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Día del padre: De la cuota alimentaria a la imperiosa necesidad de repensarnos

Miles de niños y niñas crecen con un papá ausente o con una presencia vacía de responsabilidades y afecto. Muchas veces es otra persona la que ocupa ese rol. El incumplimiento de los deberes parentales se refleja en la cantidad de trabajo que tiene la Justicia en este sentido. Repensarnos en el rol de padres es uno de los imperativos de los tiempos que corren. "El cambio debe ser personal, social y político", expresó uno de los entrevistados.

El Día del padre es una fecha con una importante carga emocional para una gran parte de nuestra sociedad. También puede resultar una interesante oportunidad para abordar un tema que, más que nunca, interpela a miles de familias: ¿cómo es ejercida la paternidad en los casos de separación? ¿Por qué hay tantos padres que ni siquiera cumplen con una cuota alimentaria? ¿Cuán necesario es rediscutir el significado de ser papá?

Pocas situaciones en la vida demandan el permanente aprendizaje que implica la paternidad. Son momentos de ruptura, respecto a creencias prestadas o prejuicios, y de descubrimiento de un mundo nuevo. También, ocasiones para conocer las muchas maneras de ejercer la paternidad y las de no hacerlo.

No existe un registro de padres presentes y padres ausentes, de hecho, son categorías que ya no se usan. Ni siquiera el Poder Judicial cuenta con estadísticas oficiales respecto a los tipos de conflictos familiares en los que interviene. Por eso resulta necesaria la palabra de los actores involucrados en la resolución de aquellos conflictos entre progenitores que afectan los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Para entender mejor cómo funciona el sistema de administración de justicia en los casos de familia, ElDía dialogó con el juez Héctor Vassallo, a cargo del Juzgado de Familia y Penal de Niños y Adolescente N°1 de Gualeguaychú.

En este sentido, resulta pertinente aclarar cuál es el universo que accede al juzgado. Se trata de aquellos grupos familiares “en el que los adultos no están pudiendo autocomponer los roles y sus funciones como padre y madre, y ponen en situación de vulnerabilidad a los menores”, explicó Vasallo.

Pero los casos que llegan al juzgado de Luis N. Palma 788 representan una pequeña porción, la mayoría se resuelve en instancias previas. En el mejor de los casos, las parejas pueden resolver por sí solas las obligaciones para con sus hijos e hijas luego de la separación. Quienes no, pueden recurrir a un letrado, en el caso de contar con los medios económicos para hacerlo, o al Ministerio Público de la Defensa (Bolivar 591), en el caso de no disponer de esos medios. Si las instancias de mediación no funcionan, el Juzgado de Familia tiene la posibilidad de habilitar una conciliación, y si esta no es suficiente, recién entonces interviene el Juez.

“El derecho de familia tiene como uno de sus principios fundamentales a la autocomposición. Ya que es mucho mejor que los padres entiendan cuál es su funcionalidad a tener que estar leyéndola en una sentencia mía”, aclaró Vassallo.

“Una de las cuestiones más públicas, en términos de la intervención de un organismo judicial, aparece en los casos de familia. Justamente, por la vulnerabilidad que pueden tener los integrantes de ese grupo familiar en esas situaciones”, pero “la ley no dice cómo tiene que ser un buen padre o una buena madre; sí cuál es el ejercicio de la responsabilidad parental más saludable para el chico”.

Desde la última reforma del Código Civil y Comercial de la Nación, operativa desde agosto de 2015, el concepto de cuidados compartidos se entiende como el más beneficioso para los menores. En este sentido, Vassallo explicó que “no se trata, solamente, de la división de los tiempos que cada uno pasa con sus hijos, sino también la distribución de las actividades de los chiquilines en lo cotidiano, respecto a la educación y a las actividades extracurriculares”.

“Sobre esto hay muchísimo en que avanzar todavía”, ya que en la actualidad “se sigue usando mucho el cuidado personal unilateral o el cuidado compartido en el que durante el tiempo principal está con uno de los progenitores y el secundario, en cuanto a cantidad de días, con el otro”, asumió el juez que suma 20 años al frente de esa dependencia.

EL MITO DEL 30%

Existe mucha desinformación respecto a la cuota alimentaria que le corresponde a los hijos en el caso de separación. El Código Civil y Comercial sostiene que las partes de común acuerdo, o el juez, a pedido de alguno de los progenitores o del hijo, pueden fijar la suma que el hijo deberá percibir directamente del progenitor no conviviente. Esta obligación debe cumplirse hasta la mayoría de edad, y si el hijo o hija continúa estudiando, hasta los 25 años.

Al respecto, la abogada especialista en temas de familia y mediadora, Clara Kats, aportó: “el Código Civil y Comercial, en la cuestión alimentaria, habla de una gran amplitud de decisión por parte del juez. No es que hay un porcentaje prestablecido para todos los casos, eso se acuerda dependiendo de cada situación, de cada familia. Puede ser el 30, el 28 o el 15%, por ejemplo, depende de cada caso”.

“Lo mismo para el régimen de vinculación -ya no se habla de régimen de visita, sencillamente porque no se trata de una visita-, eso se debe acordar entre las partes”, remarcó.

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La provincia de Entre Ríos cuenta con un registro de deudores alimentarios (imagen ilustrativa)
La provincia de Entre Ríos cuenta con un registro de deudores alimentarios (imagen ilustrativa)

Desde el Ministerio Público de la Defensa de Gualeguaychú, en tanto, indicaron que “si bien el Código sostiene que la cuota debe cubrir no sólo los alimentos sino también otras necesidades, como las culturales y las recreativas, nosotros trabajamos con una población que vive el día a día. Son situaciones muy difíciles. Hay mamás que nos dicen: ‘yo no le pediría, pero hay veces que no tengo para darle de comer’. Entonces, se cita a ese padre, que no tiene trabajo estable ni bienes materiales, a que se comprometa a pasarle algo a su hijo o hijos. Hemos hecho acuerdos de $500 por semana, para que te des una idea”.

Los factores que determinan la cuota son dos: las necesidades del o los hijos y la capacidad económica del padre

En este sentido, todos los consultados coincidieron en que “en la inmensa mayoría de los casos es la madre la que convive con los hijos” y el padre el que debe asumir la garantía de la cuota alimentaria.

“Esa idea del 30% existe y está muy presente, pero no es así. Se trata de que los hijos mantengan el mismo nivel de vida que tenían cuando su papá y su mamá estaban juntos. Si los hijos iban a una escuela de gestión privada deben seguir ahí, y no cambiarlos a una pública para no pagar la cuota. Básicamente, los factores que determinan la cuota son dos: las necesidades del o los hijos y la capacidad económica del padre”, explicaron desde la Defensoría.

CONFLICTIVIDAD EN AUMENTO

“Antes de la pandemia veníamos teniendo una cantidad desmesurada de trámites por este tema. Sólo considerando las audiencias extrajudiciales, que son las que tramitamos acá y que no han llegado al Juzgado, veníamos teniendo un promedio de cinco por día, alrededor de 100 cada mes. Con la pandemia se frenó eso, por las restricciones para reunirnos, pero, más allá de este momento especial, es cada vez más la gente que asiste a la Defensoría”, informaron a ElDía desde el organismo.

“Estoy teniendo muchos abuelos demandados por cuotas alimentarias por el incumplimiento de sus hijos”, contó Vassallo, respecto a quienes son considerados por la ley “responsables subsidiarios”.

“Son situaciones traumáticas para aquellas personas que tienen escasos recursos”, aseguró y enumeró las medidas que se suelen dictar en los casos de aquellos padres que no cumplen con el pago de sus obligaciones: Se embargan propiedades y se venden a través de subastas; se los inscribe en el Registro de Deudores Alimentarios; se les inhiben los bienes o se les prohíbe salir del país y hasta ingresar a ver a su equipo de futbol. A veces, el club es más importante que los hijos.

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Si bien reconoció un aumento de casos en el Juzgado de Familia, el juez explicó que el mismo no responde tanto al paso del tiempo como a los ciclos de las crisis que atraviesa el país.

“El 2001 fue un año en el que estuvimos desbordados, como ahora. Creo que (el aumento de casos) tiene que ver con cómo impactan en el sistema judicial las crisis socioeconómicas que transita la sociedad. En momentos de fuertes crisis se incrementan los casos de violencia intrafamiliar y de violencia de género; el incumplimiento de la cuota alimentaria; los padres que no respetan el régimen vinculatorio porque, entre otros factores, deben trabajar más cantidad de horas o deben dedicarse a buscar trabajo porque no lo tienen”, enumeró.

TIPOS DE CASOS

En los conflictos que llegan a mediación “lo más difícil es que se respeten entre padre y madre en las funciones que uno y el otro deben cumplir”, coincidieron los profesionales consultados.

“El caso que más se repite es el del papá que se separó y tiene una nueva pareja. Es común que se aleje de sus hijos y se involucre más con los hijos de su nueva pareja”, aseguró Kats, quien tiene más de 30 años de experiencia en la temática. Y aclaró: “El pago de los alimentos es una obligación para quien no convive con ese hijo. Ahora, el régimen de vinculación no lo es, se puede ejercer o no. Vos podés resolver, el día de mañana, no querer ver más a tu hijo y no hay juez que te obligue”.

“Atiendo a cada vez más papás que quieren ejercer lo que se llama el cuidado personal, que es la antigua tenencia, palabra que tampoco se usa más, porque los hijos no son objetos que se tienen. Y acá hay que entender que quien detenta ese cuidado personal debe fomentar la vinculación con el otro, pero muchas veces las madres mezclan el tema de la cuota con la comunicación entre el padre y el hijo, quien pasa a ser rehén de esa situación. Ahí es cuando se va resintiendo la relación de ese hijo con ese padre”, aseguró la abogada.

"Ser padre no coincide exactamente con un aspecto biologicista, sino con el ejercicio de un rol"

Respecto a la figura del padre afín -reconocida jurídicamente, con derechos y obligaciones sobre los hijos afines-, Vassallo dijo que “no debe ser entendida como una cuestión negativa, ya que, si un padre o una madre reconstruye su vida afectiva y puede construir una nueva relación sentimental saludable, eso mejorará la maternidad y la paternidad, entre otros aspectos de la vida. En el caso contrario, tener un padre o una madre cristalizados en una situación de frustración por el fracaso de una pareja debilitará su mirada respecto a la funcionalidad materna y paterna”.

“Trabajo con papás biológicos, con papás adoptivos, con referentes masculinos que han operado como padres de los chicos. Ser padre no coincide exactamente con un aspecto biologicista, sino con el ejercicio de un rol”, aclaró el juez de familia. “Visibilizar la figura de los padres afines es muy importante, en muchos grupos familiares han sido un sostén fundamental para el desarrollo, tanto físico como psicológico, de los hijos de su pareja”.

PERFILES Y RECURSOS

¿Existe un perfil socioeconómico de quienes llegan al Juzgado de Familia N°1? No es una pregunta que se pueda responder desde la estadística, sencillamente porque no se cuenta recursos para construirla.

“Los desacuerdos respecto a la parentalidad se dan en cualquier tipo de clase social. Cualquier estrato social accede al juzgado. La diferencia puede estar en aquellos que pueden pagar un abogado y quienes los hacen a través de la defensoría”, diferenció Vassallo.

Si de recursos se trata, es importante poner de relieve que si bien hace tres años se creó el segundo Juzgado de Familia de Gualeguaychú, del que está a cargo la jueza Susana Rearden, esto no significó más recursos de los que había. Las dos secretarías existentes se dividieron y el único equipo interdisciplinario, compuesto por un psiquiatra, una psicóloga y tres trabajadoras sociales, ahora tiene el doble de trabajo, ya que debe atender la demanda de los dos juzgados.

Es insuficiente. No alcanza la misma estructura de hace 20 años para atender profesionalmente a todos los casos de divorcios, alimentos, protección de menores, violencia y género de la ciudad y el departamento Gualeguaychú.

“Debería existir un Juzgado especializado en Violencia y Género, y agregar uno más, para que sean cuatro juzgados de familia en la ciudad”, consideró Katz.

OTRA PATERNIDAD POSIBLE

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“Antes la paternidad se catalogaba de presente o ausente, pero es necesario ver qué tipo de paternidad se ejerce en esa presencia, hay que ver si esa presencia implica una responsabilidad, si implica afecto. Por eso, cuando se habla de nuevas paternidades lo tomamos entre comillas”, expresó a ElDía el psicólogo Ignacio Rodríguez, quien es parte del Instituto de Nuevas Masculinidades y Cambio Social.

Si bien los casos nombrados más arriba no involucran a todas las formas de concebir la paternidad, ni mucho menos, sí son el resultado de una matriz social que históricamente cargó de responsabilidades, en el caso de cuidado de los hijos, a las madres y no a los padres.

En este sentido, Rodríguez hizo hincapié en la necesidad de romper con la paternidad tradicional. “Antes, al padre se le exigía la presencia o la provisión de lo material, de esa manera ejercía la paternidad, no hacía falta más nada. Pero si entendemos al padre sólo como proveedor o como garante de la materialidad, se pierden los espacios de ternura, de afecto, de cuidado”.

“Hoy se está discutiendo que la licencia por paternidad sea de 30 días. Hay que empezar a romper esto de la mujer en lo privado y el hombre en lo público. Y las leyes tienen que acompañar esos cambios"

“La paternidad presente puede ser un padre que compra regalos, que lleva el plato de comida, pero no necesariamente esa es una paternidad responsable. El componente afectivo es central en esto, y ahí incluyo también a los cuidados, desde las tareas domésticas, de crianza, de implicación de las cuestiones médicas, etcétera”, agregó el profesional.

Esta redefinición de roles, tan necesariamente puesta en el centro de la escena por los movimientos feministas, “tiene que ver con un cambio individual, social y político”.

“Hoy se está discutiendo que la licencia por paternidad sea de 30 días. Hay que empezar a romper esto de la mujer en lo privado y el hombre en lo público. Y las leyes tienen que acompañar esos cambios. Hoy la licencia es de dos días, por lo que, difícilmente haya un compromiso emocional de un padre que ni siquiera puede acompañar las primeras consultas al pediatra y a todas esas instancias por las que sí pasa la madre. Inscribirlo en el registro civil, hacerle un examen para saber si la bilirrubina está baja o alta, todo eso implican una construcción subjetiva del niño ante la presencia o no del papá y la mamá”, ahondó Rodríguez.

“La masculinidad hegemónica nos ha construido con esa restricción emocional del ‘no llores porque es de maricón’ o ‘porque pareces una nena’. Y si uno no puede auto reconocer sus propias emociones, difícilmente pueda trasmitirlas a sus vínculos, a sus hijos”, concluyó.

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