Hergenrother, Koch, Sittner, Weigandt, Zitterkopf, Heidenreich), se sienten orgullosos de la cultura y las tradiciones de sus ancestros, como ocurre con el resto de las comunidades entrerrianas fundadas por los alemanas-rusos. ¿Cuál es el rasgo caracterológico dominante de este grupo humano? Los historiadores coinciden en señalar que han debido moverse, peregrinar por distintos lugares, en pos de hallar una vida mejor. Se trata, así, de un pueblo caminante que ha buscado desarrollar su propio estilo de vida. Según el pastor René Krüger, los alemanes del Volga se han caracterizado por tres dimensiones fundamentales: el espíritu de trabajo, la fe cristiana y su espíritu de familia. Fueron los pilares básicos sobre los cuales este pueblo migrante logro mantenerse unido ante las adversidades y al mismo tiempo prosperar en aquel lugar donde encontraron libertad para vivir.

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