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Diabetes, una dolencia que concierne a la familia

Hoy se celebra el Día Mundial de la Diabetes y este año la campaña de sensibilización refiere que la familia resulta clave en la prevención, el diagnóstico y la ayuda al diabético.

“Protege a tu familia”, así reza el lema de 2019, al tiempo que se sugiere hacerse una selfie con el círculo azul, que es el símbolo de la diabetes y subirlo a las rede sociales con los hashtags #DiaMundialDeLaDiabetes #ProtegeTuCirculo.

El papel de la familia en la diabetes es fundamental para el buen control de la enfermedad y su superación desde el punto de vista psicológico. Y especialmente en el caso del niño diabético donde el mejor acompañamiento es el que se hace desde una actitud de cariño mezclada con seguridad, ese debe ser el papel de la familia en la diabetes, según los especialistas.

El diagnóstico de la dolencia supone una gran conmoción y crisis tanto para el niño como para sus padres y familiares. Desde el punto de vista psicosocial, la diabetes surge en el seno de la familia y no en una persona aislada.

La diabetes irrumpe en la vida de la familia y ésta se ve obligada a reorganizarse para adaptarse a esta nueva situación. Es ella en su conjunto la que tiene que sobrellevar una enfermedad que suele ser costosa.

En muchos países, el costo de la inyección de insulina y el monitoreo diario pueden consumir la mitad del ingreso disponible promedio de una familia, y el acceso regular y asequible a medicamentos esenciales para la diabetes está fuera del alcance de muchos.

Por lo tanto, es urgente mejorar el acceso a medicamentos y cuidados asequibles contra la diabetes para evitar mayores costos para el individuo y la familia, lo que tiene un impacto en los resultados de salud.

La diabetes se desencadena porque el páncreas no produce insulina o, si lo hace, ésta no actúa correctamente. Esa hormona sirve para que la glucosa de los alimentos ingrese a las células y podamos realizar nuestras actividades diarias.

Se está frente a una enfermedad, por tanto, que afecta el modo en que el organismo utiliza la glucosa, que actúa como combustible para el cuerpo.

Existen dos variantes de diabetes. En la Tipo 1 el páncreas no produce insulina, y entonces hay que proveerla desde fuera en forma constante. Esos pacientes son los “insulino-dependientes”.

La Tipo 2 es diferente. Aquí el páncreas produce insulina, pero ésta no funciona como debería en el cuerpo. Y esta modalidad está asociada a la obesidad y al sedentarismo.

En el caso de los niños insulino-dependientes, la aparición de la enfermedad cambia la vida de las familias. Así, los padres deben enfrentar la dolencia de alguno de sus hijos.

Por lo pronto ellos no son testigos indiferentes de lo que les ocurre, sino que responden al diagnóstico de su hijo con emociones concretas, dando un sentido específico a la enfermedad, al tiempo que los padres, ellos también, pueden verse traumatizados por toda esta experiencia.

En general éstos últimos no están avisados de que uno de sus hijos puede desarrollar una enfermedad importante, y cuando esto llega, hay toda una serie de respuestas afectivas y de patrones de comunicación que pueden ponerse en juego en los padres y afectar al niño.

Se ha demostrado que el apoyo familiar en el cuidado de la diabetes tiene un efecto sustancial en la mejora de los resultados de salud para las personas afectadas.

Por lo tanto, es importante que todas las personas con diabetes y sus familias tengan acceso a la educación y el apoyo continuo en materia de autocontrol de esta dolencia.

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